Hace apenas una semana, Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha, fue elegido presidente de Colombia en una segunda vuelta en la que apenas 250.000 votos lo separaron del candidato de izquierdas, Iván Cepeda. Suficiente, en todo caso, para aparecer celebrando la victoria en redes sociales con la camiseta de la selección de fútbol de su país. O, al menos, algo casi idéntico: una prenda amarilla con tres líneas rojas sobre los hombros que en vez del escudo de la Federación Colombiana de Fútbol muestra la imagen de un tigre (De la Espriella se hace llamar el Tigre) y que en vez del logo de Adidas, en el lado derecho del pecho, muestra un lema: Firme por la patria.

Al abogado ultraderechista, que hace años reconoció que detestaba el fútbol, su versión ligeramente alterada de la camiseta de Colombia le convence incluso más que la original. Lleva meses tratando de asociar la camiseta de la selección a sus propuestas políticas: no solo la viste él, en sus mítines quienes la llevan son legión, y entre su círculo próximo casi no hubo quien se atreviera a no ponerla para celebrar su victoria.

Ese intento de apropiación no ha pasado desapercibido. A Cristhian Alexander, un periodista colombiano de 28 años que reside en Madrid, esto le indigna: “Es un robo a un símbolo de unidad nacional por parte de la derecha. Como no soy afín a la derecha, he decidido no ponerme la camiseta de la selección durante el Mundial. No quiero que la gente piense que apoyo a De la Espriella”.