La excelencia vocal volvió a redimir en el Teatro Real las carencias y los excesos de una errática producción escénica. Esta vez, sin embargo, la salvación llegó de las voces masculinas, en un estreno que tampoco comenzó bien en lo musical. Costó reconocer en los primeros compases el filo teatral de Nicola Luisotti, director emérito de la casa, precisamente en Il trovatore: la ópera con la que inició hace 25 años, en la Ópera Estatal de Stuttgart, su carrera internacional como especialista en Giuseppe Verdi y con la que debutó en el Real en 2007. La accidentada escena inicial, con los metales rezagados, desactivó su tenso desenlace.El primer gran momento de la noche no llegó hasta el segundo acto. Lo protagonizó el barítono Artur Ruciński con una interpretación modélica de Il balen del suo sorriso, el aria en la que el villano baja la guardia y se descubre enamorado. El polaco ofreció una lección de legato y cantilena verdiana, y fundió en una misma línea la pasión y la obsesión del conde de Luna por Leonora. Brilló especialmente en el ascenso al sol agudo, atacado en dolcissimo, y añadió una fermata final de su propia cosecha. La pena fue que, a continuación, el atronador acompañamiento de Luisotti arruinara la cabaletta Per me, ora fatale y sepultara la nobleza exhibida en el aria.El otro gran destello llegó tras el descanso. Lo encarnó su antagonista en escena y compatriota fuera de ella, Piotr Beczała, hoy uno de los principales intérpretes del trovador Manrico. El tenor de Czechowice-Dziedzice, que debutó el personaje con gran éxito en Zúrich en 2021, cerró la tercera parte con un bellísimo Ah sì, ben mio, donde desplegó lirismo, squillo y refinamiento, coronados con el añadido de un descollante si bemol agudo. Enlazó después con la célebre cabaletta Di quella pira, cantada además en su tonalidad original. Y no renunció al do sobreagudo final, una nota que Verdi no escribió, que la tradición interpoló y que el compositor terminó aceptando siempre que se emitiera con belleza y poderío. Fue exactamente lo que hizo Beczała.También el mejor Luisotti reapareció tras el descanso. El acompañamiento de esta scena ed aria de Manrico devolvió el filo teatral echado en falta al comienzo. Más discutible fue que avalara la supresión de las repeticiones de las cabalettas, tanto en Di quella pira como en las dos de Leonora, Di tale amor y Tu vedrai che amore in terra. Marina Rebeka lució técnica en ambas, pero nunca terminó de sonar cómoda. La soprano letona había comenzado con buen legato y un tono plateado en la cavatina Tacea la notte placida, aunque llegó calante al do sobreagudo final. Mejoró en la plegaria D’amor sull’ali rosee, de la cuarta parte, sin llegar a construir una caracterización memorable del personaje.Tampoco Ksenia Dudnikova alcanzó como Azucena en este Trovatore la excelencia mostrada esta misma temporada como Olga en el Eugenio Oneguin de Valencia y como Laura en La Gioconda del Liceu. En la sombría canzone Stride la vampa!, la mezzosoprano uzbeka exhibió su bruñida vocalidad y unos graves rotundos, aunque la tensión afloró ya en cada ascenso al agudo. A ello se sumó una dicción más que discutible, que volvió casi incomprensible Condotta ell’era in ceppi, el aria narrativa sobre la que pivota todo el drama. Azucena cuenta en ella cómo raptó al hijo del viejo conde de Luna para vengar a su madre, condenada por él a la hoguera, pero, en pleno delirio, confundió a los dos niños y arrojó a las llamas a su propio hijo.Entre los secundarios, el bajo Krzysztof Bączyk compuso un sólido Ferrando, aunque deslizó inflexiones veristas de dudoso gusto en la narración que abre la ópera. La soprano Rocío Faus cumplió con solvencia como Inés, confidente de Leonora. Y el Coro Titular del Teatro Real, preparado por José Luis Basso, volvió a brillar por empaste, precisión y proyección, sobre todo en su sección masculina: tanto en el marcial Squilli, echeggi la tromba guerriera de la tercera parte como en el Miserere d’un’alma già vicina de la cuarta.Pero lo peor de esta producción, que cierra la temporada 2025-2026 del Teatro Real, fue la errática dirección escénica de Francisco Negrín recibida con algunos abucheos en el saludo final. Estrenada en el coliseo madrileño hace siete años, en coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Real Ópera Danesa, nació del éxito obtenido por el régisseur hispano-mexicano en el Arena Sferisterio de Macerata en 2013, donde volverá a representarse este verano.La versión madrileña conserva el mismo universo conceptual: fuego, memoria y noche, con Azucena como eje, un coro fantasmal y una obstinada voluntad ilustrativa. Al aire libre, con el muro real del Sferisterio incorporado al espectáculo y las llamas desplegadas a gran escala, esa estética quizá encuentre cierta justificación. En Madrid, en cambio, el feísmo del cubo cerrado diseñado por Louis Désiré concentra la oscuridad de la iluminación de Bruno Poet y deja al descubierto todo el didactismo innecesario.A la discretísima dirección de actores se suman numerosos dislates dramatúrgicos desde el arranque: la aparición prematura de Azucena, la presencia del coro fantasmal o la escenificación de un duelo a espada entre Manrico y el conde de Luna. Todo ello mientras la orquesta toca en mi mayor, una tonalidad que en Verdi no evoca angustia, miedo ni violencia, sino poder. Bastaría con que la dirección escénica confiara más en las partituras de Verdi, que, como explicaba Riccardo Muti hace pocos días en este periódico, son ya extraordinariamente explícitas.Así, el Real cierra la temporada 2025-2026 como la abrió: con Verdi, con Luisotti en el foso y con una reposición que no merecía semejante puesta en escena. En septiembre fue el Otello de David Alden; ahora, el Trovatore de Negrín. En ambos casos, el canto acudió al rescate. Entonces salvó la noche una soprano, Asmik Grigorian; anoche lo hicieron las voces masculinas.Ellas dispondrán de dieciséis funciones para tomarse la revancha, repartidas entre otros tres elencos. Saioa Hernández y Anna Netrebko se alternarán como Leonora; Anita Rachvelishvili, Teresa Romano y Clémentine Margaine, como Azucena; y Vittorio Grigòlo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov, como Manrico. Nombres ilustres para confirmar, función tras función, la moraleja de esta temporada: en el Teatro Real, con leves excepciones, la voz ha podido más que la escena.Il TrovatoreMúsica de Giuseppe Verdi. Libreto de Salvadore Cammarano (con aportaciones de Leone Emanuele Bardare), basado en la obra de teatro El trovador (1836) de Antonio García Gutiérrez.Artur Ruciński, barítono (El Conde de Luna); Marina Rebeka, soprano (Leonora); Ksenia Dudnikova, mezzosoprano (Azucena); Piotr Beczała, tenor (Manrico); Krzysztof Bączyk, bajo (Ferrando); Rocío Faus, soprano (Inés); Fabián Lara, tenor (Ruiz); Moisés Marín, tenor (Mensajero).Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.Director del coro: José Luis Basso.Dirección musical: Nicola Luisotti.Dirección de escena: Francisco Negrín.Teatro Real, 29 de junio. Hasta el 20 de julio.
El Teatro Real termina la temporada como empezó: grandes voces que compensan los desatinos escénicos
Los polacos Artur Ruciński y Piotr Beczała se imponen en una errática reposición de ‘Il trovatore’ de Verdi, con el montaje de Francisco Negrín y un irregular Nicola Luisotti en el foso











