No puede nuestro íngrimo José K. con la caló. Se asfixia en el chiribitil, que si abre el ventanuco, malo, y si lo cierra, peor. Lleva ahorrando tres meses para comprarse un ventilador, que si un yogur menos, que si más patata y menos huevo. Será por este abrasador fenómeno meteorológico que la sesera le bulle y hasta se cree un importante pensador. Y se dice: ¿por qué un servidor no va a citar a Hanna Arendt si lo hacen hasta los delincuentes-periodistas-chafarderos en esos panfletillos que se autodenominan pomposamente diarios, sean o no digitales? Se tira a la calle nuestro hombre, tocado con el jipi japa del chino, y se dirige, lento el caminar y buscando sombras, a su encuentro cotidiano con sus amigotes.
José K. Hoy también vengo doctoral. Frunzan el ceño que vamos aguerridos.






