El edificio residencial de gran altura construido por el Gobierno donde viv�a la novia de Alberto S�nchez se derrumb� en una masa de hormig�n y acero cuando dos terremotos dobles azotaron esta ciudad de la costa caribe�a la semana pasada. Pas� varios d�as excavando entre los escombros en busca de ella y su familia, y no encontr� a nadie."Hoy siento que ya no me quedan energ�as", dijo S�nchez el domingo, con el rostro cansado mientras se tomaba un descanso, sacudiendo el polvo de sus guantes y examinando los agujeros de sus zapatos deportivos.Casi 50.000 personas siguen desaparecidas, seg�n una plataforma en l�nea que rastrea a seres queridos perdidos, despu�s de que los terremotos del mi�rcoles arrasaran barrios enteros en la capital venezolana, Caracas, y en una serie de ciudades cercanas.Equipos de rescate internacionales y familias desesperadas se encuentran en una carrera contra el tiempo, removiendo escombros en un intento desesperado por encontrar a los �ltimos supervivientes. Las esperanzas de hallarlos con vida se desvanec�an r�pidamente, ya que las personas solo pueden sobrevivir un tiempo limitado atrapadas bajo los escombros sin agua y respirando un polvo asfixiante.El Gobierno venezolano inform� de que 1.719 personas hab�an muerto y m�s de 5.034 resultaron heridas, report�ndose los mayores da�os aqu�, en el estado de La Guaira, frente al Caribe, a una hora en autom�vil desde Caracas. El Gobierno afirma que la cifra aumentar�, y los modelos del Servicio Geol�gico de EE. UU. (USGS) estimaron que el n�mero probable de muertos alcanzar� los miles.A medida que pasaban las horas, los habitantes del lugar se mostraban cada vez m�s agitados ante una respuesta estatal que calificaron de inadecuada y desorganizada. A las tribulaciones se sumaron, seg�n algunos residentes, los esfuerzos del Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodr�guez, por restringir el acceso de los trabajadores voluntarios a las zonas del desastre, as� como la burocracia que retras� a param�dicos, bomberos y equipos de rescate extranjeros."Los esfuerzos de rescate han sido inexistentes", afirm� Janett Noriega, una jubilada que buscaba a seis familiares, entre ellos su cu�ada y sus sobrinas peque�as, quienes viv�an en uno de los varios complejos habitacionales de gran altura construidos por el gobierno cerca de la playa. "Es un caos total, sin ninguna planificaci�n".Noriega dijo estar indignada y con el coraz�n roto. Ella y su esposo han viajado en autom�vil todos los d�as desde Caracas hasta Caraballeda, que estuvo entre las zonas m�s afectadas. Noriega se�al� que no vio llegar a trabajadores de rescate ni maquinaria pesada sino hasta el fin de semana.El Gobierno no respondi� a las llamadas ni a los correos electr�nicos en los que se solicitaban comentarios.Negligencia en la construcci�nPara muchos residentes del proyecto de vivienda donde viv�an las familias de S�nchez y Noriega, una serie de edificios de 12 pisos llamados Vencedores del Caribe, la tragedia dej� al descubierto lo que la gente de aqu� denomina a�os de negligencia gubernamental y construcciones deficientes.D�cadas atr�s, Caraballeda era un pueblo costero muy querido por los venezolanos ricos y de clase media. Cerca de all� hab�a un club de golf, una marina para yates y hoteles gestionados por Sheraton y la cadena espa�ola Meli�. Las viviendas estatales se construyeron cerca de la playa Los Cocos, cuando el Gobierno izquierdista de Venezuela se apresur� a proporcionar apartamentos a los pobres como una forma de ganar votos."Yo sol�a decir que estos apartamentos son casas de juguete, hechas de anime (poliestireno expandido)", coment� Noriega.Pero no era un chiste. Los edificios se derrumbaron en montones, dejando al descubierto gruesas capas de anime que se hab�an utilizado como mortero entre las losas de hormig�n. Gran parte de la zona del desastre estaba cubierta de peque�as bolitas de espuma blanca. Algunos residentes indicaron que las paredes de sus edificios ya se estaban agrietando antes de los se�smos y que las cabillas (barras de refuerzo) estaban expuestas en algunas columnas, se�ales de lo que calificaron como una construcci�n de mala calidad.S�nchez se mud� con su novia, Osmary, a uno de los proyectos el a�o pasado y dijo que era bien sabido que los edificios estaban mal construidos. Sin embargo, los residentes sent�an que