A una semana de que diera comienzo este Mundial, Aimé Jacquet, el seleccionador que en 1998 guió a Francia a la conquista de su primera Copa del Mundo le envió un mensaje radiofónico que conmovió al que fue capitán de aquella selección que fue puesta como ejemplo de multirracialidad. “Didier [Deschamps] eres azul, blanco y rojo. Llevas la selección francesa dentro. Nadie es indispensable, lo sabes, ¡pero qué trayectoria! Una estrella brillará este verano. Seguro que lo estás pensando. Así que mucha suerte, Tres Manzanas. Amistad eterna”. El frutícola apodo es de uso común en Francia para referirse a las personas de baja estatura. Deschamps (1, 74 m.) se emocionó al escuchar de nuevo el sobrenombre con el que le bautizó su maestro. Si Deschamps fue en el campo la extensión de Jacquet, este fue el técnico que moldeó el pragmático libreto de su pupilo. Ambos vivieron la agónica victoria de Francia y Paraguay en los octavos de final en el Mundial 98. En el estadio Felix Bollaert de Lens el calor era asfixiante y la selección anfitriona, sin Zidane, sancionado, había sido incapaz de superar en noventa minutos el aguerrido muro que defendía la puerta del volcánico José Luis Chilavert. El fallido experimento del Gol de Oro, que daba por concluidas las prórrogas, cuando se lograba, se activó cuando Laurent Blanc cruzó una dejada de cabeza de David Trezeguet. Aquel fue el primero y único gol de oro en la historia de los mundiales. Todavía sin un calendario tan explotador como el actual, aunque ya estaba en fase embrionaria la neoliberal burbuja vigente, la efímera norma, se instauró como medida para proteger el físico de los jugadores. Resultó que el dolor de los derrotados era mayor que el cansancio físico. El disparo en el pie que fue el gol de oro, jugaba en contra de la épica y la emoción al eliminar las tandas de penaltis. En aquel partido, se dice que se forjó el espíritu sufridor de la Francia campeona que se impuso a Brasil (3-0) en la final. Bajo una canícula abrasadora, aquella selección albirroja de los Chilavert, Gamarra, Enciso, Arce, Cardozo y Benítez llevó al límite a Francia para tratar de alcanzar la tanda de penaltis. El propio Deschamps y sus futbolistas no descartan un partido similar al del Mundial 98. “Mis jugadores no nacieron en esa época, pero lo recuerdo. Fue un momento importante para mí, para Francia. Fue un partido difícil, forma parte de la historia del fútbol, del Mundial. Hoy es un juego diferente, pero las cualidades de Paraguay son las mismas. Enciso tiene una gran influencia en Estrasburgo, al igual que Almirón. Saben hacer cosas diferentes.”, advirtió este viernes Deschamps. “Paraguay es un equipo tenaz, sí, pero también tiene la capacidad de explotar los contraataques. Prevemos un partido difícil. Tendremos que ser fuertes en los duelos e imponer nuestra presencia física para ser competitivos”, vaticina Joules Koundé. También las condiciones climáticas de hace 28 años se asemejarán, incluso para peor. Hoy, 4 de julio, en Filadelfia, la ciudad en la que se firmó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos hace 250 años, se esperan 38 grados a la hora del partido con un 40% de humedad. Las extremas condiciones emparentan al fútbol-negocio con el circo romano. Las autoridades locales han emitido una alerta de “riesgo extremo” y se ha suspendido el desfile conmemorativo previsto. En este caso, las controvertidas pausas de hidratación, sí tendrán sentido. “En cuanto hay condiciones extremas, no es lo ideal, pero nosotros no elegimos los horarios”, lamentó el preparador galo.Es el semblante de esta Francia de Deschamps la que sí ha cambiado respecto a la selección del 98 y a las que ha dirigido en las grandes competiciones desde 2012 hasta el presente 2026. El molde con el que desde el banquillo Deschamps le dio su segunda Copa del Mundo fue una fotocopia del estilo Jacquet. Una roca defensiva y contragolpes de libro. “No voy a hacer todo lo que hizo Jacquet, yo ahora me voy de vacaciones y volveré”, bromeó Deschamps en la sala de prensa del estadio Luzhniky de Moscú con la Copa del Mundo a su vera. Jacquet dejó la selección francesa tras coronarla campeona del mundo y hacer rectificar a L’Equipe, que escribió un editorial pidiendo su dimisión cuando dio a conocer la lista de convocados para el Mundial 98 en la que no estaban los artistas Eric Cantona y David Ginola. El director del prestigioso diario deportivo francés declaró , “nos equivocamos”, y puso su cargo a disposición de la empresa. Al día siguiente, L’Equipe publicó un histórico editorial de disculpa titulado “A Aimé Jacquet”. Deschamps, ahora subido en la ola de un fútbol más vistoso desde que puso a Olise a jugar de 10, puede que vuelva a imitar a Jacquet. Sabedor de que no seguirá porque llegará Zidane, quiere despedirse del cargo como campeón del mundo.