Andrea M. Rosa del PinoActualizado Jueves,

julio

03:24Dicen que dicen —una de las canciones m�s escuchadas del segundo disco de La Oreja de Van Gogh— arranca con una frase que cualquier coach cobrar�a 3.000 por decirte en un auditorio: "Caer est� permitido, levantarse es una obligaci�n". Un verso que en el 2000 no era m�s que un lema lanzado al viento, una consigna que sonaba bien. Pero hoy, en el 2026, podr�a ser el t�tulo de la biograf�a no autorizada de Amaia Montero. Durante los �ltimos cuatro a�os —despu�s de colgar una foto despeinada, compararse con Mal�fica y cargar contra Pedro S�nchez y Marine Le Pen—, la int�rprete ha vivido un verdadero torbellino de cr�ticas. Sobre todo, despu�s de que sus cuatro compa�eros despidieran a Leire y volvieran a contar con ella. Y supongo que para algunos el hecho de lanzarle dardos est� justificado. Hay que quemar a alguna bruja y Dios sabe que no ser� quien diga d�nde poner la antorcha. Pero, despu�s de ver cuatro conciertos de La Oreja de Amaia, estoy segura de una sola cosa: Montero acaba de entrar en ese club de artistas a los que primero les contamos los gallos y, tres d�cadas despu�s, les dedicamos un documental en Movistar +. Y es que esta gira tiene una trama tan dram�tica como la del V�a Crucis: condena popular, agon�a extendida y, finalmente, una resurrecci�n de proporciones b�blicas. El pasado 27 de junio, Marenostrum, Ayuda en Acci�n y el programa Impulsa -que busca fomentar el empleo juvenil-, nos invit� al �ltimo concierto de LODVG en Fuengirola y lo que yo vi me pareci� una remontada m�s grande que la del M�laga: despu�s de dos meses combatiendo contra una inseguridad invalidante, Amaia ha utilizado la mala leche como un trampol�n y ha pasado de estar tambale�ndose en el abismo a respirar por encima de Twitter y TikTok. No voy a mentir, el tercer show de Montero en Madrid dej� mucho que desear. Y no hab�a que ser un experto para saber que era la presi�n lo que la pon�a nerviosa. El miedo la aturd�a, la ansiedad la hac�a perderse, y a ratos incluso parec�a estar desconectada de la audiencia, la realidad y hasta del aire. No obstante, el fin de semana, la m�sica obr� un milagro, Montero adquiri� la fuerza del Basajaun y hoy irradia m�s seguridad que Lady Gaga vestida de filete. Salta sin parar, canta sentada, acostada y a punto de hacer el pino puente y se ha empoderado tanto, que La Oreja ha extendido el setlist y han vuelto a agregar Todos estamos bailando la misma canci�n. El �ltimo sencillo de la banda que, en mayo, Montero se ve�a incapaz de cantar. Y lo borda. La voz no le tiembla. Y ni siquiera suda cuando entona �l �ltimo vals, porque ha logrado que el fantasma de Leire, por fin, deje de pedir un bis. Amaia ha vuelto a ser "la reina del pop", la emperatriz del karaoke y, por supuesto, la patrona de la improvisaci�n vocal. Porque Montero tambi�n es eso: una cantante incapaz de interpretar una canci�n dos veces de la misma manera. Donde otros respetan la melod�a, ella mete un "he, he, he", alarga una s�laba y se inventa un agudo imposible. A veces funciona, a veces no. Pero, cuando lo hace, recuerdas que las excentricidades tambi�n desatan ovaciones. Aunque ella crea que no las merece. "Chicos, que no soy para tanto", dijo el s�bado, despu�s de que Marenostrum gritara "Amaia Montero, te quiere el mundo entero". Y la verdad es que s�, levantarse es para tanto. Lo que pasa es que tenemos una curiosa habilidad para llegar siempre tarde. Durante a�os, convertimos a Britney en un chiste... y hoy la tratamos como un s�mbolo de resistencia. Permitimos que los tabloides destrozaran a Winehouse y hoy hablamos de ella como si siempre hubi�ramos sabido que era un genio. Somos excelentes fabricando leyendas. El �nico problema es que casi siempre empezamos a aplaudirlas cuando ya hemos terminado de abuchearlas. "Baj� al mism�simo infierno, pero aqu� estoy", declar� Amaia en el concierto inaugural de la gira y hoy, despu�s de 11 fechas, pareciera que ya no pide permiso para existir. Al contrario, disfruta. Canta con �lvaro Fuentes, baila alrededor de su amigo Haritz y cada noche se funde en un abrazo con Xabi San Mart�n, que m�s que su confidente es su lazarillo. Es quien le pone voz al p�blico cuando los aud�fonos la a�slan del exterior. Es quien le recuerda cu�ndo volver a entrar cuando las luces la despistan... o se apagan. "Mira que hay historias de amor bonitas. Pero, para m�, la nuestra es la historia de amor m�s bonita del mundo", le coment� Montero a Xabi la semana pasada. Y, viendo c�mo constantemente se buscan la mirada, cuesta llevarle la contraria. Porque hay personas que aparecen para salvarte la vida. Y otras que consiguen algo mucho m�s dif�cil: devolverte la que pensabas que hab�as perdido. Y quiz� por eso las mejores historias de amor no siempre terminan en boda. Algunas acaban en un escenario, mirando al mar, en Fuengirola.