La cita es en un centro comercial un jueves de principios de junio. Quim Gutiérrez (Barcelona, 45 años) aparece puntual y con ese aire despistado que transmite en pantalla. No conoce el sitio donde hemos quedado. El lugar al principio resulta ruidoso y extraño, ninguno de los dos sabe bien quién lo ha escogido, pero la incomodidad sirve para crear cierta complicidad. “Quería un sitio intermedio para no hacerte venir hasta mi casa, que está en el campo, ni yo bajar a Madrid”, explica. Acaba de llegar de Cannes, donde ha presentado Amarga Navidad. La película que ahora estrena, Haciendo amigos, es una comedia familiar de verano: Antonio Resines interpreta a un ladrón que acaba de salir de la cárcel y le enreda en un robo. Está producida por Santiago Segura y aparecen actores con discapacidad: “Nos entendimos superbién. Resines tiene una actitud de humor infantil en el mejor de los sentidos: está dispuesto a pasárselo bien y a quitarle peso a las cosas. Y con los actores con discapacidad es algo similar a cuando actúas con actores no profesionales, que no conocen el funcionamiento, pero trabajando con ellos rompes muchos clichés. En realidad hay que hablar de personas con discapacidad y personas con un grado más aceptado de discapacidad, que somos todos los demás. Estamos muy cerca”.Su carrera se mueve entre la comedia popular y un cine más de autor. ¿Cómo conviven? No lo sé. Cuando termino algo más sesudo me apetece algo ligero y al revés. He hecho más comedia, con lo cual diría que las cosas serias ahora mismo me tientan un poco más por una cuestión de cantidad. Cada vez que hago la declaración de la renta y evalúo los proyectos del año veo que son muy variopintos [ríe].¿Tienen un coste emocional distinto el drama y la comedia? Para mí actuar tiene que ser un sufrimiento placentero, tienes que divertirte, tiene que haber algo de juego aunque estés contando un drama terrible. Esto no es psicoterapia y no es penitencia. Además, no es necesario el sufrimiento del actor para que el sufrimiento del personaje sea veraz. Eso es una clave básica que hay que tener integrada para la salud mental.Su madre es profesora y su padre catedrático de endocrinología. Usted empezó a actuar con 12 años. ¿Había algo en su casa? No, no, en mi casa estaba yo. Yo y las ganas de llamar la atención. Al principio era la voluntad de ponerme delante de los demás, algo que hacía en entornos familiares y en las funciones del cole, y de pronto me encontraba pidiendo papeles que tuvieran presencia porque me divertía. Lo cual no significa que no me pusiera nervioso, pero me lo pasaba bien.“La forma de trabajar de Pedro [Almodóvar] nos la sabemos por los compañeros que han trabajado con él. Es una estructura muy suya, muy peculiar, a la que debes enfrentarte”Y luego estudió Humanidades. ¿Por qué? Porque académicamente me lo pasaba muy bien.Usted se lo pasa muy bien siempre, ¿no? Ya [suelta una carcajada], esta es otra de las cosas. Una es el entorno familiar y la otra es la capacidad de ser disfrutón. Me resultaba fácil estudiar e incorporé lo académico a lo interpretativo: cuando pasé a estudiar papeles lo enfrenté de la misma manera. Estaba muy acostumbrado a hacer codos, a echarle horas.Cuando recogió el Goya a actor revelación por Azul oscuro casi negro dijo que llegar a algún sitio no era garantía de nada. ¿A qué se refería? En su momento tuve una sensación de frustración porque no estaba muy feliz con lo que estaba haciendo. En el trabajo buscas aprobación, validación, y cuando lo consigues te resulta difícil de encajar. Eso lo he trabajado luego en terapia: es necesario saber aceptar los elogios sin falsa humildad. Y otra cosa que me pasó es que, habiendo leído el guion de Azul oscuro…, yo pensaba que todos los guiones iban a ser así. Justo después rechacé muchas cosas y 2008 fue bastante terrible porque tenía 27 años, un Goya y de pronto ocho meses sin currar. Desde los 12 años nunca me había ocurrido eso. No sabía lo excepcional que iba a ser un guion así y lo descubrí a golpes. Cabría pensar que las películas que me iban a proponer irían en la misma dirección y no. De pronto llegaron las comedias y acabaron posicionándome en otro sitio.Sin embargo en Francia lo ven como un actor dramático, ¿por qué? Si no hubieras visto nada de mi carrera mis rasgos probablemente te enfoquen más hacia eso. No soy un galán de comedia al uso. Tengo más pinta de partir piedras con la cabeza, ¿no? Facciones un poco más duras, más desproporcionadas... y eso a lo mejor tiende más al drama.Allí ha rodado La isla roja con Robin Campillo, de quien ha hablado maravillas. Fue un enamoramiento creativo. Tuve la sensación de que captaba mi señal, como un router: que le gustara justo aquello por lo que uno se rompe los cuernos. Al día siguiente de conocerle me puse un coach de francés. No lo viví