La “niebla mental” es uno de los síntomas cognitivos más frecuentes durante la transición menopáusica (Freepik)Para muchas mujeres, los cambios propios de la menopausia no empiezan con un síntoma físico o la irregularidad en el período, sino con la sensación de estar más dispersas, perder el hilo de una conversación, tardar más en encontrar una palabra o no poder sostener tareas que solían ser cotidianas.Y si bien muchas mujeres se preocupan al confundir lo que les ocurre con ansiedad, depresión o incluso con el inicio de una demencia, los especialistas coinciden en que los cambios hormonales también aumentan la sensibilidad a la respuesta al estrés, un factor que puede agravar los síntomas.PUBLICIDADLa licenciada en Psicología Carolina Zeballos (MP 1785), miembro del Departamento de Neuropsicología de INECO, explicó a Infobae que “la niebla mental es uno de los síntomas cognitivos más frecuentes durante la transición menopáusica” y que entre el 40 y el 60% de las mujeres “refieren dificultades para encontrar palabras, mantener la atención, recordar información reciente o realizar varias tareas al mismo tiempo”. La doctora Gladys Fernández, médica ginecóloga y jefa de la Sección Endocrinología Ginecológica y Climaterio (División Ginecología) del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 76261), definió en una nota previa en Infobae que la niebla mental refiere a un conjunto de síntomas cognitivos que muchas mujeres experimentan durante la transición a la menopausia.PUBLICIDADEn esa misma nota, la doctora Yasmin Mehanna, médica tocoginecóloga de la División Ginecología del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 171308), señaló que la transición a la menopausia “es un período fisiológico de la vida de la mujer que comienza con las irregularidades menstruales (transición temprana) y continúa con los salteos menstruales (transición tardía) hasta llegar a la última menstruación de la vida de la mujer o menopausia”.Entre el 40 y el 60% de las mujeres refieren dificultades para encontrar palabras, mantener la atención o recordar información reciente durante esta etapa, de acuerdo con Zeballos (Imagen Ilustrativa Infobae)Los olvidos cotidianos y la dificultad para sostener la concentración no se explican solo por “estar más grande”. Mehanna sostuvo que diversos estudios científicos demostraron que "estas alteraciones cognitivas no se explican únicamente por el envejecimiento, sino que estarían relacionadas con las fluctuaciones hormonales y, especialmente, con la disminución de los niveles de estrógenos producida durante la transición tardía a la menopausia y los primeros años posteriores a la última menstruación”.PUBLICIDADZeballos planteó un punto clave: en la mayoría de los casos, el síntoma se vive como un cambio subjetivo y leve. “La mujer nota que le cuesta más, pero sigue siendo capaz de desempeñarse en su trabajo, administrar su hogar y mantener su autonomía”, señaló.Fernández precisó cómo se manifiesta: “Alteraciones leves de la memoria y de la atención, incluyendo dificultad para recordar palabras, nombres, historias o números, mantener un hilo de pensamiento, concentrarse, o recordar qué se estaba buscando o haciendo”. Y añadió un dato temporal: “Estos síntomas suelen comenzar durante la transición a la menopausia, especialmente en la etapa tardía, cuando los ciclos menstruales empiezan a espaciarse o saltearse. En la mayoría de los casos, mejoran o desaparecen en la postmenopausia”.PUBLICIDADLa médica endocrinóloga Laura Maffei (MN 62.441) subrayó a este medio que la menopausia “conlleva cambios hormonales” y que se produce una disminución en los niveles de hormonas. También advirtió sobre el peso cultural del tema: “Sigue siendo un tema tabú, asociado erróneamente con el envejecimiento y la pérdida de vitalidad”.Menopausia, ansiedad, depresión o deterioro cognitivo: cómo diferenciar y cuándo consultarLas alteraciones cognitivas vinculadas a la menopausia suelen ser leves y transitorias, y