Roig Almeda llegó al Estadio Azteca con la emoción de ver a México por primera vez en un partido mundialista, pero también con una molestia difícil de esconder. Antes de que la pelota rodara ante Ecuador en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, el aficionado tricolor habló más de precios que del juego. TE PUEDE INTERESAR: Infantino defiende los precios del Mundial y se rinde ante el Azteca: “Es una catedral del futbol”Su boleto, contó, fue un regalo de su hija y costó tres mil dólares en reventa. Para él, no era solo una entrada cara, sino una muestra de cómo el futbol se alejó de la gente que lo ha sostenido desde siempre.“La neta están manchadísimos”, dijo sobre los precios dentro del estadio. Lo que más le pegó fue la cerveza: “Una chela 300 varos, carísima. Está increíblemente caro”. Después lo puso en una dimensión más cruda: para él, pagar una cerveza equivalía a un día de trabajo. Del otro lado también hubo historias de esfuerzo, aunque con otro tono. Mauricio y Lourdes llegaron desde Nueva York para apoyar a Ecuador en un partido que no tenían del todo contemplado. Compraron sus boletos más tarde porque, según contaron, no sabían si su selección iba a avanzar a esta instancia. Ya con la clasificación confirmada, hicieron el gasto y se lanzaron a la Ciudad de México para acompañar a La Tri en el Azteca. Forman parte del cinco por ciento de ecuatorianos que estarán en el estadio. Pese a la tensión y a lo que se había generado alrededor del partido, con la serenata y la mala logística que alargó el vuelo de La Tri, los aficionados ecuatorianos bajaron cualquier tipo de rivalidad.“Todo en paz, somos hermanos, naciones hermanas”, dijo Mauricio, quien también contó que había ido a ver a México en el partido ante Chequia y que ahora estaba ahí para apoyar a Ecuador. La previa, sin embargo, terminó marcada por la lluvia. Alrededor de las 17:30 horas, una tormenta eléctrica obligó a activar el protocolo de seguridad dentro del estadio y atrasar una hora el inicio del partido. Voluntarios de la FIFA, con megáfonos, pidieron a los aficionados resguardarse en los túneles, aunque varios hicieron caso omiso.La insistencia subió de tono cuando una voluntaria lanzó una petición desesperada: “Por amor de Dios, protéjanse”.Aun así, el ambiente no se apagó por completo. Entre la lluvia, los relámpagos y la espera, algunos mexicanos encontraron tiempo para hacer ruido y echarle bulla a un aficionado ecuatoriano, mientras otros corrían hacia los pasillos para cubrirse. El partido entre México y Ecuador cambió de horario, pero antes de empezar ya había dejado otra postal: boletos caros, cerveza imposible, ecuatorianos de último momento y una tormenta que también jugó su propio partido.