Ahora que Alberto Núñez Feijóo ha vuelto a constatar, por enésima vez en esta legislatura, que el Gobierno no va a caer y que Pedro Sánchez no va a adelantar las elecciones por muchas causas judiciales que se abran a su alrededor ni por mucho que él se lo pida, el líder de la oposición se ha aventurado a jugar en un arriesgado terreno poniendo en jaque a nuestro sistema electoral. Siguiendo la estela de Vox, su único socio disponible, arremete estos días contra el censo electoral y las posibles maniobras del Gobierno para inflarlo, manipularlo y usarlo a su favor. Y por si no bastara, ha propuesto cambiar la ley para que los diputados se cuenten de otra manera y al que gane en votos se le adjudiquen unos cuantos más de premio. Mucha reforma para unas urnas tan cercanas. Y demasiada imprudencia ensuciando la solvencia de algo tan crucial para nuestra democracia como su sistema de elección política."Según el PP todo esto es una estrategia, urdida con previsora antelación por el avieso Sánchez para inflar el censo electoral en su propio beneficio ya que, supone Feijóo, aquellos nietos de exiliados votarían en masa al sanchismo"El perfume a pucherazo que Feijóo y los suyos han empezado a expandir se basa en una ley aprobada hace ya cuatro años, la llamada ‘Ley de nietos’, en realidad, una disposición adicional a la Ley de Memoria Democrática. Con ella se abría un periodo para que tanto los hijos como los nietos de exiliados españoles durante la dictadura franquista pudieran adquirir la nacionalidad española. El plazo concluyó en octubre del año pasado con más de dos millones de solicitudes presentadas de las que se han tramitado unas 500.000 y resuelto poco más de 300.000. Según el PP todo esto es una estrategia, urdida con previsora antelación por el avieso Sánchez, para inflar el censo electoral en su propio beneficio ya que, supone Feijóo, aquellos nietos de exiliados votarían en masa al sanchismo. "Como con los actuales votantes no le salen las cuentas, vamos a ver si fabricando votantes me salen" ha acusado al presidente el líder del PP.Los populares ya se opusieron en su día a esa disposición que abría las puertas de la nacionalidad española a la tercera generación de quienes tuvieron que huir del franquismo pero el Congreso la aprobó por una clara mayoría de 173 votos frente a 159. No sorprende, por tanto, volver a escucharles sus críticas de entonces pero sí eriza el pelo que vayan acompañadas de dudas sobre la limpieza del proceso y de cómo se están realizando los trámites en las embajadas."No sé si en Génova han calculado que semejante estrategia, aparte de la indiscriminada gasolina que lanza contra el sistema"Feijóo ha acusado de "ingeniería electoral" al Gobierno y la siempre incisiva Díaz Ayuso hasta ha lanzado una suerte de amenaza a cónsules y funcionarios diplomáticos advirtiéndoles de que quien otorga la nacionalidad a quien no le corresponde o no la merece, "estaría haciendo algo ilegal". "Estaremos atentos", les ha advertido, ¿Fabricar votantes, funcionarios de embajadas conchabados con una operación del Gobierno para inflar intencionadamente el censo? Acusaciones muy graves que no anticipan nada bueno para lo que nos queda de aquí a que se abran las urnas.No sé si en Génova han calculado que semejante estrategia, aparte de la indiscriminada gasolina que lanza contra el sistema, destila un cierto olor a derrota. Que, a la par de esta embestida, Feijóo proponga un plus de diputados para el partido más votado añade aún más dudas sobre la confianza del gallego en la amplitud de su anunciada victoria (aparte de un incentivo a los grupos minoritarios para alejarse aún más de un partido que pretende reducirles representación). Pese a todo, en el PP han optado por desfilar decididamente al paso de la ultraderecha. Cuestionar la limpieza del censo, la idoneidad del sistema de reparto de escaños y hasta la profesionalidad de los funcionarios es un daño irreparable a la arquitectura democrática que tanto nos costó levantar, pero asumible dentro del noble empeño de derrotar al pérfido Sánchez. Tanto despliegue de munición, sin embargo, podría esconder un doble anuncio: ¿pucherazo en las urnas o pucheros en Génova?