Se ha dicho muchas veces, cuando se habla de la crisis de los jubilados, que un porcentaje cada vez mayor de quienes cobran un haber mínimo se veía forzado a optar entre alimentarse o comprar medicamentos. Pero esa misma crisis también tiene otra dimensión: los que no tienen casa propia están obligados a decidir entre adquirir alimentos, medicamentos o tener un techo, lo que en términos prácticos muchas veces se traduce en pagar el alquiler de una habitación y salir a buscar donaciones –si con suerte se consiguen– para el resto de los gastos. Una pareja de jubilados que alquila vivienda necesita, según el último cálculo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, casi $ 2,4 millones para subsistir. La estimación incluye un costo mensual en vivienda de $ 1,3 millones, de los cuales $ 770 mil son para pagar el alquiler. El monto total equivale a 5,1 jubilaciones mínimas contando el bono congelado en $ 70 mil. Sin el bono, habría que agregar un ingreso más a la ecuación.
“Lo que nos asusta mucho es la cantidad de jubilados que se acercan, que no están todavía en situación de calle, pero desesperados por comida, por mercadería para cocinar, porque no tienen. Eso nos mata”, explicó a PERFIL Mónica de Russis, directora ejecutiva de “Amigos en el camino”, una ONG que brinda acompañamiento y ayuda a personas sin hogar. “Muchos no pueden conseguir los medicamentos y también nos piden medicación: medicación y comida. Es muy triste todo”, agregó. El alquiler de una habitación en una pensión puede rondar los $ 400 mil, con lo que una jubilación apenas alcanzaría para pagarla.