como un premio por haber sufrido, sino como un punto de confirmación: todo aquel trabajo en solitario, los rechazos, las estrecheces que yo mismo me había buscado, me habían llevado a poder hacer eso. Le dije a Robin que si mi carrera acababa con esto podía estar tranquilo. Ha dicho varias veces que una carrera se construye también con los noes. He dicho muchas veces que no, pero es costoso porque significa dejar de currar. Soy hormiguita, tengo gustos en función del dinero que tengo en el presente. Pero se sufre. Hubiera sido mucho más cómodo y mucho más lucrativo hacer todo lo que me ofrecían.Y cuando no suena el teléfono, ¿qué le pasa por la cabeza? Es un miedo con el que es muy difícil convivir. Pero a la larga adoptas fórmulas mentales para soportarlo mejor. Meryl Streep decía que nuestro trabajo, o el de la gente que trabaja por proyectos, te hace darte más cuenta del paso del tiempo y de la incertidumbre. En realidad estamos sometidos todos igual a quedarnos sin trabajo, en un trabajo más estable también te pueden echar. Pero cuando periódicamente ves que todo vuelve a empezar eres más consciente. Si lo llevas a tu favor te conviertes en una persona más adaptable, más flexible, y quitas un poco de gravedad a las cosas.“Me sacaron una vez en pelotas en Cuore. Ya lo puedo decir porque ha pasado mucho tiempo y tal, pero pleiteé y lo gané. Fue muy doloroso, pero el derecho me dio la razón"Hizo tres películas con Daniel Sánchez Arévalo. Eran como una especie de familia y sin embargo no han vuelto a trabajar juntos. ¿Por qué? Sí, éramos una familia creativa súper feliz. Desde fuera se tiende a pensar que tenemos más poder de decisión sobre lo que hacemos, pero no es así. Daniel por motivos personales empezó a escribir, escribió la novela del Planeta, tuvo la oportunidad de hacer una serie en Estados Unidos, al final no cuajó y en ese momento yo empecé a hacer otras cosas... Es lo que pasa cuando tienes la fortuna de currar con regularidad. Y es algo que echo de menos porque a nivel de dirección de actores Daniel es muy excepcional.Hablando de directores, este año ha trabajado con Pedro Almodóvar. ¿Fue como se lo esperaba? La forma de trabajar de Pedro nos la sabemos por los compañeros que han trabajado con él. Es una estructura muy suya, muy peculiar, a la que debes enfrentarte. Con un personaje como el mío, un secundario, resultaba una posición muy cómoda. Hice un truco de actor bastante sencillo: si la peli presenta una especie de alter ego del escritor y la pareja del escritor a la que yo encarno tiene como objetivo facilitarle la vida a su pareja, si Pedro es la inspiración para el escritor, hacer la vida fácil a Pedro es lo que haría el propio personaje. Eso me ayudaba.¿Y hubo algo que le sorprendiera? Sí, que se mostrara vulnerable y me transmitiera dudas desde un sitio que me tocó por la vía emocional. Si yo tenía la oportunidad de ayudarle a contar su historia… Me generó mucha empatía.La película plantea una cuestión peliaguda: hasta qué punto puedes utilizar la vida de los demás para crear. Yo creo que tiene que haber límites. He leído Mi lucha de Knausgård y me genera muchas dudas. Me parece una especie de influencer culto. En su caso su vida y su relación de pareja se parecen a una performance porque todo lo que hace alimenta su obra.¿Dónde pone usted el límite? Es muy personal. Yo no estaría tranquilo sabiendo que hago daño a los demás. Creo que me da más margen transformar la vida de otros de manera muy clara. El trabajo del actor ya va de eso: utilizo trozos de vida de otras personas para nutrir mis papeles, pero siempre para un personaje de ficción. Excepto en El cuerpo en llamas [donde interpreta a Albert López, agente de policía acusado de asesinato junto a su compañera Rosa Peral]. Ahí decidí que es un personaje de ficción muy inspirado en un personaje real. No hablé con ellos y no me parecía ético hacerlo. Inventé muchas cosas. Mi enfoque con los personajes es siempre el de la humanidad. No quiere decir que perdones ni justifiques.“En realidad hay que hablar de personas con discapacidad y personas con un grado más aceptado de discapacidad, que somos todos los demás. Estamos muy cerca”Empezó a actuar a la vez que Raúl Arévalo, Hugo Silva, Miguel Ángel Silvestre… En algún momento se les ha considerado una generación. ¿Cómo se llevan? Me resulta difícil sentirme parte de una generación. Lo entiendo y no me molesta. Raúl y yo hemos hecho muchas pelis juntos. También pelis que aparecen a la vez. Lo mismo con Miguel Ángel. Hugo estaba un poco antes por la tele... pero es verdad que luego empezó a hacer pelis. Creo que se nos ve como una generación porque nos llevamos razonablemente bien.