Los cadáveres llegan en motos, en la parte de atrás de los coches o en la caja de las camionetas. Las víctimas de una catástrofe natural que golpeó hasta lo más profundo a un país ya de por sí frágil. “Ayer, toda la calle estaba abarrotada de gente que llegaba con familiares fallecidos”, dice la estudiante de psicología Camila Rodríguez, que está dando apoyo emocional a las familias afectadas en la morgue Bello Monte, en Caracas.
Al menos 1.719 personas perdieron la vida por los dos terremotos que sacudieron de manera consecutiva la costa caribeña de Venezuela el miércoles pasado, derribando cientos de edificios y dejando a decenas de miles de personas desaparecidas. Muchas de esas víctimas mortales terminaron en Bello Monte, así como los familiares que acuden allí con la esperanza de identificar a sus seres queridos.
Marjorie Cedeño es una de las personas que esperan fuera del edificio de color amarillo pastel. Perdió a su madre, a su padre y a su hermano en el peor terremoto sufrido por Venezuela en los últimos 125 años. Los tres murieron atrapados bajo los escombros cuando su edificio de cuatro plantas, Residencias Obelisco, se derrumbó en Los Palos Grandes, un barrio acomodado a los pies del Cerro El Ávila. A las 21.00 horas del viernes, Marjorie solo había logrado identificar a su hermano, José Ruiz, de 44 años, gracias a una foto que le mostró la policía forense. Bajo los escombros siguen sepultados su padre, Jacinto Ruiz, de 74, y su madre, Zoila Cedeño, de 72, que trabajaba como conserje del edificio.










