EditorialSi distintas instituciones de funciones desiguales proyectan prácticamente la misma imagen, el monopolio de la PNC para el uso de la fuerza comienza a hacerse difuso o puede prestarse a abusos de agentes ajenos.

Un autopatrulla negro con letras amarillas llega a la zona donde ocurre un incidente en Tiquisate, Escuintla. Descienden de este agentes vestidos de traje comando oscuro. Parece una unidad de la Policía Nacional Civil (PNC) y efectivos de esta entidad, pero en realidad son de la policía municipal local. Tal mímesis podría parecer irrelevante, pero en realidad entraña una confusión de funciones, puesto que las potestades legales de los agentes ediles están muy por debajo de la institución nacional. ¿Qué interés puede haber en usar una imagen que proyecte poder coercitivo? Pero esta no es la única comuna que practica este juego de apariencias.

En materia de seguridad pública, la confianza comienza por saber exactamente qué autoridad atiende un asunto, sea una denuncia o un hecho delictivo: la mayoría de los ciudadanos desconoce la diferencia de atribuciones de una policía municipal y cuáles son exclusivas de la PNC. Pero si las primeras emplean uniformes parecidos, insignias parecidas, vehículos parecidos, podrían dar la impresión de que tienen atribuciones similares.