30 de junio, 2026 - 06h00En las oficinas, en las calles, en las cafeterías el tema de moda es el fútbol y la Selección. Que Enner se comió los goles, que otro hubiera sido el resultado si metíamos el gol, etc. Los tiempos del mundial de fútbol son especiales. Nos moríamos por clasificar al Mundial y lo logramos. Solo Argentina estaba arriba de nosotros. Amábamos al entrenador que hizo posible la clasificación: el rubio Sebastián Beccacece. Ahora está de moda despedazarlo por algún juego de la Selección, por los cambios equivocados, por los goles que se comen algunos futbolistas. Algunos periodistas deportivos parecen sujetos llenos de odio y resentimiento. La selección del Ecuador ha sido, es y será un referente de identidad. Nos une, nos despierta, nos hace estremecer, nos llena de vida. Los futbolistas de la Selección son pueblo, pueblo de verdad. Algunos (o muchos) de sus recuerdos son de pobreza y de carencias. Han llegado muy lejos, tienen fama, son referentes de los niños y de los jóvenes, el pueblo los ama, y varios de ellos ya son ricos monetariamente hablando. Son lo que muchos quisieran ser. Los que tienen mayor experiencia lo han dado todo a lo largo de los años, y debemos ser agradecidos. Fallar un gol no puede borrar el esfuerzo de tanto tiempo, la entrega, el amor a la camiseta, su trayectoria, su limpia vocación. En estos tiempos cualquier papanatas se cree un iluminado analista. Creo que deberíamos serenarnos y dejar de achacar a los futbolistas que han fallado goles, y dejar de achacar a diestra y siniestra al entrenador de Ecuador. ¿Ya nos olvidamos del “superentrenador” que tuvimos, cuyo único mérito era haber sido hijo de un gran futbolista europeo? No sé en qué administración se cometió la torpeza de contratarlo. Pero es un hecho histórico. El fiasco fue real. No tenemos nada que perdonar al entrenador de Ecuador. Lo ha dado todo, al igual que los futbolistas. No les hagamos el juego a algunos periodistas deportivos. Todos podemos criticar los partidos, los cambios, las estrategias. Eso es normal. Pero no hay por qué ensañarse con algunos futbolistas y su entrenador. Como cualquier ser humano, los futbolistas sufren, se amargan, se alegran, se deprimen, les crece la ansiedad, etc. Lo propio sucede con los entrenadores. Los ecuatorianos debemos ser agradecidos con la Selección. En general todos debemos ser gratos con la vida, buscar sanación espiritual si la necesitamos, luchar por nuestra salud mental, sanar los vínculos que hemos perdido. Esforcémonos por las grandes causas. Apoyemos todo lo que merece nuestro respaldo.El respeto y la valoración por lo que somos y lo que hacemos genera compromiso. El compromiso facilita la generación de resultados. Estos producen gratitud y más compromiso, energía positiva que se multiplica, etc. Vivamos y gestionemos nuestras vidas para alcanzar la felicidad. No seamos sufridores. Seamos gratos. Siguiendo a Louis Hay, hagamos afirmaciones para levantarnos. A la Selección y a su entrenador les vendría bien la siguiente afirmación para repetirla en estos tiempos: “Yo soy un ganador. Merezco la victoria. Arriba Ecuador”. (O)