Un vecino de Tepetlaoxtoc llamó en la madrugada para dar el aviso: uno de sus caballos había sido atacado por el tigre. Hacía más de cuatro días que todos temían al tigre. Kenzo, un felino inmenso de 18 meses y 205 kilos, se había escapado de un centro privado de fauna silvestre tras un “error de comunicación” que le dejó las puertas abiertas. Desde entonces rondaba entre las barrancas del Estado de México. Durante 100 horas, lo rastrearon decenas de autoridades, perros y drones térmicos, en una zona escarpada, llena de vegetación, tan agreste que ni siquiera se puede entrar a caballo, solo caminando. A las 6.30 de la mañana de este jueves lo localizaron en la parte profunda de un barranco. La “operación de contención” no salió como esperaban. Kenzo murió después de que un agente de policía le disparara cuando estaba ya a solo un metro de distancia del veterinario que le había tirado un dardo sedante, según relata el director de Fauna Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente, Gustavo Ampugnani, que afirma que “nunca se disparó a matar” y que el movimiento fue para evitar que se abalanzara sobre quienes trataban de recuperarlo: “Lo primero es proteger la vida humana de quienes están en peligro. Lamentablemente falleció”. EL PAÍS reconstruye su último rastreo.Desde el pasado sábado se colaba, entre los partidos del Mundial, las noticias del tratado comercial y las operaciones de rescate en Venezuela, la imagen de un blanquísimo tigre de bengala tumbado entre la maleza del Estado de México. Los videos estaban capturados desde drones mientras el felino caminaba o estaba echado tranquilamente. La alcaldesa de Tepetlaoxtoc, Diana Morales, pidió a sus vecinos que mantuvieran la calma, pero que también cerraran todas sus puertas y ventanas: “Sobre todo mucha precaución”. Un tigre anda suelto. En México no hay tigres en libertad, ni siquiera quedan muchos tigres de bengala en libertad en el mundo, apenas unos 4.000, la gran mayoría en la India. Son una especie protegida. Kenzo nació en el Estado de Hidalgo en un centro privado catalogado por el Gobierno como PIMVS (Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre fuera de su Hábitat Natural) y a los ocho meses lo vendieron a Animal Experience, que es otro PIMVS, o como ellos se definen: “Un centro de conservación y protección animal”. En el Facebook del lugar todavía están colgadas las imágenes de Kenzo bañándose en un estanque o revolcándose sobre la hierba. Todo ese procedimiento fue legal, afirma el Gobierno a este periódico.El sábado en la tarde, el personal de Animal Experience entró al recinto de Kenzo a podar un árbol. Y un error de comunicación entre la salida y la entrada de los trabajadores de mantenimiento dejó las puertas abiertas. La del recinto del tigre de bengala y las del lugar en general. “Fue un error de protocolo”, define Jorge Zapata, que es coordinador de las Oficinas de Representación de Protección Ambiental de la secretaría.Muy rápido se formaron los equipos para encontrarlo. La Profepa, Protección Civil, elementos de seguridad pública, funcionarios del Ayuntamiento de Tepetlaoxtoc y de parques ecológicos montaron una brigada de “búsqueda, rescate y contención”. No fue fácil. El tipo de terreno, una zona rugosa y accidentada, con mucha vegetación y un clima de muchísima lluvia. Con drones térmicos, para buscar las huellas de calor, la brigada rastreó a Kenzo, trató de atraerlo y dormirlo con comida, sin éxito, hasta la llamada esta madrugada del vecino y su caballo. Los últimos movimientosEl tigre de bengala estaba en lo profundo de una barranca, situada a unos 20 kilómetros de donde se había escapado. La brigada fue dividiéndose en distintos tramos. Al final quedaron dos células operativas de cinco personas cada una, relata tras revisar sus notas Gustavo Ampugnani. “Estamos hablando de un tigre de bengala de 18 meses, fuerte, robusto, una especie de alta peligrosidad, que estuvo casi cinco días dando vueltas, no sabemos si alimentándose, posiblemente