Cuando los miembros de la OTAN se reúnan en Ankara los días 7 y 8 de julio, lo harán con las advertencias sobre los planes rusos de llevar a cabo una "provocación" aún resonando en sus oídos. Los ataques de Ucrania en el interior de Rusia están enseñando a Vladímir Putin la dolorosa lección de que una guerra de alta intensidad que involucre a un Estado con armas nucleares puede desarrollarse por debajo del umbral nuclear. Mientras Putin intenta restablecer cierta capacidad de disuasión, los líderes europeos no deben repetir su error y asumir que su territorio está a salvo de ataques híbridos o convencionales simplemente gracias a las garantías nucleares de la OTAN. Para disuadir de manera creíble el continuo de amenazas rusas, Europa debe actualizar su enfoque de la disuasión. Debe hacerlo reforzando sus capacidades convencionales para combinarlas con las doctrinas nucleares de Francia y Reino Unido, así como con el paraguas estadounidense. Esto tendría el beneficio añadido de repartir la responsabilidad de la disuasión por el continente europeo y el Atlántico, enviando así a Estados Unidos la señal de que no es el único elemento que se interpone entre Europa y un ataque ruso. Disuasión adelantada En marzo, el presidente francés, Emmanuel Macron, pronunció un discurso sobre la postura nuclear de su país que despertó gran interés en toda Europa. La "disuasión adelantada" que mencionó en ese discurso implicaría que Francia desplegara bombas nucleares en otros lugares del continente tras consultar con sus socios europeos. Que esta propuesta proceda de un país que se niega a participar en el Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN resulta especialmente significativo. Pero Macron también reafirmó que Francia sigue rechazando cualquier uso "táctico" de armas nucleares, para el cual su arsenal nuclear es totalmente inadecuado. Las armas nucleares de menor potencia de Francia no constituyen peldaños de una larga escalera de escalada. Su propósito es únicamente servir como una última advertencia para demostrar la determinación francesa y su disposición a cruzar el umbral nuclear antes del lanzamiento de ataques estratégicos. Los dirigentes franceses también han subrayado repetidamente que su disposición a debatir cuestiones nucleares con sus socios europeos no pretende en modo alguno acelerar la "autonomía estratégica" sustituyendo el paraguas nuclear estadounidense. Francia no dispone ni de las capacidades ni de la doctrina necesarias para ello. TE PUEDE INTERESAR De hecho, sería contraproducente reproducir a escala europea el debate sobre la disuasión ampliada que tuvo lugar en la década de 1970 entre europeos y estadounidenses, especialmente en un momento en el que la política europea debe hacer frente al resurgimiento del nacionalismo. Aunque Francia, a diferencia de Estados Unidos, se ve directamente afectada por cualquier conflicto en el continente europeo, sigue siendo poco plausible que, si un Estado báltico fuera arrollado por una fuerza convencional rusa, un presidente francés fuera el primero en cruzar el umbral nuclear. Sin embargo, esa falta de plausibilidad probablemente no impedirá que los partidos de extrema derecha intenten presentar la realidad de la disuasión adelantada de otra manera. Además, la disuasión adelantada plantea un importante argumento político: que los intereses vitales de Francia son más amplios que su propio territorio. No obstante, sigue siendo difícil ver qué cambiaría esta idea en la práctica, más allá de la señal política que envía, por útil que esta pueda ser. Sería, por tanto, desafortunado que la idea de la disuasión adelantada francesa se convirtiera en otra manera de que los europeos eviten reflexionar sobre las realidades de la guerra, del mismo modo que la excesiva dependencia del paraguas nuclear estadounidense ha sofocado el pensamiento estratégico en Europa. Los umbrales de la disuasión Una segunda observación realizada por Macron en su discurso puede suscitar un debate más productivo. El presidente francés señaló que, en los últimos meses, oleadas de misiles han caído sobre Estados con armas nucleares (Rusia e Israel) y que lo mismo podría ocurrir en Europa. Con esta observación, dejó claro que la disuasión nuclear no impide una gran guerra y que depender excesivamente de ella es peligroso. TE PUEDE INTERESAR Las potencias occidentales hicieron bien en demostrar a Rusia que se equivocaba al creer que podía lanzar una agresión contra un vecino y, al mismo tiempo, convertir su propio territorio en un santuario por el mero hecho de ser una potencia nuclear. Pero Vladímir Putin pretende ahora demostrar a los socios occidentales de Ucrania que se equivocan al creer que permanecen seguros bajo la protección de la OTAN. Desde la perspectiva de