Durante años la hegemonía kirchnerista parecía imbatible. Mayoría en las dos cámaras, mayoría en la Corte Suprema, gobernaba 19 de los 24 distritos provinciales y Cristina Fernández de Kirchner en 2011 había sacado el 54% de los votos. Además, el kirchnerismo había logrado ser hegemónico culturalmente. Había una suerte de latinoamericanismo popular en el que conceptos como inclusión y el enfrentamiento a los poderes fácticos estaban en la boca de gran parte de los formadores de subjetividad. Era difícil discutir sobre la suba de servicios, el problema de una economía subsidiada o incluso la inseguridad. Los periodistas críticos rápidamente éramos ubicados junto a “la derecha” y prácticamente cualquiera que los criticara era un cómplice de la dictadura militar incluso habiendo sido detenidos por ella como es mi caso. Sin embargo, al cambiar la ley electoral y generar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), el kirchnerismo puso en pie un nuevo cuadrilátero donde terminaría cayendo por K.O. Sucedió que casi todo el resto de la Argentina que no estaba de acuerdo con su gobierno, encontró una representación en un frente político que tenía a partidos de centro derecha como el PRO, de centro como la UCR e incluso progresistas como la Coalición Cívica ARI que había salido prestigiada de enfrentar la corrupción de Menem y De la Rúa. Esta representación, sumada a las inconsistencias económicas del modelo, escándalos de corrupción y una acertada estrategia de campaña de Macri, quien planteó que admitía que el kirchnerismo había tomado algunas medidas que eran correctas y que estas no se iban a tocar, terminó en la derrota de Daniel Scioli en el balotaje en 2015. Esta es la historia que Milei no quiere que se repita y por eso busca suspender las PASO. Por eso, detrás de una discusión parlamentaria que parece menor y aburrida, como el cambio de una normativa electoral, está el futuro de su proyecto político y la posibilidad de su reelección.
Día 933: Las PASO y el caballo de Troya de la reelección de Milei
Las negociaciones con los gobernadores, la disputa entre el oficialismo y la oposición y los cambios en las reglas electorales configuran un reordenamiento político que podría redefinir el escenario de cara a las elecciones de 2027.











