Cuando uno repasa conceptos tácticos en el ciclo reciente de Scaloni al frente de la Selección Argentina de fútbol, hay uno que destaca por lo repetitivo: equilibrio. Como balancear el enorme poderío en ataque del equipo, sin quedar descompensados atrás.
“Buscamos el equilibrio, somos un equipo que lo necesita ¿A quién no le gustaría que jueguen todos en ataque? Duele que Lautaro y Julián no jueguen juntos, ellos lo entienden perfectamente, pero tenemos que priorizar cierta estructura”.
Traigo a colación el punto por lo gráfico que resulta a la hora de pensar los desafíos que tenemos en materia de configuración macroeconómica, dada la recurrencia, magnitud y duración de los desequilibrios que hemos sufrido a lo largo de las últimas décadas, y que reflejan en última instancia las dificultades existentes para combinar políticas de crecimiento con la distribución de excedentes, en el marco de fuertes - a veces violentas - tensiones de economía política.
Dos caras de una misma moneda. La macroeconomía opera sobre tres conjuntos de variables claves, que sintetizan la dinámica del sector externo, las cuentas fiscales y el balance inversión – ahorro. Y en base a lo que se espera de cada una de ellas, empresas, sindicatos e individuos toman decisiones económicas de todo tipo y tamaño, asumiendo mayores o menores riesgos en función de las señales e incentivos que reciben del sistema de precios, las decisiones de política económica o la existencia de shocks que golpeen a la economía desde fuera.











