A diferencia de otros Mundiales, ahora la Federación Mexicana de Fútbol tiene un plan con jugadores promisorios y Rafa Márquez como entrenador

Duele. Claro que duele. La selección mexicana elevó sus expectativas hasta Marte porque sus futbolistas habían demostrado que podían estar a la altura de las exigencias de volver a ser anfitriones de un Mundial, de lograr algo nunca antes visto. Lograron un pleno de cuatro victorias consecutivas sin recibir gol, con un estilo definido. Le pelearon a Inglaterra, plagada de estrellas, y no dejaron de luchar. Esa insistencia hasta el último marca la diferencia con el resto de Copas del Mundo después de 1986.

La Federación Mexicana de Fútbol decidió en 2024 que tras Javier Aguirre el entrenador indicado era Rafael Márquez. El Vasco adoptó al Káiser de Zamora en su cuerpo técnico como un auxiliar más, era su becario, uno con clases magistrales en el arte de la defensa. El tándem funcionó bastante bien para darle solidez al equipo mexicano. El plan Márquez en defensa había resultado con el cero en la portería durante cuatro partidos. Pero contra la potencia de Inglaterra el equipo mexicano encajó goles en dos contragolpes, en dos “goles evitables”, según valoró Aguirre. El tercero de los ingleses fue por una muy mala salida del guardameta Raúl Tala Rangel, que terminó en un penalti cobrado por el goleador Harry Kane.