OpiniónEl verdadero reto del nuevo gobierno será demostrar con hechos, que el conocimiento no es un lujo reservado para los tiempos de bonanzaMujeres en la ciencia Foto: Cortesía.06.07.2026 10:18 Actualizado: 06.07.2026 10:18
Como ocurre cada cuatro años, a partir ahora la conversación pública girará casi por completo en torno a la economía, la seguridad, la salud y la infraestructura. Son sin duda temas legítimos y urgentes para el gobierno entrante, pero entre ellos generalmente se pierde uno que aparece tímidamente en los discursos de campaña y que se desvanece apenas comienzan a gobernar, el relacionado con la ciencia, la tecnología y la innovación. El verdadero reto del nuevo gobierno será demostrar con hechos y no con retórica, que el conocimiento no es un lujo reservado para los tiempos de bonanza, y que en realidad representa una de las herramienta más poderosas para construir el país que queremos habitar dentro de algunas décadas.Conviene recordar que esta discusión no empieza de cero. En 2019 el país tuvo la lucidez de convocar la llamada Misión Internacional de Sabios, un grupo de 47 expertos nacionales y extranjeros a quienes se les encomendó trazar una hoja de ruta para transformar a Colombia en una sociedad basada en el conocimiento. El resultado fue un conjunto ambicioso de recomendaciones que proponía convertir la educación, la ciencia y la innovación en auténticos motores del desarrollo, articulando campos tan diversos como la biodiversidad, la bioeconomía, las energías sostenibles, las industrias creativas, las ciencias básicas y del espacio, y las tecnologías convergentes. Aquella misión nos entregó una visión de país pensada para varias generaciones.Han transcurrido siete años desde entonces y algunos avances se pueden mencionar. Por ejemplo, la consolidación del Ministerio de Ciencia, que le dio al sector una visibilidad institucional que antes no tenía, sumado al número de grupos de investigación, de investigadores reconocidos y de publicaciones científicas, que no ha dejado de crecer. Sin embargo, las cifras revelan que la gran deuda pendiente sigue siendo la misma de siempre, la inversión. Mientras las economías más innovadoras del mundo destinan entre el 2% y el 5% de su producto interno bruto a investigación y desarrollo, Colombia permanece rezagada con un gasto que, según los datos reportados al Banco Mundial y a la UNESCO, ronda apenas el 0,3% del PIB, varias veces por debajo del promedio de los países de la OCDE, y bajando.Esa brecha resulta especialmente inquietante en un momento en que el conocimiento se ha convertido en el principal factor de competitividad global. Las grandes transformaciones que hoy reordenan la economía mundial, como la inteligencia artificial, la computación avanzada, la biotecnología, la transición energética, la observación de la Tierra desde el espacio o las tecnologías cuánticas, están definiendo quiénes liderarán el siglo XXI, pero no a partir de discursos elocuentes o eventos imponentes, sino con acciones reales. Y lo paradójico es que Colombia cuenta con ventajas extraordinarias para no quedarse afuera de esa carrera, siendo uno de los países más biodiversos del planeta dispone de inmensos recursos renovables, ocupa una posición geográfica privilegiada y tiene una población joven cada vez más familiarizada con la tecnología. No obstante, convertir esas ventajas en bienestar real exige apoyo decisivo a la investigación, oportunidades para la formación de talento al más alto nivel y una alianza genuina entre universidades, empresas y Estado, y este es uno de los dolores de cabeza que aun no encuentra alivio.De ahí que el nuevo gobierno enfrente varios desafíos ineludibles, entre los que se destaca el aumentar de forma sostenida la inversión en ciencia para que deje de depender de los vaivenes políticos, sumado a abrir oportunidades para que miles de jóvenes investigadores construyan su carrera dentro del país en lugar de buscarla afuera y de que la diáspora pueda regresar para aportar a la construcción de país, impulsar una economía donde el conocimiento generado en los laboratorios llegue efectivamente a la industria y a la gente, y pasar de firmar acuerdos a hacerlos efectivos con proyectos que involucren grupos de investigación y científicos.La experiencia internacional nos ha enseñado que los frutos de la política científica no se cosechan en meses ni en años, sino a lo largo de décadas. Corea del Sur, Finlandia o Singapur no se convirtieron en potencias tecnológicas gracias a un gobierno afortunado, sino mediante políticas de Estado que sobrevivieron a los cambios de administración. Esa es, tal vez, la lección más valiosa que nos dejó la Misión de 2019, que por encima de cualquier color político, Colombia necesita una estrategia de largo plazo capaz de perdurar. Porque los países que apuestan por el conocimiento producen más ciencia, pero por encima de eso también generan más riqueza, más bienestar y más oportunidades.El nuevo presidente hereda una larga lista de problemas urgentes, pero entre todos ellos late silencioso el definir si Colombia seguirá exportando materias primas o si se atreverá a producir y exportar más conocimiento. Esa decisión, aunque rara vez ocupe los titulares, podría ser la más importante para el futuro del país.SANTIAGO VARGAS*Ph. D. en AstrofísicaObservatorio Astronómico de la Universidad Nacional Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







