Por Susana Madera |
Quito (EFE).- El Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador y el punto más cercano al sol medido desde el centro del planeta, fue escenario de un logro histórico cuando un robot humanoide superó pruebas de movilidad, eficiencia de baterías y comunicación a más de 6.000 metros de altitud, un nuevo camino para el uso de la robótica en los estudios de conservación en condiciones extremas.
«Cuando nos lanzamos en el proyecto nos llamaban locos», cuenta a EFE Pablo Berlanga, ingeniero español de 23 años, y fundador, junto a la ecuatoriana Titania Freire, de la organización de conservación sin fines de lucro ‘Geologic Dome’.
«Nadie quería darnos un robot, nadie» por temor a una mala imagen de marca si el humanoide se caía o fallaba en condiciones climáticas extremas, relata. Finalmente, la firma Eastworlds donó un robot de la empresa china Unitree.
Fotografía del 24 de junio de 2026 de Oswaldo Freire (Ossi) hablando en una entrevista con EFE en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome







