EntrevistaJuan Carlos Ramírez, presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, hace un balance de la situación fiscal que recibirá el nuevo gobierno.Juan Carlos Ramírez se ha desempeñado como director de la oficina en Colombia de la Cepal, director del DNP, embajador en Jamaica de la Cancillería y fue secretario general del ISS. Foto: Mauricio Moreno. Archivo EL TIEMPO04.07.2026 23:04 Actualizado: 04.07.2026 23:04
El gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella tendrá que llegar el 7 de agosto a apagar incendios en varios sectores, como la seguridad, la salud y la posibilidad de un racionamiento de energía. Pero la crisis que se está llevando toda la atención en los primeros días del empalme entre el gobierno saliente y el entrante es el inmenso descuadre de las finanzas públicas y las medidas que serán necesarias para estabilizarlas.La razón es simple. La solución de las crisis de seguridad, salud y energía, y otras apremiantes, necesita recursos públicos, y el gobierno Petro está dejando la olla raspada como nunca antes. ¿De qué magnitud es el hueco fiscal? ¿Qué alternativas tiene el nuevo gobierno para estabilizar las finanzas públicas? ¿Qué implica eso para los colombianos de a pie? Las respuestas las tiene un experto en estos temas: Juan Carlos Ramírez, presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, un organismo técnico e independiente, quien hace un crudo balance de la situación fiscal que recibirá el nuevo gobierno.Arranquemos por lo básico: ¿cuándo el déficit fiscal y la deuda pública son sostenibles y cuándo no?El problema no es tener desequilibrio fiscal o deuda, sino mantener un déficit tan alto y un crecimiento tan bajo que no hay ingresos suficientes para pagar esas deudas. Cuando uno se endeuda, espera que esos recursos le permitan tener un crecimiento hacia el futuro. Si el crecimiento no es suficiente para pagar la deuda e invertir en seguir creciendo, la situación se vuelve insostenible.El gobierno de Gustavo Petro acaba de publicar el Marco Fiscal de Mediano Plazo, un documento que precisa cuál es la situación fiscal y sus perspectivas. ¿Cómo evalúan ustedes ese análisis?El gobierno saliente acepta que se necesita un ajuste. Lo que pasa es que el documento propone una reducción del gasto en términos numéricos, pero no precisa los detalles de cómo lograrlo. Eso hace que el análisis del Gobierno sea excesivamente optimista sobre las proyecciones de la deuda, que pensamos que, por la inflexibilidad del gasto, no se va a cumplir. El documento también es demasiado optimista sobre los ingresos futuros del Gobierno. Plantea la necesidad de una reforma tributaria, pero no especifica cómo se podría hacer. LEA TAMBIÉN ¿Eso se da en un momento en que ustedes perciben que las finanzas públicas colombianas son sostenibles o insostenibles?En este momento son insostenibles, porque el déficit fiscal es creciente, lo que hace que la deuda pública sea creciente. En 2012 se estableció en Colombia la Regla Fiscal, un mecanismo técnico que permite hacer seguimiento a las finanzas públicas. En ese momento se planteó que la deuda debería estar en un rango entre el 55 por ciento y el 71 por ciento del Producto Interno Bruto para ser sostenible. Por encima de ese nivel, los pagos de la deuda y sus intereses se comen una porción creciente del producto del país y las obligaciones terminan volviéndose impagables. En la medida en que esa deuda creciente se acerca cada vez más al 71 por ciento, nos encaminamos hacia una situación insostenible. Lo que propone el comité es estabilizar ese nivel de deuda, no permitir que llegue al 71 por ciento y ojalá, que se reduzca hasta el 55 por ciento.El problema no es tener desequilibrio fiscal o deuda, sino mantener un déficit tan alto y un crecimiento tan bajo que no hay ingresos suficientes para pagar esas deudasJuan Carlos RamírezPresidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal¿De acuerdo con las cuentas que hacen ustedes, cómo terminaremos el 2026?La deuda pública alcanzará este año el 61 por ciento del PIB, que es el máximo que hemos tenido en la historia económica