30 de junio, 2026 - 06h30Fue en ese minuto, en el minuto 78, cuando el Ecuador tocó el cielo. En ese minuto del partido contra Alemania nuestro equipo, por obra del jugador Plata, derrotó nada menos que al mencionado tetracampeón mundial. Derrotamos a una de las mejores escuadras de fútbol, luego de haber sufrido una derrota y alcanzado un magro empate. Ese gol del minuto 78 hizo posible que pasemos a la siguiente ronda y, cualquiera que sea el resultado de esta noche contra México, el triunfo contra Alemania –que muy pocos lo creían posible– pasará a la historia como uno de nuestros momentos estelares. Será uno de esos raros episodios cuando los ecuatorianos nos unimos en una sola voz, mostrando una convicción de lo mucho que podemos alcanzar. El triunfo demuestra lo que se puede lograr cuando se actúa en unidad de propósito, cuando se trabaja de manera disciplinada, cuando todos en forma colectiva aportan lo mejor de cada uno, cuando cada uno cumple el rol que le es asignado y cuando se respetan las reglas del juego. Es decir, cuando se hace exactamente lo contrario a lo que hacemos a diario el resto de los ecuatorianos. Esa es probablemente la razón para el destello de júbilo que tuvimos los ecuatorianos ese minuto 78. Miramos en nuestra selección lo que no somos; vemos en el equipo lo que quisiéramos ser como nación. Todas las virtudes que llevaron a ese triunfo nos faltan como sociedad. Ya quisiéramos tener una nación disciplinada como la Selección; ya quisiéramos tener un Ecuador unido como nuestros jugadores; ya quisiéramos vivir en un país donde el poder se somete a la ley, y no al contrario, donde se puede confiar en nuestras instituciones. Ese grito a viva voz del “sí se puede” es una expresión de sana envidia que tenemos con respecto a nuestros compatriotas. Si la clase dirigente tuviese por un segundo las cualidades de nuestros jugadores, bien podríamos decir que “sí podemos” ser una nación unida, honesta, solidaria y disciplinada, que es capaz de fijarse objetivos y trabajar por ellos.Lamentablemente, esa no es nuestra realidad. Por eso, miramos en la Selección lo que probablemente soñamos ser algún día. Una nación que, según organismos internacionales, tiene un sistema judicial altamente corrupto, con instituciones contaminadas por el poder. Donde asesinan a una activista que venía denunciando graves infracciones, donde matan como si nada a una fiscal y a su hermana, donde dos menores de edad asesinan a un delincuente en un aeropuerto, donde se festeja con rancheras y desfiles el funeral de un mafioso, donde campea la cultura de la trampa, la ilegalidad y la violencia; en ese país, en definitiva, una selección de fútbol como la que derrotó a Alemania es un fenómeno totalmente inexplicable, algo venido de otro mundo. Una nación desordenada e indisciplinada, cuyas élites viven en burbujas que, a su vez, flotan dentro de otras burbujas; y que es tan ajena a los ecuatorianos de a pie, tan distante de sus tragedias diarias, tan ciega frente al abismo a donde vamos y tan complaciente con la mediocridad. Esa nación no es el espejo de nuestra selección. Ni viceversa. Cómo quisiéramos tener un país como el del minuto 78. (O)
Hernán Pérez Loose: Minuto 78 | Columnistas | Opinión
Lamentablemente, esa no es nuestra realidad. Por eso, miramos en la Selección lo que probablemente soñamos ser...












