A finales del año pasado, una casa de subastas de Edimburgo vendió un colgante sin aparente valor, más allá del material y de su antigüedad. Los compradores estaban ante la oportunidad de adquirir un “colgante de ámbar y esmalte de estilo isabelino”, elaborado a finales del siglo XIX, casi trescientos años después de la muerte de la reina Tudor en 1603.
Dentro de las cantidades que se manejan en las casas de subastas, se trataba de una cantidad relativamente asequible: 7.350 dólares o casi 6.500 euros por esta joya, una pieza de tamaño pequeño. Pero el colgante valía mucho más de lo que parecía.
La casa de subastas Sotheby's acaba de subastarlo de nuevo con un precio estimado entre las 100.000 y las 150.000 libras esterlinas (entre 116.724 y 175.086 euros). El aumento de su valor ha sido exponencial en solo siete meses, hasta 27 más de la cifra inicial.
“El aumento de valor se debe a que, mediante una exhaustiva investigación y un análisis científico, hemos determinado que se trata de una joya renacentista rara y redescubierta, con un retrato de Isabel I”, explica a Artnet el director europeo de escultura y obras de arte de Sotheby's, Christopher Mason.
Los especialistas lo describen como un “extraordinario” colgante de ámbar que incluye un retrato microtallado de la reina Isabel I. Tanto el material como el dibujo, así como la maestría con el que está realizado, dan pistas sobre el valor de esta joya. De hecho, a finales del siglo XVI, los objetos de ámbar se habían convertido en objetos muy preciados, reservados a reyes y príncipes. Al material se le conocía como oro báltico.








