La Oficina Independiente de Conductas Policiales (IOPC, por sus siglas en inglés), el organismo que vigila los posibles abusos de las fuerzas del orden del Reino Unido, ha abierto una investigación por negligencia grave a dos de los agentes que esposaron y arrestaron en la fatídica noche del pasado 3 de diciembre en Southampton al joven Henry Nowak, que agonizaba en ese momento, después de haber recibido varias puñaladas mortales, una de ellas en el corazón. La IOPC ha indicado que el expediente abierto se centrará en el potencial error de los agentes al no haber detectado que Nowak necesitaba ayuda médica con urgencia, y al proceder a esposarle y detenerle antes de llevar a cabo una respuesta de primeros auxilios.“Hay además indicaciones de que uno de los dos agentes pudo haber infringido las normas policiales de conducta relativas a la necesaria autoridad, respeto y cortesía, al haber puesto en duda aparentemente la afirmación de Nowak de que había sido apuñalado”, ha afirmado este miércoles la IOPC. Nowak regresaba tarde a su casa después de una fiesta con el equipo de fútbol en el que jugaba. Era de noche en Belmont Road, al noreste de Southampton. El joven estaba enviando constantemente mensajes a sus amigos a través de Snapchat, la red social de uso más común entre los adolescentes británicos. Al encontrarse con Vickrum Digwa, de 21 años, grabó un vídeo. Podía verse una gran daga, envainada, que Digwa portaba a la altura del pecho. Sin esconder.Los sijs portan consigo, desde una edad temprana y como rito iniciático, esa daga, el kirpan. Es un símbolo de coraje y justicia, nunca un arma ofensiva. Deben usarlo para proteger a los débiles, y es un mandato de su religión. Los sijs han arrastrado siempre fama de valientes y arrojados.Digwa, sin embargo, no dejaba de repetir en el vídeo “soy una mala persona”, antes de que la grabación se cortara.Es otro vídeo, sin embargo, el que provocó la cólera de políticos y ciudadanos. Fue hecho público con permiso de la familia de la víctima, una vez concluido el juicio contra Digwa, en el que fue condenado a una pena de prisión permanente revisable con un cumplimiento mínimo de 21 años.En ello, los policías llegan al lugar de los hechos, según muestran las imágenes. Nowak agoniza en el suelo. Ha intentado saltar una valla después de recibir las cuchilladas. Dos en las piernas. Otra mortal en el corazón. “Me han apuñalado”, “no puedo respirar”, repite. Hasta nueve veces llega a decirlo.A pocos metros de él, Digwa explica a los agentes que ha sido víctima de un ataque racista. Su presunto agresor, que yace en el suelo, asegura que Nowak le ha despojado de un golpe del turbante con que todos los varones sij se cubren la cabeza, le ha estirado del pelo y, como consecuencia del impacto, su ojo izquierdo está algo hinchado. No deja de señalarse el párpado, y los agentes parecen más interesados en corroborar su versión que en atender al joven, que apenas puede tomar aire.“¿Te han apuñalado? ¿Dónde?”, responde un agente con escepticismo. “No lo creo, colega”, ironiza. Este es el agente al que la IOPC ha señalado por infringir las exigidas normas de conducta policial.A pesar de que una mujer oficial insiste en que deben comprobar si hay heridas de puñal, un agente arrastra con fuerza a Nowak de un brazo, procede a esposarle y le recita de carrerilla sus derechos como detenido.Pasado un primer minuto, según relató el juez en su auto, sin embargo, los agentes comprenden la gravedad de la situación y proceden a practicar los primeros auxilios. De nada sirvieron.Daños a la confianza pública en la policía“Hay claras pruebas de que la confianza pública en la policía puede haberse deteriorado gravemente por este incidente, y ese factor lo debemos tener en cuenta a la hora de valorar las pruebas”, ha explicado Derrick Campbell, el director de Relación con los Ciudadanos del IOPC, después de reunirse con los padres de Nowak para anunciarles la apertura de la investigación.“La comunicación [a los agentes] de una investigación por negligencia grave no significa necesariamente que haya a continuación un procedimiento disciplinario”, ha advertido Cambpell.El IOPC investigará también, según ha explicado, si la raza o la religión de Nowak o de su asesino, Digwa, influyeron en las acciones de los agentes, y si estos se vieron condicionados por presunciones respecto a posibles tensiones raciales en las comunidades bajo su vigilancia.La sentencia de Digwa, y sobre todo la difusión del vídeo del arresto en las redes sociales, encendieron las calles del Reino Unido, con violentas protestas de grupos de ultraderecha.A ello contribuyeron las llamadas a una respuesta popular de políticos como Nigel Farage. “La familia de Henry ha respondido de un modo digno. Pero yo sugiero que el resto de nosotros respondamos con pura y fría rabia. Todos los principios y valores de un país libre, por los que todos son iguales ante la ley, han sido arrojados a la basura”, proclamó Farage con su habitual tono incendiario, a pesar de la tajante condena del juez. “El Reino Unido sufre una cultura de doble rasero, en la que los derechos y los privilegios de la gente blanca pesan menos que los de las minorías étnicas”.Junto a la llamada de Farage, las redes sociales se inundaron de mensajes de indignación, pero también de anuncios de violencia y sabotaje. El líder ultraderechista, Tommy Robinson, convocó a sus seguidores a concentrarse frente a la comisaría de policía de Southampton que llevó el asunto. Varios centenares de personas siguieron su llamada y expresaron su rabia frente al edificio. Durante aquella noche, las calles de Southampton sufrieron episodios de violencia con 11 agentes heridos y decenas de detenidos.