El fracaso es un tema central en la cultura de Estados Unidos, que en su 250 cumpleaños se enfrenta más que nunca al peligro del final de su democracia
American Pie, de Don McLean, fue la canción más larga que alcanzó al número 1 en Estados Unidos. La enigmática letra de este tema de ocho minutos, que no ha dejado de sonar en todo el mundo desde la década de los años setenta, arranca con la muerte en un accidente de avioneta en 1959 de los tres músicos más famosos de EE UU, Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper. Encarnaban, en cierta medida, la inocencia de un país que todavía no se había enfangado en la guerra de Vietnam ni vivía el estallido del movimiento de los derechos civiles contra la segregación racial, un país lleno de electrodomésticos y riqueza frente a la pobreza de la posguerra europea.
El objetivo de McLean era “escribir una canción sobre el final del sueño americano” que habla en sus interminables y evocadoras estrofas de una “generación perdida en el espacio / sin tiempo para empezar de nuevo”. Con los versos en los que describe a una pareja enamorada que baila en un gimnasio —que recuerdan tanto a la escena del pajar de Único testigo mientras suena otro clásico, What a Wonderful World, de Sam Cooke—, el cantautor refleja una imagen idílica de EE UU, pero que está a punto de caer por un barranco, uno de los temas centrales de la literatura y el cine estadounidense.