Putin, es razonable preguntarse por qué, si el campo de batalla de Ucrania se extiende hasta Rusia, los países que apoyan a Ucrania deberían permanecer al margen. Desde un punto de vista militar, es irrelevante que una de las partes haya violado el derecho internacional mientras la otra trate de defenderlo. En algún momento del próximo año, si la situación de Rusia continúa deteriorándose, sus dirigentes podrían intentar demostrar a los amigos de Ucrania que su apoyo no está exento de riesgos. Se pueden desestimar las bravuconadas del estratega ruso Serguéi Karagánov o del expresidente Dmitri Medvédev, con sus amenazas de ataques nucleares contra países europeos. Pero, sin llegar a eso y sin necesidad de una incursión terrestre en territorio de la OTAN, Rusia todavía dispone de numerosas opciones. Como señaló el servicio de inteligencia de Letonia a finales de junio, Rusia está considerando "ataques híbridos, como misiles, drones u otras acciones destinadas a enviar un mensaje: dejen de apoyar a Ucrania o tendrán sus propios problemas". Por ello, los europeos necesitan una estrategia actualizada que pueda disuadir de forma creíble un abanico tan amplio de agresiones. Un continuo de disuasión También en este aspecto, la guerra de Ucrania ofrece algunas lecciones. Según diversas informaciones, cuando Rusia estaba fracasando en Ucrania a finales de 2022, Estados Unidos no solo pidió a China que interviniera para impedir que Putin cruzara el umbral nuclear, sino que también transmitió el mensaje de que la respuesta estadounidense a ese cruce del umbral nuclear sería devastadores ataques convencionales contra activos estratégicos rusos. Se trataba de una amenaza mucho más creíble por parte de Estados Unidos que la de un ataque nuclear. Los europeos deberían extraer lecciones más amplias de este peligroso episodio, que podrían contribuir a hacer más coherente la estrategia del continente. La disuasión no consiste en una división de funciones en la que las fuerzas convencionales de primera línea actúan como un mero mecanismo de activación, mientras las potencias nucleares son el único elemento realmente disuasorio. La disuasión europea del futuro debería combinar, por tanto, la disuasión convencional mediante capacidades de ataque de largo alcance con la disuasión nuclear, esencial para impedir el chantaje nuclear ruso y su capacidad de dominar la escalada. Esa doctrina integral requerirá un debate profundo entre los europeos y Estados Unidos. Reino Unido y Francia, al igual que Estados Unidos, no querrán verse arrastrados a una escalada nuclear porque una potencia no nuclear haya lanzado un ataque estratégico convencional de largo alcance contra Rusia sin coordinación previa. Al mismo tiempo, las potencias no nucleares desean comprender mejor cómo perciben las potencias nucleares la escalera de la escalada. La coordinación en materia de disuasión ayudaría así a los países europeos a desarrollar una comprensión compartida del riesgo y de los ataques que Rusia podría absorber sin desencadenar una respuesta nuclear. La coordinación europea con Estados Unidos enviaría la señal de que el paraguas nuclear estadounidense no es el único elemento que protege a Europa frente a un ataque ruso. TE PUEDE INTERESAR El resultado debería ser una visión más inclusiva de la disuasión. Esto ayudaría a garantizar que todas las grandes potencias militares europeas compartan la responsabilidad de disuadir la agresión. También aportaría beneficios políticos, al permitir un debate mucho más saludable entre los europeos, que no enfrente a las potencias no nucleares con las nucleares. En este nuevo contexto, la forma más eficaz de reforzar la disuasión europea podría consistir en acelerar e incluso consolidar los diversos programas europeos destinados a desarrollar capacidades europeas de ataque de largo alcance. * Este análisis fue publicado originalmente en inglés por Jean-Marie Guéhenno en European Council on Foreign Relations con el título Unconventional deterrence: How Europe can ward off a Russian attack Cuando los miembros de la OTAN se reúnan en Ankara los días 7 y 8 de julio, lo harán con las advertencias sobre los planes rusos de llevar a cabo una "provocación" aún resonando en sus oídos. Los ataques de Ucrania en el interior de Rusia están enseñando a Vladímir Putin la dolorosa lección de que una guerra de alta intensidad que involucre a un Estado con armas nucleares puede desarrollarse por debajo del umbral nuclear. Mientras Putin intenta restablecer cierta capacidad de disuasión, los líderes europeos no deben repetir su error y asumir que su territorio está a salvo de ataques híbridos o convencionales simplemente gracias a las garantías nucleares de la OTAN.
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