NoticiaEntre piques nocturnos y caos vehicular, la carrera 60 vive un calvario. Secretaría de Movilidad ya impuso más de sesenta comparendos en la zona.En los celulares de los vecinos abundan videos que registran las competencias clandestinas y los vehículos a altas velocidades como prueba de su denuncia. Foto: City Tv30.06.2026 11:18 Actualizado: 30.06.2026 11:18
El silencio nocturno desapareció del barrio JJ Vargas, en la localidad de Barrios Unidos. Al recorrer la carrera 60 y conversar con los habitantes del sector, Todos coinciden en el mismo desespero. Las familias abren las puertas de sus casas con el cansancio reflejado en el rostro y relatan la misma pesadilla: desde hace varios meses, este corredor residencial se transforma de forma drástica apenas cae la noche. Las aceras que de día son tranquilas, de jueves a domingo se convierten en el palco de un espectáculo peligroso.Para quienes habitan en los primeros pisos de los conjuntos residenciales frente a la avenida, la situación es insostenible. Carlos Alberto Mendoza, un ingeniero civil de 45 años y residente del sector desde hace una década, describe la afectación directa en su hogar. "Aquí ya no se puede dormir. El estruendo de los motores hace vibrar los vidrios de las ventanas y mis hijos se despiertan asustados a la medianoche. Pasamos de la tranquilidad total a vivir al lado de una autopista de carreras sin ningún control", afirma Mendoza con evidente frustración.Operativo contra piques ilegales en Bogotá. Foto:Secretaría de Seguridad de BogotáLos afectados explican que el calvario empieza hacia las 11:00 p. m. y se extiende de largo hasta las 3:00 a. m. Durante esas cuatro horas, el ruido de los exostos modificados impide el descanso de hogares enteros. La falta de sueño no solo deteriora la salud de los niños y de los adultos mayores, sino que destruye la productividad de los trabajadores.Liliana Restrepo, propietaria de una panadería local y habitante del barrio, sufre las consecuencias cada mañana. "Mi jornada laboral arranca a las 4:30 de la mañana para preparar el producto. Es imposible rendir en el trabajo cuando el ruido de las motos y los carros frena el descanso hasta la madrugada. Prácticamente iniciamos el día con la fatiga acumulada de noches enteras en vela", relata la comerciante.En los dispositivos móviles de los vecinos hay decenas de videos que guardan como prueba de su denuncia. Al revisar estas grabaciones, hechas desde las ventanas y balcones, la gravedad del asunto es evidente: autos a velocidades absurdas, competencias palmo a palmo e incluso vehículos que transitan en contravía. Quienes viven allí advierten que la preocupación ya superó el tema del ruido; el temor real es que ocurra una tragedia mortal en cualquier momento, pues cruzar la calle a esa hora implica un riesgo inminente para la vida.La carrera 60 se convierte de jueves a domingo en el escenario de los piques ilegales. Foto:Redes Sociales LEA TAMBIÉN La problemática de la carrera 60 se entiende mejor al revisar su diseño vial y su ubicación estratégica en el corazón de la ciudad. Este corredor nace desde la Avenida Carrera 68 y se extiende en sentido norte-sur hasta conectar de forma directa con la Avenida Calle 26. Es una arteria de alta capacidad, construida con tres carriles en cada una de sus calzadas y caracterizada por la escasez de semáforos, una condición que facilita el flujo vehicular rápido pero que, sin la vigilancia adecuada, propicia los abusos de velocidad nocturnos.En este trayecto de la carrera 60, la geografía urbana combina el deporte, la movilidad y el comercio. Al avanzar hacia el sur, justo en la intersección con la Calle 63, la vía cuenta con una glorieta que distribuye el tráfico de la zona. Posteriormente, el corredor pasa frente a la Unidad Deportiva El Salitre, un punto de referencia neurálgico para atletas y familias de toda la capital.Sin embargo, el drama del barrio JJ Vargas no es exclusivo de las madrugadas; la zona sufre una mutación drástica a la luz del día. Durante los sábados, domingos y días festivos, el sector se transforma en el epicentro del tradicional "plan postre" de la ciudad. Cientos de ciudadanos acuden a los establecimientos gastronómicos del sector, una afluencia masiva que desborda la capacidad de la malla vial. Ante la falta de estacionamientos suficientes, se forman extensas filas de carros particulares sobre la avenida. Este bloqueo diurno ahoga los accesos al barrio, satura los tres carriles de la calzada y genera un trancón descomunal que altera, una vez más, la rutina y la paciencia de los residentes.Este no es un problema nuevo, es una actividad con la que han lidiado los residentes de la zona. Foto:Secretaría de MovilidadAnte las quejas de la comunidad, EL TIEMPO consultó a la Secretaría de Movilidad sobre los controles en este sector de Barrios Unidos. La entidad distrital aseguró que fortaleció de manera permanente las acciones de control en la ciudad y que, gracias a las labores de monitoreo, se logró una reducción del 75 por ciento en las llamadas que denunciaban piques ilegales.No obstante, el Distrito reconoció de forma expresa la persistencia de este problema en el noroccidente de la capital. La Secretaría identificó nuevos puntos de concentración de esta práctica clandestina, entre ellos el corredor de la carrera 60, específicamente en el tramo comprendido entre las calles 68 y 63.De acuerdo con el balance oficial de la entidad, durante este año se intensificaron los operativos en este punto crítico de Barrios Unidos. Como resultado de estas intervenciones, las autoridades de tránsito impusieron 65 comparendos e inmovilizaron 10 vehículos. Asimismo, la Secretaría de Movilidad indicó que instala puestos de control fijos y que activó un protocolo de reacción y acompañamiento con la Policía Metropolitana de Bogotá para actuar de inmediato cuando se detectan concentraciones asociadas a las carreras clandestinas. La entidad estatal reiteró su compromiso de mantener estas acciones en los diferentes puntos de la ciudad para proteger la vida de todos los actores viales.A pesar de estas cifras institucionales, el reclamo de los afectados llegó también al Concejo de Bogotá a través del cabildante Cristina Calderón Restrepo. La concejal expuso el descontento vecinal y cuestionó la efectividad a largo plazo de las medidas actuales ante la persistencia de las convocatorias clandestinas en la zona. La solicitud de la comunidad del barrio JJ Vargas se mantiene firme: exigen un esquema de seguridad vial definitivo para recuperar la paz en sus hogares.El panorama de este sector no es un hecho aislado en la capital. Los reportes acumulados de este año demuestran que las pistas clandestinas se toman de forma recurrente otros corredores de la ciudad, como la Avenida Circunvalar a la altura de La Macarena, la Avenida Calle 26, la Avenida Boyacá con Calle 170 y la Autopista Norte con Calle 138.Tania Alejandra López CastiblancoREDACCIÓN BOGOTÁ Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