con miedo”, apunta el funcionario y resume: “Muy agresivo”. Cuando lo ubican “se disponen a hacer la contención química”, es decir, a lanzarle los dardos sedantes. “Cuando se preparan para esto, el tigre los ve y se va sobre el veterinario encargado de disparar el rifle con el sedante y el policía, que estaba al lado, dispara su arma de fuego reglamentaria hacia el piso, para espantar al animal”, continúa relantando Ampugnani. “El animal recula, pero luego se da vuelta, se mete por los arbustos, se pierde en visibilidad y empieza a aparecer por atrás de estas dos personas”. La escena es un veterinario y un policía en el fondo de un barranco en el Estado de México frente a un tigre de bengala. Le disparan el dardo. “Pero estos dardos toman cinco minutos aproximadamente en hacer efecto. Mientras el animal sigue avanzando hacia ellos. A poquito más de un metro de distancia, el animal sigue y en ese momento el agente de policía dispara su arma para evitar que el tigre se abalance sobre el veterinario”, narra el director de vigilancia de fauna silvestre: “Hay que actuar de manera rápida cuando la situación de peligro es prácticamente inminente”.Después de ese disparo —que la Secretaría no ha confirmado donde dio—, el tigre ya herido se vuelve a meter entre los arbustos. Ahí el veterinario dispara nuevos sedantes hasta que Kenzo queda “contenido”. “El animal seguía respirando, se sabía que estaba herido, pero no qué tipo de lesiones tenía. Los orificios de armas de fuego de calibre 22 o calibre 45 que pueden tener estos agentes son muy pequeños para este tipo de animal, con un pelaje muy abundante y una piel muy dura, o sea, tú no ves rápidamente dónde están las heridas”, explica el funcionario. La muerte de KenzoEn los siguientes 30 minutos sacaron al tigre de la barranca y lo llevaron al puesto de control donde estaba una camioneta para trasladarlo. Para eso, ya se había anunciado el rescate con éxito del animal. Fuera de ese paraje ya se celebraba en medios de comunicación y redes sociales haber recuperado al tigre sin más daños. Entonces, Kenzo fallece. “Presumimos que las heridas de bala generaron una hemorragia interna”, apunta Ampugnani. La primera reacción de la alcaldesa de Tepetlaoxtoc es asegurar que mientras estaba en su municipio, antes de que se lo llevara Profepa, “tenía rasguños, pero no llevaba ninguna herida que comprometiera su vida”. Nadie quería cargar con un joven tigre de bengala muerto y menos después de anunciar que había sido rescatado con vida.Los funcionarios recuerdan las normas mexicanas de que lo primero a proteger son las vidas humanas. “Uno planea la contención en un escenario óptimo, donde controla todo. Pero si las cosas se salen de control, lo primero que nos enseñan es que hay que resguardar la integridad de las personas que están ahí”, sostiene el director de vigilancia de vida silvestre, que defiende que el equipo que rastreó a Kenzo durante más de cuatro días “actuó con mucho profesionalismo en una situación de alto riesgo”: “Los están sacrificando mediáticamente y eso no es justo”. Después de una revisión, las instalaciones de Animal Experience han sido clausuradas porque se había “violado el plan de manejo autorizado en su momento por la Semarnat”. La dependencia federal ha asegurado al resto de animales que vivían con Kenzo: un halcón harris, un mono araña, un cocodrilo moreletii, dos mapaches, un pitón burmes, dos jaguares y un oso negro. En México se perdió Ankor en Acapulco, se vio a un cachorro de tigre paseando en un centro comercial en Polanco o a tres tigres flacos olvidados por el narco. Ahora, el mensaje es que la pérdida de Kenzo ayude a concienciar sobre el manejo de estos felinos. “Nosotros hemos mantenido una campaña permanente que se llama tu casa no es su casa”, explica Jorge Zapata: “Para concienciar a la ciudadanía de que estos animales no pueden estar en predios, deben estar en su hábitat natural”. Uno que, evidentemente, está lejos de las barrancas del Estado de México.