de Colombia. Si no se hacen las correcciones inmediatas, al cabo de dos o tres años ya estaríamos por arriba del nivel crítico del 71 por ciento.Ustedes subrayan que las crisis fiscales no se detectan en tiempo real, sino cuando ya puede ser demasiado tarde…Siempre se piensa que se pueden hacer los ajustes necesarios, pero a veces puede ser demasiado tarde. Cuando un gobierno no es capaz de ajustar sus finanzas, se las ajustan los acreedores elevando las tasas de interés o dejando de prestarle, y ahí sí que el ajuste es desastroso: cae el financiamiento, suben los intereses, y se desploma el crecimiento.Durante la pandemia se expandió el gasto público en la mayor parte de los países del mundo. ¿Los problemas actuales son heredados de la pandemia o generados por este gobierno?Es una combinación de todo. Los niveles de deuda aumentaron durante la pandemia. Países comparables como México, Brasil, Chile y Perú hicieron luego un ajuste en su ruta de ingresos y gastos, pero Colombia es el único que no lo ha hecho. En 2023 hubo un ajuste parcial, pero en 2024 nuevamente se expandió el gasto de una forma acelerada. Los ingresos del Gobierno, medidos como proporción del Producto Interno Bruto, han permanecido bastante estables, mientras que los gastos se han incrementado en un 3 por ciento del PIB. No ha habido una senda equilibrada entre ingresos y gastos. El gasto se ha incrementado del 17 al 20 por ciento del PIB, mientras que los ingresos han permanecido estables alrededor del 16.Ahora estamos en esa situación en la que, si el Gobierno no hace el ajuste, lo hace el mercado. ¿Qué puede pasar en la práctica?Quiere decir que, si Colombia no hace un ajuste, las tasas de interés que nos cobran por los créditos podrían aumentar. Se podría dificultar conseguir créditos por bonos nacionales e internacionales. Eso llevaría a una falta de ingresos y dificultad para pagar las deudas e incluso los gastos ordinarios del Gobierno. Ese sería un ajuste de parte de los agentes del mercado, ante el cual el Gobierno se tiene que anticipar.Volvamos a la posición del gobierno saliente: reconoce la necesidad de hacer un ajuste, pero no dice cómo ni de dónde…Esa es la situación que pinta el documento del Marco Fiscal de Mediano Plazo. No da soluciones concretas. El Gobierno ha hecho muy pocos esfuerzos por ajustar esos gastos y no ha tenido el respaldo político para aumentar los ingresos. Es cierto que el Gobierno incluso se comprometió públicamente a hacer un ajuste de alrededor de dos puntos del PIB en el gasto en 2026, pero no lo ha hecho realidad. El decreto de aplazamiento o de recorte de los gastos para este año, prometido por el mismo gobierno, no se ha realizado. De modo que al gobierno que entra le tocará hacer un gran ajuste. LEA TAMBIÉN ¿De qué magnitud debería ser el ajuste para llevar la deuda a un nivel sostenible?El ajuste debe ser entre 3 y 5 por ciento del PIB, que equivale más o menos a una suma entre 60 y 100 billones de pesos. Esa magnitud varía en términos de la prontitud con la que se haga ese ajuste y en los beneficios que uno pueda obtener del mercado financiero. Es importante que en el corto plazo, uno o dos años, se produzca un balance primario neutro; es decir, que los ingresos y los gastos sean similares, sin el pago de los intereses. Es clave que no nos sigamos endeudando para pagar intereses, para pagar deuda. Eso significa un ajuste de corto plazo de por lo menos tres puntos del PIB, que mal contados son 55 o 60 billones de pesos. Y en el transcurso de tres o cuatro años, se necesita obtener un balance primario positivo; es decir, que nuestros gastos sean menores que nuestros ingresos, de modo que se pueda pagar con esa diferencia parte de los créditos y la deuda empiece a caer.