Hace casi un milenio, en el siglo XII, la ciudad de Tollan Xicocotitlan estaba lejos de su época de esplendor –ocurrida entre los años 900 y 1100 d.C.–, no obstante, alrededor de esta se asentaron numerosos grupos que, mediante su arquitectura, enseres cotidianos, prácticas rituales e, incluso, sus cuerpos, buscaban mostrarse como herederos de aquella grandeza menguante.
Así lo prueba el hallazgo de los restos de un edificio, el cual habría ocupado 40 por 80 metros de superficie, cuyo decorado incluía representaciones de chalchihuites (cuentas de piedra verde asociadas con el poder y la riqueza), y dos lápidas que habrían sido desprendidas de la Pirámide B, hogar de los icónicos atlantes de la Zona Arqueológica de Tula (ZAT), en Hidalgo.
La llamada Estructura II fue localizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que, desde mayo de 2026, ejecutan el salvamento arqueológico que acompaña a la construcción de una planta de tratamiento de aguas en la colonia 16 de Enero, en el municipio de Tula de Allende.
La certeza sobre el origen del par de relieves se basa en su iconografía: en uno, aparece la representación del dios Tlahuizcalpantecuhtli –advocación de Quetzalcóatl–; y en el otro, la de un felino, misma que también decora la Pirámide B.










