Un hombre con un gorro y una camiseta negra se acerca poco antes de las 21.00 a la entrada de un edificio residencial de la calle Révérend Père Louis Frolla, en Mónaco. Sin apenas detenerse, deja una mochila en el suelo y huye a pie en dirección al municipio vecino de Beausoleil, ya en la región francesa Alpes Marítimos. Al cabo de unos segundos, justo cuando dos adultos y un adolescente están a punto de entrar en la portería, la mochila, llena de tornillos y metralla, explota y provoca heridas graves en los adultos y leves en el menor. El padre de la familia era Vadim Ermolaev, un oligarca ucranio perseguido por las autoridades de su país. El hombre que depositó el paquete bomba sigue huido. El tranquilo principado se encuentra en estado de shock. El Gobierno y la Fiscalía de Mónaco, considerado como uno de los Estados más seguros del mundo, calificaron la noche del lunes la acción como un “atentado”. Pero no se conoce todavía el móvil del intento de asesinato. Parecía evidente, sin embargo, que Ermolaev era el objetivo de la explosión. El príncipe Alberto II denunció “un crimen atroz” y señaló en un comunicado que se trata de una conmoción para toda la comunidad monegasca, cuya estabilidad y extrama seguridad es uno de los principales reclamos para las grandes fortunas ahí instaladas. En Mónaco viven, según datos de 2018, 38.367 personas de 120 nacionalidades, de las cuales solo alrededor de 8.000 tienen un pasaporte de este Estado gracias al que gozan de exenciones fiscales. Mónaco es, en realidad, un gran negocio controlado por la familia Grimaldi, alérgica a este tipo de ruido.Los investigadores mantienen la prudencia respecto a los motivos del atentado, sin precedentes en el Principado de Mónaco. De hecho, hay que remontarse a 2004 —cuando una bomba explotó en el estadio Louis II— para encontrar un incidente similar.El oligarca ucranio, de 58 años, figuraba como la 39ª fortuna del país, según la revista Forbes. Ermolaev había obtenido la nacionalidad chipriota tras las disputas con el Gobierno de su país y era residente en Mónaco, pero también propietario de una gran villa en Saint-Jean-Cap-Ferrat y de otros bienes de lujo en la Costa Azul. El magnate, en el objetivo desde hace años del Gobierno de Kiev por sus opacos movimientos financieros, forma parte de los integrantes del llamado “Batallón de Mónaco”, una expresión utilizada irónicamente para designar a los 84 oligarcas y grandes fortunas ucranias instalados en la Costa Azul francesa y que estaban en el punto de mira de la Oficina Estatal de Investigaciones de Ucrania.Ermolaev, según la prensa ucrania, fue “el hombre que cambió el rostro de Dnipró”, ciudad al este del país de la que es originario. El empresario impulsó numerosos proyectos urbanísticos. Pero diversificó su empresa hacia la industria de materiales de construcción y acero, los servicios sanitarios con complejos odontológicos y el sector agroalimentario, llegando a controlar cerca de una veintena de negocios. Uno de ellos, en el centro de la polémica, estaba dedicado al sector vitivinícola. El empresario amasó una gran fortuna con la producción de vinos elaborados en Crimea, hasta convertirse en uno de los principales actores del mercado ucranio. El problema es que tras la anexión de Crimea por Rusia en 2014, varios medios acusaron al multimillonario de seguir comercializando sus productos en Rusia bajo la etiqueta de “vino de Crimea con indicación geográfica protegida”, mientras que los destinados a los mercados europeo y estadounidense eran presentados como procedentes de la Ucrania continental. Todo ello a pesar de que las uvas utilizadas en ambas líneas de producción procedían exactamente de los mismos viñedos. Una maniobra teóricamente destinada a eludir las sanciones impuestas a los productos originarios de la península anexada ilegalmente por Rusia. Las sospechas sobre sus actividades aumentaron. Las autoridades ucranias sostuvieron, entre otras cosas, que sus empresas contribuían mediante el pago de impuestos al presupuesto del Estado ruso. En 2019, según ha publicado Le Figaro, el empresario anunció que renunciaba a la ciudadanía ucrania. Pero las investigaciones se ampliaron y apuntaron a un posible blanqueo de capitales con destino a Rusia a través del banco estonio Versobank, del que Ermolaev era copropietario. Según el diario regional Nice-Matin, el 87% de los depósitos realizados en las ventanillas de Versobank procedían de clientes no residentes, una circunstancia que llamó la atención de la unidad especializada contra el blanqueo de capitales de la policía estonia. Más de 7.000 millones de euros habrían transitado por esa entidad bancaria antes de desaparecer hacia Europa Occidental.
Una bomba contra el oligarca ucranio Vadim Ermolaev sacude la apacible y segura Mónaco
Kiev busca a este magnate, uno de los tres heridos en la explosión, por supuesto blanqueo de capitales y financiación a Rusia