¿Entonces en 2027 se esperaría un ajuste de 60 billones de pesos, y dos o tres años después otro ajuste de otros 40 billones de pesos?Más o menos. De pronto no es tan factible que en 2027 se logre todo eso, pero sí que la trayectoria se pueda cumplir en tres o cuatro años: alrededor de 80 billones de pesos en cuatro años.La reforma tributaria que se hundió en el Congreso el año pasado ascendía más o menos a 16 o 20 billones de pesos. ¿Estamos hablando de cuatro veces ese hueco?Así es. Hay que decir que el mecanismo para llenarlo no es solamente aumentar los ingresos tributarios, que pueden venir por reforma tributaria, también por gestión de la Dian y por otros ingresos, por ejemplo, en reactivación de hidrocarburos y recursos naturales. También se debe gestionar una reducción en los gastos y, además, un plan financiero creíble que haga que el monto de la deuda y de los intereses pueda reducirse. Y adicionalmente se necesitan políticas de crecimiento económico. Si no tenemos un crecimiento superior al que hoy tenemos, la posibilidad de incrementar los ingresos vía actividad económica es muy reducida.Algunos de los que serán funcionarios del nuevo gobierno han sido reacios a reconocer la necesidad de una nueva reforma tributaria. ¿Le suena razonable que este desafío fiscal se encare sin una nueva reforma tributaria?Es difícil pensar en una situación donde solamente vía ingresos se logren los objetivos, pero creemos que por ahí se debe empezar para generar confianza. Además, nos preocupa que las presiones sobre el gasto van a ser incrementales en los próximos años, por los compromisos en pensiones, salud, Sistema General de Participaciones, reforma laboral, política salarial y deudas alrededor del sistema eléctrico nacional. No bastaría con decir “no gasto más”: hay un riesgo alto de que tengamos que gastar más.Algunas personas del empalme hablan de los grandes montos que podrían provenir de controlar la evasión y las exenciones. ¿Cómo evalúan esos dos rubros?No tenemos una evaluación precisa sobre esos temas, pero sabemos que los esfuerzos que se han hecho en los últimos diez años no han surtido los resultados deseados. Hay un proyecto de mejoramiento en toda la gestión de la Dian, pero todavía no vemos sus efectos. Hay que confiar en que eso se pueda mejorar, pero no es allí donde está la gran solución, por lo menos en el corto plazo. En las exenciones hay posibilidad de racionalizar, pero estos han sido instrumentos a través de los cuales los gobiernos han hecho un esfuerzo en favorecer políticas de desarrollo productivo. Como no hay suficientes recursos para hacerlo vía gasto público, se hace vía crédito tributario, disminuyendo las cargas fiscales para algunos sectores. Atacar esas exenciones traería una inmensa oleada de lobby en el Congreso de los sectores afectados. LEA TAMBIÉN Miremos adelante. ¿Cuál es el siguiente hito que van a analizar ustedes para hacer una evaluación de cómo arranca el próximo gobierno en materia fiscal?El siguiente paso es el Presupuesto General de la Nación que deja presentado el actual gobierno y que le toca gestionar en el Congreso al gobierno entrante. Ese es el primer punto difícil que enfrentará la nueva administración, así como el ajuste de las ejecuciones presupuestales que queden para lo que resta del año. Y, segundo, han anunciado la gestión de una negociación de créditos con la banca multilateral y con el Fondo Monetario Internacional. En caso de avanzar, estaríamos expectantes acerca de los montos y las condicionalidades que impongan esos organismos multilaterales.Muchos colombianos piensan que esta discusión fiscal no tiene nada que ver con su vida. ¿Esta crisis sí afecta a las personas y qué les sucede si las finanzas se vuelven insostenibles?La deuda pública es una deuda de todos los colombianos. Esa es la primera forma como afecta, aunque uno no la ve, no la siente en su cotidianidad. En realidad, es una restricción que enfrentamos el conjunto de los ciudadanos, tanto los de mayores recursos como las personas más vulnerables. Las restricciones de una crisis fiscal se sentirían en términos de cobro de más impuestos o reducción de los beneficios y de la calidad de la administración pública. Los proyectos sociales, los proyectos medioambientales, los proyectos de infraestructura se verían truncados, se verían reducidos si no se logra realmente un equilibrio fiscal de forma rápida.MAURICIO REINAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









