Actualizado a las 03:32h.
Escribió Andrés Calamaro, uno de los que mejor han cantado al fútbol, aquello de «malditas despedidas, me están volviendo viejo». Este jueves por la tarde, madrugada del viernes en España, el estadio de Toronto -no el Azteca de «prendido a tu botella vacía»- celebra una ... despedida interminable, que nos está volviendo viejos a todos. Cristiano Ronaldo y Luka Modric saltan a un campo con aficionados que han crecido con ellos, con exfutbolistas al micrófono que debutaron más tarde, con narradores que no eran becarios cuando estos dos ya se fajaban en el verde. Es un partido decisivo para sus Selecciones y definitivos para su carrera mundialista: Portugal-Croacia, en dieciseisavos. Para ambos países, la derrota significa decir adiós al Mundial y dejar de ver a su gran estrella de las dos últimas décadas. La factura emocional que sobrevuela sobre la cancha es tremenda. La despedida, al final, fue para el croata, en un drama a la altura de su fútbol (2-1). Y con gol incluido de Ronaldo.
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