ten�an pocas opciones porque no pod�an permitirse nada mejor."Ya sab�amos que los edificios estaban mal hechos, pero �qu� opci�n ten�amos?", expres� S�nchez, un mototaxista de 37 a�os que viv�a en el noveno piso con Osmary.Sentado sobre una roca con la mirada perdida, S�nchez coment� que ha estado tratando de mantener la mente ocupada ayudando a personas de los edificios cercanos a excavar en busca de supervivientes. Pero no hab�a encontrado a nadie conocido."Lo perd� todo", lament� S�nchez.Una carrera contra el tiempoDurante el fin de semana, miles de soldados y polic�as venezolanos armados se desplegaron por los pueblos que bordean la costa turquesa del Caribe, comunidades que sirven de escapada para los residentes de la capital —conocidos como caraque�os— y que albergan a muchas familias de la clase trabajadora. No obstante, fueron los equipos de bomberos y rescatistas de Venezuela, Colombia, M�xico, Rep�blica Dominicana y EEUU quienes se arrastraron entre las losas de hormig�n en busca de supervivientes.El domingo, suplicaron a los transe�ntes y motociclistas que guardaran silencio mientras intentaban escuchar cualquier se�al de vida —un grito de auxilio, una tos o una respiraci�n profunda— de las personas bajo los escombros.Los rescatistas en un edificio encontraron el cuerpo sin vida de un ni�o de cuatro a�os. Envolvieron su peque�o cuerpo en una manta morada antes de trasladarlo a un veh�culo de la unidad de homicidios de la polic�a local, habilitado como furg�n forense.No fue f�cil para los rescatistas, y no solo por las condiciones en el terreno. El alcalde de Medell�n (Colombia), se�al� que los bomberos enviados desde su ciudad fueron retenidos durante horas por las autoridades aeroportuarias de Venezuela. Una unidad de voluntarios espa�oles declar� que se iba a disolver tras haber esperado dos d�as en un aeropuerto de Espa�a la acreditaci�n de las autoridades venezolanas."La �nica maquinaria que ha llegado fue tra�da por las familias de las personas que est�n atrapadas all� abajo", denunci� Karen March�n, de 37 a�os, quien buscaba a su madre, Cecilia Guti�rrez, en Caraballeda.Jennifer Fajardo, de 42 a�os, quien gestiona las operaciones de seguridad en una universidad de Caracas, se sec� las l�grimas del rostro mientras se tomaba un descanso de remover escombros en busca de sus hijas gemelas de 19 a�os y sus dos nietas; todas compart�an un apartamento en un edificio que se desplom�. Con las l�neas el�ctricas y telef�nicas ca�das desde los sismos, Fajardo explic� que no hab�a podido comunicarse con sus familiares y que, en su lugar, se apresur� a ir al sitio."No he dormido. Voy corriendo de hospital en hospital, a las morgues para ver si est�n all�, pero nada", relat� Fajardo. "Solo quiero que aparezcan mis hijas".El domingo temprano, Fajardo recibi� una se�al de esperanza cuando el perro de la familia, Yogi, conocido por los vecinos por correr de arriba abajo por las escaleras, sali� de un agujero entre los escombros, aparentemente ileso. Desde entonces, ha permanecido al borde de la propiedad chillando y llorando."Pienso que si el perro sali� vivo, alguna de ellas tambi�n tiene que estar viva", manifest� Fajardo, mientras Yogi se sentaba a su lado gimiendo. "Est� bien, mi amor —dijo Fajardo, acarici�ndole la cabeza—. Las vamos a encontrar".No muy lejos de all�, Jhoana Pacheco, de 47 a�os, y m�s de 20 familiares segu�an en la labor el domingo, buscando a su t�a, Yveth Arguinzones, de 61 a�os, y al esposo de �sta, Alexis Gonz�lez, de 63, quienes continuaban desaparecidos tras el colapso del complejo habitacional Los Cocos.Algunos buscaron en hospitales. Otros fueron a los refugios. Los miembros de la familia tambi�n se encontraban en el edificio."Mis dos t�os fueron all� a ayudar, pero no era mucho lo que pod�an hacer porque lo �nico que ten�an eran dos mandarrias (mazos)", relat�. "No hab�a nada m�s —ni una palanca ni un pico— para romper el hormig�n".Familias como la suya no piensan en otra cosa que no sea sacar a los supervivientes de lo que queda de los edificios. Tambi�n saben que, tarde o temprano, su misi�n pasar� a ser la recuperaci�n de los fallecidos."Solo quieren sacar a los que est�n sepultados bajo los escombros", afirm�. "Al menos encontrar los cuerpos, solo para tener una respuesta".Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del ingl�s por V. Hdez.