¿Y con los actores más jóvenes? Me ocurre una cosa muy graciosa, de anciano. Voy a un evento y actores más jóvenes me saludan con admiración y no sé dónde colocarme, porque yo no considero que tengo 45; me siento hablando de tú a tú y de pronto me llevo 20 años con esa persona. Son chicos y chicas que han crecido con las plataformas, con éxitos muy sonados que les han dado una repercusión que no siempre va acorde con la trayectoria. Te encuentras con gente que lleva mucho menos recorrido pero a la que pagan más, siguen más y conocen más. Hay un desajuste ahí que no todo el mundo sabe gestionar, y me admira cuando alguien lo lleva bien.¿Tiene amigos actores? Muy pocos. Tengo dos amigos muy cercanos actores, dos actrices importantes en mi vida y luego muchos compañeros con los que me llevo muy bien, pero mis amigos son gente de otros entornos profesionales. El mundo de la interpretación fomenta la endogamia y a mí nunca me funcionó. Agradezco mucho tener una vida ajena a todo eso porque tengo muchos intereses aparte de la interpretación.En un momento dado se dedicó a la fotografía, por ejemplo. Sí, entonces solo me ofrecían comedias y no encontraba toda la satisfacción creativa en el trabajo así que empecé a buscar otras fórmulas. Estuve escribiendo, luego empecé a sacar fotos. Tuve la fortuna de publicar en cabeceras súper guais en España, aunque me sentía un poco fuera de lugar. Era consciente de que por ser un actor que hace fotos se me abría una puerta para la que otros necesitan mucho más tiempo. Lo ataqué con humildad, pero al final era un poco lo mismo: no tenía el espacio creativo 100% como para decidir todo lo que quería decidir. Entonces he buscado otros cauces de los que no hablo mucho todavía, pero tienen que ver con lo artístico y de momento lo mantengo bastante al margen. Le dedico mucho tiempo a la práctica artística. Y también trato de nutrirme culturalmente todo lo que puedo. Vivo un fervor musical desde hace unos años bastante enloquecido.¿Ah, sí? Sí. En 2023 tuve una bronquitis y pasé varios días en cama sin otra cosa que hacer que escuchar música. Y eso coincidió con el momento en que mi hijo de dos años descubrió que el tocadiscos que tenía yo en casa le interesaba muchísimo, no para el bien del pobre aparato. Decidí cambiar de equipo y empecé a leer de acústica y de música. Ahora estoy con música clásica, con Sibelius, un compositor finlandés de finales del XIX y principios del XX, y eso me lleva a leer sobre aquella época… Y así voy encontrando cosas. Me ocurrió lo mismo con el arte contemporáneo. En 2015 fui a Art Basel y no entendí mucho. Me preguntaba: ¿por qué no entiendo esto? Y una marchante con la que coincidí me dijo: “Tienes que encontrar lo que te guste y a partir de ahí leer y empezar a formarte”. Y eso hice. Y así empecé con arte abstracto. Me convertí en un fanático de Cy Twombly. Creo que someterte a lenguajes distintos que no esperabas que te funcionaran mitiga el poder del algoritmo interno. Todos tenemos un algoritmo interior que no opera para lucrar a nadie, sino para que cerebralmente gastemos menos energía. Yo vivo más cansado. Pero más feliz.¿Se considera metódico? Yo creo que sí. Mi pareja el otro día me decía que a lo mejor tengo rasgos de Asperger. Y digo: “Asperger, ¿yo?”. Mi madre, que ha sido pedagoga, me decía que una de las características básicas del Asperger es que tiene que haber un problema de empatía, y yo soy lo contrario, pero es verdad que soy obsesivo positivo, si es que eso existe.Soy hormiguita, tengo gustos en función del dinero que tengo en el presente“Ha hablado de su mujer: es muy celoso de su vida privada, pero tampoco vive en una cápsula. ¿Cómo encuentra ese equilibrio? Nunca fue el objetivo, pero nos hemos montado una vida que se parece bastante a una cápsula. Nos hemos ido al campo a 45 minutos del centro y eso ya hace que un periodista tenga menos interés en subir allí a ver si llevas a los niños al cole. Pero siempre duele. He dejado muy claro que no me interesa, que no estoy de acuerdo, que no participo, que jamás me lucro enseñando a mi familia. Marco una línea muy estricta entre mi vida profesional y mi vida personal.¿Se han pasado esas líneas? Sí. Me sacaron una vez en pelotas en Cuore. Ya lo puedo decir porque ha pasado mucho tiempo y tal, pero pleiteé y lo gané. Fue muy doloroso, pero el derecho me dio la razón. Siempre me resultó difícil pensar que cae en el mismo saco un periodista que descubre un chanchullo de la administración que ver a un actor que se baña en una playa. ¿El hecho de ser una persona pública hace que, como te bañas en pelotas, estés accediendo a que te saquen? No.
Quim Gutiérrez: “He dicho muchas veces que no, pero se sufre. Hubiese sido más cómodo hacer todo lo que me ofrecían”
Dos hijos, una casa en el campo y una película de Almodóvar después, el actor catalán atraviesa un gran momento. Y ahora vuelve, con ‘Haciendo amigos’, a una de las cosas que mejor se le da: la comedia








