Apenas 48 horas después de que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) despidiera a 61 trabajadores (entre ellos, quince vinculados al proyecto de pequeños reactores modulares CAREM), el gobierno de Javier Milei anunció una inversión privada de 1.200 millones de dólares para construir el primer reactor modular pequeño (SMR) en el predio de Atucha. Presentado por el ministro de Economía, Luis Caputo, y sin cuadros técnicos presentes, el proyecto será impulsado por la empresa Meitner Energy, que utilizará tecnología desarrollada por el Estado argentino con financiamiento de capitales estadounidenses. La coincidencia no pasó inadvertida en el sector nuclear, según exfuncionarios y trabajadores consultados por Perfil, que desde hace meses vienen denunciando las consecuencias de la reducción presupuestaria dispuesta por el gobierno libertario, la privatización de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) y la parálisis del CAREM, el reactor modular insignia de la CNEA, el organismo creado en 1950 para investigar y desarrollar los usos pacíficos de la energía nuclear. Setenta y seis años después, mientras el Estado consolida la paralización del único reactor de potencia de diseño propio desarrollado durante décadas, la Casa Rosada dio luz verde al llamado Plan Nuclear Argentino (conocido como Plan Reidel), que abrió la puerta a un esquema basado en inversión privada, beneficios fiscales extraordinarios (a través del Súper RIGI) y una demanda energética impulsada por la inteligencia artificial, con el alineamiento geopolítico con Estados Unidos como telón de fondo.