La Secretaría de Marina ha incautado 1,2 toneladas de cocaína frente a las playas de San José El Hueyate, el pueblo de la costa de Chiapas donde han desaparecido decenas de migrantes. Este decomiso, dividido en dos operaciones, ha dejado también ocho personas detenidas. La incautación refuerza la idea de El Hueyate como un punto clave para el tráfico marítimo de drogas, personas y armas hacia el norte del país. Hace solo un par de meses que un impresionante convoy formado por el Ejército, la Guardia Nacional, la Policía Estatal de Chiapas, la Fiscalía de Migrantes, la Comisión Nacional y la Estatal de Búsqueda, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, Protección Civil y el Gobierno de Mazatán, la cabecera, junto a su policía municipal, entraba en caravana en San José El Hueyate. Este pueblo pobre de apenas 1.000 habitantes llevaba años conocido por ser un enclave para el crimen organizado. Su acceso protegido hacia el océano Pacífico, junto al laberinto de islitas y caminos de tierra y agua, lo había convertido en un lugar estratégico. El convoy que entró a principios de mayo en la localidad buscaba pistas de los 83 migrantes que desaparecieron en esa costa entre septiembre y diciembre de 2024. No encontró mucho, la mayoría de vecinos del pueblo prefirió no decir nada a las autoridades. “En San José del Hueyate se esconde una verdad”, resumía Óscar Hernández, que busca a su hermano Ricardo, de Honduras, desaparecido con otras 40 personas el 21 de diciembre de 2024: “Ahí está todo para averiguar dónde están nuestros familiares”. Las siete familias buscadoras pedían a la Fiscalía de Chiapas indagar con exhaustividad en el lugar. El equilibrio de confianza con las autoridades es difícil. Un operativo sorpresa este enero detuvo a varios policías municipales que estaban adscritos a San José El Hueyate por sus vínculos con el crimen organizado. Un alto funcionario afirmó a EL PAÍS que estaban trabajando para el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el grupo rival en una costa controlada por el Cartel de Sinaloa.Ahora es la Marina quien ha dado el último golpe doble a la compleja hidra criminal de Chiapas. La dependencia no ha precisado la fecha del primer operativo, pero ahí detuvo a cuatro personas y requisó 860 kilos de presunto clorhidrato de cocaína. En una segunda acción, el personal de la Armada mexicana detectó una embarcación con dos motores fuera de borda y otros cuatro tripulantes a bordo: “Al efectuar una inspección se localizaron 13 bultos con 384 paquetes con un peso aproximado (incluyendo el embalaje) de 384 kilos de presunta droga”. Esta incautación se suma al creciente esfuerzo de la Marina por los decomisos en alta mar. Desde la llegada de Claudia Sheinbaum a Palacio Nacional y su nueva estrategia en seguridad se han requisado ya 74 toneladas de cocaína en operaciones marítimas, según la dependencia federal. Los dos principales grupos criminales en México, el Cartel de Sinaloa y el CJNG, que mantienen su propia batalla en la frontera sur, han abierto rutas para el trasiego marítimo desde hace años. Unos caminos escondidos a los que el Gobierno trata ahora de arañarles terreno.