Como ingeniero civil, Jesús Valdez Aguilar, director de la oficina de Miyamoto International en México, tiene la responsabilidad de decidir cuánto riesgo puede asumir cada brigadista en las labores de búsqueda y rescate en Venezuela.Él se encuentra con la Cruz Roja Mexicana en el Centro Comercial Galerías Playa Grande, donde se ha escuchado la voz de una persona con vida. “Conforme los rescatistas avanzan, les voy indicando cómo apuntalar la estructura, dónde estabilizarla y, sobre todo, en qué lugares pueden o no cortar una losa para que trabajen con seguridad”, dice en entrevista vía remota para Milenio.No es la primera vez que Jesús Valdez enfrenta una escena y una labor así. En septiembre de 2017 también estuvo frente al edificio de Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma de la Ciudad de México.Durante 15 días y 15 noches, ese inmueble mantuvo viva la esperanza de encontrar sobrevivientes. Al final fueron rescatadas 28 personas con vida y recuperados 49 cuerpos. Cada decisión estructural podía significar salvar una vida… o provocar un colapso y ahí estaban ingenieros civiles protegiendo la vida de los grupos de rescate.Ahora, casi nueve años después, la historia parece repetirse en este edificio de La Guaira.Una tragedia sin precedente regionalComo ocurrió en el edificio de Álvaro Obregón 286, el tiempo ya no se mide en horas. Se mide en la resistencia de la esperanza.La Guaira, el caribe de los caraqueños, es una ciudad bajo los escombrosA unos 30 kilómetros de la capital de Venezuela, La Guaira dejó de parecer una ciudad. Es un territorio de edificios inclinados, columnas partidas, concreto pulverizado y familias que permanecen inmóviles frente a montañas de escombros, esperando escuchar el sonido que les devuelva a sus seres queridos.En sectores como Catia La Mar, hasta el 90 por ciento de las edificaciones presentan daños estructurales severos o colapsaron por completo. Especialistas consideran que América Latina no había registrado una devastación urbana de esta magnitud concentrada en una sola ciudad.“Es la tragedia estructural más grande que me ha tocado vivir”, afirma Valdez después de recorrer por primera vez la zona costera. Su diagnóstico es demoledor.Casi una quinta parte de los edificios colapsó totalmente y prácticamente todos los demás presentan daños severos que comprometen su estabilidad.Valdez llegó junto con Enrique Ochoa, líder de la Brigada de Rescate Internacional Cancún (BRIC), en un vuelo humanitario de Volaris coordinado por la Cruz Roja. El aeropuerto internacional de Maiquetía, gravemente afectado por el sismo, apenas pudo habilitar parcialmente sus pistas para permitir la llegada de ayuda internacional.Pero ninguna fotografía alcanzaba para anticipar lo que encontrarían. Entre las ruinas, los familiares guardan silencio para escuchar cualquier golpe, cualquier crujido, cualquier voz. Un sonido basta para señalar un punto entre los escombros y suplicar a los rescatistas que no dejen de excavar.Han transcurrido casi 140 horas desde que dos terremotos consecutivos, de magnitudes 7.2 y 7.5, cambiaron para siempre el rostro de La Guaira.El análisis satelital preliminar elaborado por Jesús Valdez, a través de Miyamoto International, revela una dimensión estremecedora.“Estamos hablando de un desastre sin precedentes, no sólo para Venezuela, sino para toda la región, pues impactó a una población de 10 millones de habitantes”.¿Por qué cayó una ciudad entera?La respuesta de ¿por qué cayó una ciudad entera? no está en una sola causa, sino en la convergencia de múltiples vulnerabilidades: un doble terremoto separado por apenas 39 segundos; la licuefacción del suelo; una población sin cultura sísmica, porque hacía 126 años que no se registraba un evento de esta magnitud; edificios envejecidos y el acero corroído por la falta de mantenimiento; reglamentos de construcción desactualizados; y una ciudad turística abarrotada por el feriado nacional.A diferencia de Ciudad de México en 2017, donde las ondas sísmicas recorrieron cientos de kilómetros antes de amplificarse, en La Guaira el epicentro estuvo prácticamente debajo de la ciudad.“La sacudida fue extremadamente violenta, con aceleraciones muy altas y periodos muy cortos. Ese tipo de movimiento castiga especialmente a edificios bajos y a construcciones cimentadas superficialmente sobre arena, como ocurrió en esta ciudad costera”, explica Valdez.El segundo factor fue la licuefacción. Durante el terremoto, los suelos arenosos saturados perdieron resistencia y comenzaron a comportarse como un líquido espeso.“Literalmente los edificios se fueron de lado. Se inclinaron y algunos terminaron volcándose”.
De Álvaro Obregón 286 a Venezuela rescatistas mexicanos en La Guaira
Jesús Valdez Aguilar, director de la oficina de Miyamoto International en México, tiene la responsabilidad de decidir cuánto riesgo asume cada brigadista.











