“No puede ser que una encimera te quite la vida y eso es lo que está pasando ahora”. Francisco Manuel Aragón trabajaba en una marmolería haciendo encimeras de piedra artificial, habituales en muchas cocinas. Pero cada vez tenía “más tos”, como varios de sus compañeros, y “pinchacitos en el pecho”. Fue al médico de cabecera, que le detectó una silicosis crónica simple. Tenía 27 años. “Fue un palo. Con 27 años tienes ganas de vivir, un proyecto de vida... se te trunca todo”. Esta enfermedad profesional progresiva e incurable, lejos de reducirse, está en plena explosión en España. El año pasado registró un nuevo récord: 632 nuevos casos.
Francisco Manuel Aragón hoy es presidente de la Asociación Nacional de Afectados y Enfermos de Silicosis (ANAES), con sede en Chiclana (Cádiz). Junto a él, muchos otros trabajadores y sus familiares pelean desde hace años por visibilizar el auge de la silicosis en España, que muchos tildan de “epidemia”. Empezó a aflorar a finales de la pasada década, convirtiendo esta dolencia –de las más antiguas y vinculada en los siglos pasados a la minería– en la principal enfermedad de carácter profesional en Andalucía.
A nivel estatal, en el año 2000 se detectaron 15 casos. Cifra que se ha ido disparando desde finales de los 2000 y que ha llegado más de 600 nuevos partes de silicosis el año pasado, según el Observatorio de Enfermedades Profesionales (CEPROSS) del Ministerio de la Seguridad Social.








