Xóchitl Guadalupe Cruz López, originaria de la Zona de los Altos de Chiapas, México, estudia en cuarto año de la escuela “Josefa Ortiz de Domínguez”. En 2018, se convirtió en ser la primera niña en recibir un logro internacional por un invento ecológico. El premio fue por un proyecto con un fuerte impacto social: un calentador solar de agua construido con materiales reciclables y diseñado para familias de bajos recursos.A sus 8 años, diseñó y elaboró un calentador solar para su casa. Para ello utilizó 10 botellas de plástico, dos metros de manguera, dos puertas de cristal de una heladera rota y dos trozos de madera. Entre ella y su padre lo instalaron en la terraza de su casa. A este proyecto lo llamaron “Baño Calientito”.El logro llamó la atención no solo por la corta edad de la inventora sino también por el problema que eligió abordar. En una región donde muchas familias aún dependían de la leña para calentar agua, Xóchitl concibió una solución sencilla, económica y más ecológica, transformando la chatarra en tecnología útil para la comunidad.El proyecto que catapultó a Xóchitl a la fama se asoció con el nombre de "Baño Calientito" y nació con un objetivo claro: ofrecer agua caliente a familias de bajos recursos sin aumentar la tala de árboles para la producción de leña. El invento se construyó utilizando objetos reciclados y energía solar. Según una entrevista que Xóchitl concedió a La Jornada , el sistema empleaba puertas de vidrio de una heladera rota, 10 botellas de PET, una manguera y trozos de madera ; una combinación suficiente para formar un calentador funcional y de bajo costo.Más que un simple experimento escolar, el equipo demostró una utilidad práctica. El calentador tenía una capacidad de hasta 50 litros de agua, una cantidad significativa para un proyecto doméstico creado por una niña e instalado con el apoyo de su propia familia.Cómo funcionabaLa lógica detrás del calentador desarrollado por Xóchitl era simple y eficiente. La estructura aprovechaba la radiación solar sobre materiales reciclados para calentar agua, transformando elementos desechados en un sistema de uso cotidiano en el tejado de la casa.El cristal de la heladera ayudaba a conservar el calor, mientras que la manguera y las botellas formaban parte del circuito por el que circulaba el agua antes de ser utilizada. El valor científico del proyecto residía precisamente en esta combinación de principios físicos básicos , reutilización de residuos y aplicación práctica en un contexto de necesidad real.Este tipo de solución atrajo la atención porque no dependía de un laboratorio sofisticado ni de equipos costosos. El proyecto partió de la observación del problema, utilizando materiales accesibles de forma inteligente e intentando construir una alternativa viable para quienes no podían permitirse los calentadores convencionales.