tienden a mejorar en la postmenopausia (Imagen Ilustrativa Infobae)El punto de corte no es solo “qué tan molesto” es el síntoma, sino su impacto real. Zeballos lo resumió así: “Cuando los problemas cognitivos se acompañan de un deterioro progresivo, afectan la funcionalidad cotidiana o son observados claramente por otras personas, es importante realizar una evaluación médica y neuropsicológica”.PUBLICIDADLa neuropsicóloga también pidió mirar el contexto completo antes de sacar conclusiones: “La evaluación siempre debe contemplar el estado emocional, el sueño, los síntomas físicos propios de la menopausia y otros factores antes de atribuir las dificultades exclusivamente a la menopausia”.En esa línea, explicó por qué ansiedad y depresión pueden confundirse con un problema de memoria: “Dormir mal, vivir con altos niveles de estrés o atravesar un episodio depresivo afecta la atención y la memoria de trabajo. Muchas veces el problema no es que la memoria esté ‘dañada’, sino que el cerebro tiene menos recursos disponibles para codificar la información”.PUBLICIDADEn la misma línea, Fernández y Mehanna remarcaron que la gran mayoría de las mujeres que presentan niebla mental durante la transición menopáusica ”no desarrollará enfermedad de Alzheimer ni otro tipo de demencia”. También trazaron una diferencia clínica: “Las alteraciones cognitivas asociadas a la menopausia suelen ser leves, transitorias y tienden a mejorar en la postmenopausia, aproximadamente dos años después de la última menstruación, momento en el cual los niveles hormonales alcanzan cierta estabilidad. En cambio, las demencias suelen presentar un deterioro progresivo que interfiere con la autonomía y las actividades de la vida diaria”.Externalizar la memoria con agendas, listas y recordatorios es una estrategia para trabajar de manera más eficiente, explicó Zeballos (Imagen Ilustrativa Infobae)Zeballos propuso evitar la lógica de “forzar” la memoria y, en cambio, apuntar a eficiencia: “Desde la neuropsicología recomendamos no intentar ‘forzar’ la memoria, sino ayudar al cerebro a trabajar de manera más eficiente”.PUBLICIDADEntre las herramientas concretas, destacó reducir la multitarea: “Aunque muchas mujeres sienten que siempre pudieron hacer varias cosas a la vez, durante esta etapa el cerebro suele responder mejor cuando se concentra en una tarea por vez”.También sugirió externalizar la memoria: “Utilizar agendas, calendarios digitales, listas visibles y recordatorios no significa que la memoria esté fallando, sino que se está optimizando el funcionamiento cognitivo”.PUBLICIDADOtras estrategias que recomendó incluyen “asociar la información nueva con algo conocido”, “repetir activamente la información” y “disminuir las interrupciones”. El trasfondo, dijo, es que muchas veces el problema “no es que la memoria haya empeorado, sino que la atención está más sobrecargada”.La irritabilidad y los cambios en el estado de ánimo pueden ser esperables, pero requieren consulta si persisten y afectan la vida diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)La frustración por “no rendir como antes” es un tema frecuente en el consultorio. Zeballos lo vinculó con un proceso de adaptación: “Durante esta etapa el cerebro está atravesando una reorganización neurobiológica influenciada por la disminución de estrógenos”. Y aclaró: “No significa que el cerebro funcione peor, sino que necesita otras estrategias”.Por eso, propuso un cambio de pregunta: “Parte del trabajo consiste en reemplazar la idea de ‘antes podía hacer todo’ por una pregunta diferente: ‘¿Qué necesita hoy mi cerebro para funcionar bien?’”