EDITORIALEl territorio de Santiago Atitlán es colindante con la bocacosta y es amplia puerta con muy poca vigilancia de una ruta lacustre.
Son deplorables los incidentes violentos ocurridos el miércoles último en Santiago Atitlán, Sololá, cuando un grupo de opositores arremetió contra el alcalde municipal, Francisco Coché Pablo, y algunos familiares de este, además de incendiar un museo local. No existe justificación para este tipo de acciones, ni siquiera en el derecho consuetudinario que ciertos agresores supuestamente dicen representar. El alcalde Coché Pablo fue electo en el 2023 y desde 2024 hubo quejas por deficiencias en su gestión, que devinieron en manifestaciones en su contra, lo cual condujo al cierre del edificio edilicio por tres semanas.
El Tribunal Supremo Electoral anterior habría autorizado que el concejal primero asumiera el cargo por supuesto abandono, pero el alcalde regresó mediante un amparo de la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, una cosa es ser oposición y otra convertirse en perpetradores de actos violentos, lo cual ninguna tradición ancestral aprobaría. Si hay denuncias de la comisión de posibles delitos, se deben interponer en el Ministerio Público, a fin de evaluar un proceso de antejuicio: de haberse emprendido de forma adecuada este asunto, ya se habría avanzado en esa vía institucional.









