Ciudad de México / 02.07.2026 01:45:22

País tras país, los gobiernos de izquierda han perdido terreno en Latinoamérica. Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras, Argentina, Venezuela y, más recientemente, Colombia y Perú, forman parte de una creciente marcha regional de la derecha (en algunos casos de la extrema derecha) que contrasta con la llamada “marea rosa” que dominó buena parte de este siglo. Está por verse si este movimiento del péndulo ideológico se consolida y si eventualmente alcanza a México. Sheinbaum ofreció la semana pasada una explicación para esta tendencia. Según dijo en la mañanera, las victorias de la derecha se deben, por un lado, a una campaña en redes sociales coordinada por poderosos grupos conservadores y, por el otro, a que algunos gobiernos de izquierda perdieron cercanía con “el pueblo”. Llama la atención que, dentro de las explicaciones posibles no mencionara la más evidente: la falta de resultados. Es decir, que más allá del discurso y de las campañas en redes sociales, los gobiernos de la región no lograron mejorar lo suficiente las condiciones de vida de la gente. Puede que parezca lejana la posibilidad de que esto ocurra en México (la 4T sigue muy popular), pero Sheinbaum haría bien en reconocer esta dinámica si no quiere correr la misma suerte que sus pares.Cada país tiene sus particularidades, pero existe un patrón común. En casi todos los casos en los que la izquierda perdió el poder pesaron dos factores: economías débiles y una creciente sensación de inseguridad. Los gobiernos de Venezuela y Argentina reforzaron, para muchos votantes, la percepción de que la izquierda es un pésimo administrador de la economía, mientras que la estrategia de seguridad de El Salvador proyectó la idea de que la derecha está más dispuesta a enfrentar al crimen. No por nada los nuevos liderazgos de derecha llegaron prometiendo crecimiento económico, libre mercado y mano dura contra la delincuencia.Este reacomodo político también tiene implicaciones geopolíticas. Una Latinoamérica con más gobiernos de derecha le facilita a Trump construir alianzas para impulsar su agenda regional. Es probable que veamos una mayor coordinación en el combate al narcotráfico, políticas migratorias más restrictivas y un mayor esfuerzo por contener la influencia de China en el continente. Pese a la marcha de la derecha, los dos países más importantes de AL, Brasil y México, se han resistido. México padece los dos principales factores de descontento que impulsaron los cambios políticos en otros países: crecimiento económico insuficiente y persistente crisis de seguridad. La economía sigue sin despegar y, aunque la estrategia de seguridad parece dar resultados, el problema dista mucho de estar resuelto. Si el gobierno logra mejorar en ambos frentes, tendrá mayores posibilidades de romper la tendencia regional. Si no, el péndulo latinoamericano puede llegar también a nuestro país.