Las incógnitas sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) se han despejado este miércoles con el anuncio de Washington de que no renovará el acuerdo, pero comenzará con una serie de revisiones anuales durante los próximos 10 años. La decisión no implica necesariamente más certidumbre para México y plantea un camino cuesta arriba para la segunda economía de América Latina que recarga en este tratado el 80% de sus exportaciones. El Gobierno mexicano ha reconocido que ya veía venir esta decisión de parte de la Administración de Donald Trump y —hasta cierto punto— se ha mostrado aliviado de que el republicano no decidiera levantarse totalmente de la mesa. “Si Estados Unidos se quisiera salir, ya lo habría hecho”, ha sentenciado el secretario mexicano de Economía, Marcelo Ebrard, después de que la Oficina Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) anunciara su decisión. Ebrard ha planteado un escenario que, aunque no es ideal, cuenta con margen de maniobra para los socios mexicanos. Desde el mes pasado, Washington y Ciudad de México mantienen una serie de conversaciones sobre diversos puntos del tratado que desean mejorar. La USTR ha confirmado este miércoles que esas mesas de trabajo bilaterales continuarán con la siguiente reunión prevista para el 20 de julio en la capital mexicana. Aunque la línea del tiempo sobre cuándo y cómo se llevarán a cabo las revisiones anuales del TMEC no está clara, el secretario de Economía se ha aferrado a la certeza de que los socios lo descifrarán en las próximas reuniones. Ebrard ha asegurado que en las charlas con Estados Unidos “no hay una diferencia estratégica o sustantiva que no podamos resolver”. Con el optimismo por delante, Ebrard ha detallado que el Gobierno estadounidense ha reconocido el papel de los mexicanos por sentarse a la mesa para negociar. También ha revelado que existe una lista de 14 temas pendientes por resolver con Washington. “Sienten que han perdido empleos, particularmente en algunas manufacturas, perciben que hay dependencia respecto a otros países y hay déficit”, ha explicado. El secretario de Economía ha asegurado que para reducir el déficit comercial que reclama Estados Unidos, el impulso a la producción de diversos bienes faltantes en la región pueden servir para aminorar este diferencial. Un punto sensible para ambas economías y que podría desatar uno de los nudos entre los tres países son los aranceles de Trump —los de la llamada sección 232 al acero, el aluminio y el sector automotriz— que tanto México como Canadá han pedido sean eliminados. Mientras el republicano presume de haber reconfigurado el comercio global con su esquema de aranceles, sus principales socios comerciales reconocen que las tarifas han dañado el flujo de industrias clave para la región. Ebrard vislumbra una opción en la que Washington “reduzca (los aranceles de la sección) 232 y nos coordinamos mejor para producir en Norteamérica aquello en lo que somos dependientes”. La calma ante la decisión de Estados Unidos supone también una paciente espera para el resto de los socios. México de esta forma se entrega a la posibilidad de que en la próxima década, otro inquilino de la Casa Blanca esté dispuesto a reconocer la necesidad de integrar a América del Norte comercialmente para competir con otras regiones del mundo. “Para México y Canadá, este escenario podría ser una apuesta calculada, aceptando costos a corto plazo a cambio de la posibilidad de que una futura administración estadounidense aborde el acuerdo con menos hostilidad. Esta apuesta conlleva sus propios riesgos, principalmente una severa reacción de la actual Casa Blanca. Para Washington, las revisiones anuales también podrían ser más aceptables de lo que parecen, manteniendo el acuerdo vigente hasta las elecciones de mitad de mandato de 2026 y conservando la opción de perseguir objetivos más disruptivos después de los comicios”, apuntan desde el Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS).Mientras las elecciones intermedias en Estados Unidos, que se celebrará en noviembre, suponen otro punto de influencia para el futuro de la relación comercial, los mercados prevén que la incertidumbre siga siendo una constante. “No se trata de un escenario de normalización, sino de uno en el que la incertidumbre pasa a ser una característica permanente del marco institucional”, indican desde Finamex. Por su parte, Banamex estima que esta incertidumbre impactó en un 0,3% en el crecimiento del PIB en 2025 y asegura que la falta de claridad sobre el futuro del TMEC “seguirá teniendo efectos adversos sobre la inversión”. Ebrard ha apostado a que la Inversión Extranjera Directa (IED) no caerá tras la reconfiguración del tablero comercial en América del Norte.Uno de los sectores más afectados por el vaivén comercial ha sido el automotriz. La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) ha lamentado el anuncio de la no renovación del tratado. “Esta decisión no contribuye a la generación de certidumbre que requiere la industria automotriz, afectada ya durante casi año y medio por los aranceles 232, que han puesto en desventaja a México frente a otros países y que requieren acciones urgentes de resolución”, ha señalado la organización en un comunicado. Por su parte, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) ha elegido la perspectiva positiva anunciando que el tratado estará todavía vigente hasta 2036. “Confiamos en que en un plazo razonable tendremos un TMEC fortalecido y con nuevas oportunidades para la inversión y el fortalecimiento de las cadenas productivas en México” ha expresado su presidente, José Medina Mora. El vaso comercial, desde México, se ve medio lleno y también medio vacío.
México vislumbra un camino cuesta arriba para asegurar el futuro del TMEC
La negativa de Estados Unidos para renovar el tratado eleva la incertidumbre económica ante el escenario de revisiones anuales durante la próxima década













