Imaginemos tres instituciones de educación superior con un desempeño de 100, 90 y 80. Al año siguiente, las tres progresan a 105, 95 y 96, respectivamente. “No es que la segunda no haya mejorado; es que la tercera ha avanzado más”, interpreta Joaquín Aldás, coautor del U-Ranking (listado nacional de universidades de la Fundación BBVA y el Ivie). El investigador defiende que esto es justo lo que está ocurriendo con el rendimiento del sistema español en las grandes clasificaciones internacionales. No obstante, valora cómo está aguantando el tipo frente al empuje chino o las grandes inversiones saudíes para atraer académicos —como premios Nobel— que puntúen directamente en los rankings. A esos envites se le suma la apuesta francesa por fusionar universidades, que de esta forma han incrementado su tamaño y colado a una de ellas —Paris-Saclay— entre las 15 primeras de un listado de referencia como Shanghái (ARWU).Hay países que están peleando muy fuerte por colocarse bien en el ARWU-Shanghái, el QS World University Rankings o el Times Higher Education (THE), considerados los más prestigiosos del mundo. No dejan de ser ordenaciones relativas; es decir, para que unos suban, otros han de bajar. Y las universidades españolas llevan un par de años de retroceso. En el THE 2019 había ocho (un 14% del total de las públicas) entre las 500 primeras, y 37 (un 70% de las públicas) entre las 1.000 primeras. En 2026, la cifra había bajado a cinco y 26, respectivamente, según la comparativa elaborada por Elías Sanz, profesor de la Carlos III de Madrid (UC3M), experto en la materia. A pesar de todo, el año pasado 61 universidades españolas públicas y privadas —más del 60% del total— se clasificaron en al menos uno de estos tres grandes listados (Shanghái, QS o THE), según refleja el informe Prisue 2025 del Servicio Español para la Internacionalización de la Educación (Sepie).“Al final, los rankings vienen a demostrar la solvencia y calidad media-alta del sistema universitario público”, subraya Sanz. Como bloque, sin grandes estrellas pero tampoco instituciones descolgadas. El experto considera que su desempeño es mucho mayor que el que a priori les correspondería según la financiación que reciben. En particular, el sistema investigador ha demostrado una enorme resiliencia, acota Aldás. “En la última década, la aportación de recursos públicos al Sistema Universitario Español ha sido inferior en un 21% a los valores medios de la OCDE y en un 26% a los valores medios de la UE”, denunciaba la presidenta de CRUE y rectora de la Universitat Jaume I, Eva Alcón, durante la presentación del último informe La Universidad Española en Cifras.Recursos necesariosEl rector de la Universidad de Barcelona (UB), Joan Guàrdia, responde con un rotundo “indiscutiblemente sí” cuando se le pregunta por la infrafinanciación como lastre para la reputación internacional. “Ni nuestros recursos ni la flexibilidad legislativa hacen fácil nuestras propuestas en la captación de talento procedente de otros países”, señala, solo como botón de muestra. La UB aparece sistemáticamente entre las 200 mejores universidades del mundo en los tres índices de referencia. Su rector los tilda de “termómetro de doble filo”. Por un lado, no se pueden ignorar, ya que son un factor clave para la visibilidad internacional, la captación de estudiantes y el prestigio social. Por el otro, “no podemos permitir que los rankings dicten nuestra política académica ni nuestra misión institucional”, asegura. En síntesis, los considera no un objetivo final sino una herramienta de diagnóstico externa.Ése es, en general, el modo de proceder de las universidades españolas respecto a estos listados, observa Aldás; tratan de mejorar en los distintos ítems que luego reflejan las clasificaciones: investigación, empleabilidad, reputación docente, perspectiva internacional, relación con la industria. “Así trabajan las instituciones serias”, remacha. Lo que no está reñido con acompañar esa labor de una infraestructura de apoyo y seguimiento. El propio Aldás impulsó el Observatorio de Rankings siendo vicerrector de Estrategia, Calidad y Tecnologías de la Información de la Universidad de Valencia (cargo que ocupó hasta el pasado abril). La Universidad Politécnica de Cataluña, la de Castilla-La Mancha o la de Granada cuentan con departamentos similares, generadores de información útil para los gestores. Y para sus estrategias de comunicación.La difusión es otro aspecto en el que la academia española ha mejorado desde 2015, cuando empezó a tener cierta presencia en este escaparate mundial profundamente competitivo. “En un sistema fundamentalmente público, sin competencia, comenzaron a generarse áreas donde sí era necesario competir, como los másteres o la internacionalización de la investigación; es el ecosistema propicio para los rankings”, contextualiza Aldás. Precisamente en 2015 Sanz coordinó una guía de buenas prácticas para la participación de las universidades españolas en las clasificaciones internacionales, publicada por el entonces Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.Algún debutanteA raíz del lanzamiento hace unas semanas del QS World University Rankings 2027, los departamentos de prensa universitarios dejaron titulares como estos: “La Universidad de Sevilla destaca por la Red Internacional de Investigación y la Reputación Académica”; “La UC3M se mantiene entre las mejores universidades del mundo”; “La Complutense, en el top 200 mundial, se afianza como la segunda mejor universidad de España y primera en la Comunidad de Madrid”; “La Universidad de Cádiz [UCA] debuta en una de las clasificaciones académicas más influyentes del mundo gracias al refuerzo de sus redes internacionales de investigación y sus políticas de sostenibilidad”. La UCA es una de las nueve universidades españolas debutantes en el ranking, que en esta edición ha escogido a los 1.500 mejores centros de todo el planeta. En total, España posiciona en este índice al 78% de los campus públicos y al 19% de los privados.Se calcula que en el mundo existen en torno a 20.000 universidades. En 2015, ARWU ordenaba a 500 y ahora ordena a 1.000. En ese mismo periodo de tiempo, THE ha pasado de 800 a 2.191 universidades clasificadas. A Aldás le parece bien esta progresiva ampliación, porque retrata de manera más realista el panorama universitario mundial. El reto consiste ahora en salir bien colocados en esta suerte de foto de grupo de la élite global que cada vez es más multitudinaria. “Cada vez es más importante no solo la mera presencia, sino el puesto que ocupen”, expresa Aldás. Elías Sanz cree que el sistema universitario español es potente y competitivo, y que solo necesita un empujón económico pero, sobre todo, político.Índices por materiasEl informe Prisue 2025 llama a las universidades a comprender las diferencias entre los distintos índices, para alinear sus estrategias con aquellos más acordes a su perfil. “Los rankings volumétricos, como el Shanghái-ARWU, o los globales, resultan más adecuados para grandes instituciones, mientras que los rankings por materias permiten reflejar mejor el desempeño de universidades con otras características”, aconsejaban los autores. Cuando en marzo se publicó el ranking internacional QS de 2026 por ramas de conocimiento y materias, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) sacó pecho. “Es la primera politécnica española clasificada y consolida su posición entre las mejores universidades del mundo en el área de Ingeniería y Tecnología”, comunicó.“Donde podemos, aportamos datos específicos; casi todos los índices generan información por materias”, explica Alberto Garrido, vicerrector de Estrategia Académica y Calidad de la UPM. Y cuando la universidad sale bien parada por supuesto difunden. “Miramos los rankings, acumulamos conocimiento y experiencia, reportamos los datos y tratamos de salir lo mejor posible”, concede Garrido, pero “no es una obsesión”, resalta. “La información es demasiado volátil y borrosa como para poder decir, ‘para subir un puesto tengo que hacer esto o lo otro”, agrega. “Nos alegramos, y divulgamos, pero sin ponernos metas de ranking”, concluye el vicerrector.