Ya hay una decena de selecciones en octavos de final del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México 2026 y, después de muchos días de espera, de ver eliminaciones sorpresa –que deben servirle de advertencia– y clasificaciones históricas, es el turno de España, que se mide a Austria en Los Ángeles en una primera ronda eliminatoria que se ha convertido en barrera. Por eso, superar los dieciseisavos significa mucho más que pasar una eliminatoria. Antes de que la selección española conquistase el mundo, se llegaba a los grandes torneos con pesimismo. Las eliminaciones previas habían asentado un sentimiento de no estar a la altura, pese a que muchas habían sido injustas o polémicas. Y luego estaba la conocida como la 'maldición de cuartos'. Hasta la Eurocopa 2008. La Roja rompió por fin ese techo, se proclamó campeona continental y ya no frenó: campeona del mundo en 2010 y de nuevo de Europa en 2012. Sin embargo, la euforia se detuvo con la decepción de Brasil 2014 y se prolongó en todas las citas hasta 2024. Con el surgimiento de una nueva estrella, Lamine Yamal, y con un juego de nuevo brillante, España volvió a reinar en Europa. Y quiere hacerlo también en el Mundial para quitarse el mal sabor de las tres últimas ediciones, en las que no fue capaz de pasar la primera eliminatoria, algo que no consigue desde 2010. Ha firmado una fase de grupos de altibajos, con un debut discreto, una goleada y un partido duro en el que supo sufrir y ser eficaz para terminar primera de grupo. Pero ahora llega la hora de la verdad. Ya no hay red que le permita un tropiezo. Y, aunque se enfrenta a una Austria que solo ha ganado un partido, ante Jordania (3-1), hasta la fecha, con bajas importantes como las de Nico Williams o Yéremy Pino, que pagaron el peaje de la dureza de Uruguay, o Víctor Muñoz, el aliciente de estar jugando un Mundial da un punto más a equipos de, a priori, menor entidad. Que se lo digan a Alemania, eliminada por una Paraguay con los mismos registros que ostenta el rival de la Roja. Eso sí, una cosa es no confiarse y otra muy distinta, no confiar. La selección llega sin haber encajado un solo gol en todo el torneo. De hecho, ha mantenido la puerta a cero en 10 de sus últimos 13 partidos. Y es el segundo equipo que menos tarda en recuperar el balón (solo 29.94). Tampoco tiene nada que envidiar a las mejores con sus números en ataque: es la que más rompe líneas (72) y suma cinco goles. Además, España suma 34 partidos sin perder en tiempo efectivo de juego (90 o 120').Además, tiene a un Lamine Yamal lleno de ambición y confianza, junto a Oyarzabal, que ha demostrado ser un seguro de cara a puerta con la camiseta de España. Baena también ha dado un paso adelante con la ausencia de Nico Williams. Muchas razones para creer. Y un once prácticamente definido. Se espera que el único cambio sea el regreso a la titularidad de Dani Olmo, mientras que la gran duda es quién ocupará el lateral derecho: Pedro Porro o Marcos Llorente. El resto, los mismos para romper la barrera ante una Austria que se citó con España con un agónico tanto en el último minuto.