.En cuanto al mal humor y la ansiedad, Zeballos consideró “esperable” que durante la transición menopáusica existan cambios en el estado de ánimo, mayor sensibilidad emocional o irritabilidad. Pero marcó un criterio de consulta: “Lo que marca la diferencia no es solamente la intensidad del síntoma, sino el impacto que tiene sobre la vida cotidiana”.En ese sentido, detalló señales de alerta. “Conviene consultar cuando: el malestar persiste durante varias semanas; interfiere con el trabajo, la pareja o las relaciones sociales; aparecen crisis de ansiedad frecuentes; existe pérdida de interés por actividades antes placenteras; hay insomnio persistente; predominan sentimientos de desesperanza o culpa”. Y agregó: “La menopausia puede aumentar la vulnerabilidad emocional, pero eso no significa que haya que naturalizar un sufrimiento importante”.Maffei, por su parte, se enfocó en el impacto del estrés: “La disminución de las hormonas sexuales también afecta nuestra respuesta al estrés, haciéndola más sensible”. Y advirtió: “El estrés crónico puede adelantar la menopausia o agravar los síntomas, como cambios de ánimo, insomnio y tendencia a la depresión”. Aun así, enfatizó: “Podemos mejorar estos síntomas con diferentes tratamientos disponibles”.La disminución hormonal puede volver más sensible la respuesta al estrés, y el estrés crónico puede agravar síntomas como insomnio y tendencia a la depresión, sostuvo la endocrinóloga Laura Maffei (Imagen Ilustrativa Infobae)Zeballos fue directa respecto del objetivo: “La evidencia muestra que la terapia hormonal no debe indicarse con el objetivo principal de mejorar la memoria o prevenir la demencia”. Y sumó: “Los grandes estudios clínicos no demostraron un beneficio consistente sobre el rendimiento cognitivo en mujeres sanas”.De todos modos, describió un escenario que muchas pacientes relatan: “Algunas mujeres experimentan una mejoría indirecta de la concentración y la memoria porque disminuyen los sofocos, mejora el sueño y disminuye la fatiga”. Y agregó: “La mejoría cognitiva suele ser consecuencia de sentirse mejor, más que de un efecto directo de las hormonas sobre la memoria”.Zeballos citó evidencia concreta. Mencionó el Women’s Health Initiative Memory Study (WHIMS), un gran ensayo clínico en mujeres de 65 años o más, que determinó que “la terapia hormonal iniciada a esa edad no mejora la memoria ni otras funciones cognitivas y, en algunos casos, se asocia con un mayor riesgo de demencia”. Además, señaló un metaanálisis publicado en 2024 que concluyó que la terapia hormonal “no genera una mejoría global y sostenida en el rendimiento cognitivo, aunque podrían observarse ciertos beneficios en algunos subgrupos”.Actividad física, sueño, alimentación saludable y control de factores de riesgo cardiovascular forman parte de las intervenciones con mayor respaldo para proteger la salud cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)Zeballos enumeró las intervenciones con mayor respaldo: Actividad física regular, especialmente combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerzaDormir bienAlimentación saludable, con un patrón similar a la dieta mediterráneaControl de factores de riesgo cardiovascularMantener una vida social activaEstimulación cognitivaManejo del estrésY concluyó: “En conjunto, estas intervenciones tienen más evidencia para proteger la salud cerebral que cualquier suplemento comercial”.En la misma línea, las especialistas del Hospital de Clínicas recomendaron “mantener una presión arterial adecuada, controlar los niveles de glucemia y el perfil lipídico, y prevenir enfermedades metabólicas”. Y reforzaron una idea de base: “La salud del corazón es la salud del cerebro”.Maffei sintetizó su mirada sobre el abordaje integral: “La mejor manera de abordar este período es con la orientación de especialistas”. Y agregó: “Como especialista, creo que la educación es clave para enfrentar estos cambios hormonales naturales”.Zeballos propuso un encuadre para bajar la ansiedad: “Cada vez más investigadores utilizan esa metáfora de la ’segunda pubertad del cerebro’ porque ayuda a comprender que el cerebro femenino atraviesa una nueva transición biológica”. Y dejó un mensaje para sus pacientes: “No esperes que tu cerebro funcione exactamente igual que a los 35 años. Descubrí cómo funciona hoy y aprendé a darle las herramientas que necesita”.