La selección colombiana no llegó como favorita para ganar este Mundial, pero su juego ha hecho que las miradas empiecen a posarse sobre ella. El técnico de España, Luis de la Fuente, lo reconoció esta semana: “Colombia, si no la he metido en la relación de candidatas, la meto ahora”. No fue el único: Lionel Scaloni, director de la vigente campeona Argentina, también incluyó a los colombianos entre el ramillete de quienes van a pelear el título.La victoria en dieciseisavos frente a Ghana este viernes, 1-0 con gol de John Arias apenas iniciado el partido, sumado a lo que ya había hecho el equipo en la ronda de grupos, explica la visibilidad que ha recuperado una selección que ha sido usualmente una de las animadoras de las competiciones continentales y que regresó al Mundial tras una dolida ausencia en Qatar 2022. Que el gol de la clasificación llegara tan temprano, sin sobresaltos, dice tanto del resultado como del temple con que Colombia ha jugado este torneo: sin agonías, sin nervios visibles, con la calma de quien sabe lo que está haciendo.Conocida especialmente por la genialidad de James Rodríguez —intermitente en lo que va del torneo— y la picardía de Luis Díaz, Colombia ha ido sumando nuevos nombres a lo largo de la competencia. El propio John Arias, volante que ha ganado protagonismo partido a partido y autor del gol que sentenció el cruce ante Ghana. Luis Suárez y John Córdoba, los centrodelanteros, que han dado más peso al ataque. Y sobre todo el sorprendente Gustavo Puerta, quien a sus 22 años fue pieza clave para que el Racing de Santander ascendiera este año a Primera División de España, y que repite ese salto de nivel en la vitrina más grande del fútbol mundial.Ese conjunto de nombres ha construido un juego colectivo que, más que por gran capacidad goleadora, se distingue por su solidez defensiva: Colombia solo ha recibido un gol en lo que va del torneo, por una falla de su arquero, Camilo Vargas, ante Uzbekistán, partido que de todos modos terminó 3-1 a favor de los colombianos. Ni siquiera el Portugal de Cristiano Ronaldo, que también avanzó a octavos tras un choque tenso con Croacia (2-1), pudo vulnerar la valla colombiana. Sus centrales, Davinson Sánchez y Jhon Lucumí, son prueba de una fortaleza que será puesta a prueba este martes ante Suiza, a las 15.00 hora colombiana, pero que ya ha ilusionado al país.La calle lo confirmó a su manera. Tras el pitazo final ante Ghana, en Bogotá sonaron pitos y bocinas dispersos, pero no las multitudes con harina y las grandes concentraciones que suelen acompañar las victorias históricas de la selección. Es, quizás, la mejor metáfora de este equipo: una alegría contenida, expectante, que no se permite el desborde.Para Colombia, estar en octavos es un buen resultado, pero no uno que amerite grandes celebraciones. El país ya llegó hasta ahí en 1990, cuando perdió en tiempo suplementario tras una falla de su recordado guardameta, René Higuita, ante el veterano camerunés Roger Milla. Repitió la hazaña en Rusia 2018, cuando quedó eliminada ante una Inglaterra que incluía figuras como Harry Kane. Y llegó incluso más lejos, hasta cuartos de final, en Brasil 2014, cuando James era una descollante y joven figura y la selección contaba con referentes como el central Mario Yepes, el lateral Juan Cuadrado o el mediocampista Freddy Guarín.La selección actual es, quizás, menos vistosa que aquella tradición futbolística colombiana que durante décadas perfeccionó un juego de toque corto, gambetas y paredes, pero que solía flaquear en lo táctico, con episodios de desorden en el campo y una fragilidad emocional que la llevaba de la euforia de una victoria a la depresión de una derrota en minutos. El equipo de Néstor Lorenzo marca un cambio de temperamento: más asentado, quizás un poco menos picante, pero mucho más consistente. Es un once con recorrido, muy similar al que hace dos años fue subcampeón de la Copa América, y que ahora ilusiona a un país que todavía no contiene la respiración, pero que guarda una fe significativa en lo que está ocurriendo sobre el campo.Ese amor por la selección quedó de manifiesto hace apenas dos semanas, cuando los dos candidatos que disputaron la segunda vuelta presidencial compitieron por apropiarse de la camiseta tricolor como símbolo electoral. Pocas pruebas más claras de que, más allá de la polarización política, Colombia sigue siendo, ante todo, un país futbolero.
Colombia le suma consistencia a su talento y se tiene fe en el Mundial
La victoria ante Ghana confirma la solidez de un equipo que sueña con repetir su mejor actuación, los cuartos de final de Brasil 2014











