Lucas de la Cal ShanghaiActualizado Martes,

junio

07:13Desde el �tico de lujo con vistas a Central Park donde retransmit�a sus incendiarios discursos contra Pek�n, Guo Wengui repet�a una promesa casi mesi�nica a sus seguidores: "He venido a Estados Unidos para destruir al Partido Comunista Chino". Durante a�os, cientos de miles de chinos dentro y fuera de EEUU creyeron que aquel magnate exiliado, rodeado de guardaespaldas, coches de lujo y banderas de una hipot�tica "Nueva China Federal" -un proyecto pol�tico impulsado junto a Steve Bannon que propon�a derrocar al PCCh y sustituirlo por un nuevo Estado democr�tico-, representaba la mayor amenaza pol�tica para el r�gimen de Xi Jinping.El lunes, todo ese relato termin� desplom�ndose en un tribunal de Manhattan. La juez Analisa Torres conden� a Guo a 30 a�os de prisi�n por una macroestafa de dimensiones colosales. El hombre que dec�a luchar por liberar a China utiliz� dinero de quienes so�aban con esa misma libertad para financiar una vida de excesos.Para Pek�n, el multimillonario Guo (56 a�os), tambi�n conocido como Miles Guo o Miles Kwok, siempre fue un delincuente com�n convertido en pr�fugo. Pero para buena parte de la oposici�n china en el exilio se trataba de un denunciante valiente que se atrevi� a se�alar p�blicamente la corrupci�n de las m�s altas esferas del r�gimen. Al final, para la Fiscal�a estadounidense termin� siendo un estafador que levant� un imperio financiero sobre la fe pol�tica de sus seguidores.Su ascenso comenz� mucho antes de convertirse en disidente. Nacido en una familia humilde de la provincia de Shandong, encontr� en el boom inmobiliario chino el trampol�n perfecto para enriquecerse. Durante las d�cadas de expansi�n econ�mica construy� una fortuna gracias a grandes operaciones urban�sticas en Pek�n, especialmente alrededor de los Juegos Ol�mpicos de 2008. Su proyecto m�s emblem�tico fue el complejo Pangu Plaza, junto al Estadio Nacional, popularmente conocido como el "Nido de P�jaro". Pero en la China de aquellos a�os ning�n gran empresario prosperaba sin cultivar estrechas relaciones con el aparato del Partido.Guo fue uno de los empresarios mejor conectados con el poder. Su nombre apareci� vinculado a dirigentes de enorme influencia, entre ellos Ma Jian, antiguo viceministro de Seguridad del Estado, posteriormente condenado por corrupci�n. Durante a�os utiliz� esas relaciones para ampliar un imperio que lleg� a situarlo entre los hombres m�s ricos del pa�s. Al final, esa proximidad al poder terminar�a convirti�ndose tambi�n en su mayor vulnerabilidad.Cuando Xi Jinping lanz� su gigantesca campa�a anticorrupci�n al llegar al poder en 2012, muchos de sus aliados pol�ticos comenzaron a caer. Guo abandon� China un par de a�os despu�s sabiendo que pod�a ser el siguiente. Pek�n emiti� �rdenes de b�squeda por delitos de soborno, fraude, secuestro y violaci�n, acusaciones que �l siempre calific� de falsas. El pr�fugo se instal� primero en Londres y despu�s en Nueva York, donde reinvent� completamente su personaje como disidente.Desde EEUU inici� una incesante campa�a de retransmisiones en internet en las que aseguraba conocer los secretos mejor guardados de la �lite comunista. Acus� a altos dirigentes de corrupci�n, habl� de luchas internas en el PCCh y convirti� cada emisi�n en un acontecimiento seguido por millones de chinos. Muchas de sus revelaciones nunca se verificaron de forma independiente, pero alimentaron su imagen de influyente disidente.Su creciente protagonismo le abri� las puertas del ala m�s dura del Partido Republicano. Encontr� un aliado decisivo en Steve Bannon, antiguo estratega de Donald Trump, con quien fund� organizaciones y plataformas medi�ticas destinadas, seg�n proclamaban, a acelerar la ca�da del PCCh.Ambos lanzaron el llamado "Nuevo Estado Federal de China", y promovieron canales medi�ticos que mezclaban activismo pol�tico, campa�as de desinformaci�n y recaudaci�n de fondos. Guo tambi�n ingres� en el exclusivo club Mar-a-Lago de Trump y se convirti� en un personaje habitual dentro del ecosistema conservador estadounidense m�s hostil hacia Pek�n.La pandemia elev� todav�a m�s su notoriedad. Difundi� teor�as de la conspiraci�n sobre el origen del coronavirus, impuls� campa�as antivacunas y lleg� a anunciar uno de los proyectos m�s extravagantes de toda su carrera: una supuesta subasta de "millones de espermatozoides no vacunados". Seg�n proclamaba, el semen de hombres inmunizados solo de forma natural se convertir�a en "el pr�ximo bitcoin".Mientras Guo alimentaba esa imagen de l�der revolucionario, los fiscales estadounidenses descubrieron que dirig�a una maquinaria de fraude perfectamente organizada. Entre 2018 y 2023 convenci� a cientos de miles de seguidores para invertir m�s de 1.000 millones de d�lares en distintas empresas bajo su control. Promet�a rentabilidades extraordinarias y aseguraba que el dinero servir�a para combatir al r�gimen chino. En realidad, gran parte termin� financiando un estilo de vida reservado para multimillonarios.La lista de gastos presentada durante el juicio parec�a un cat�logo del exceso: una mansi�n de m�s de 5.000 metros cuadrados, un yate valorado en 37 millones de d�lares -el mismo en el que fue detenido Steve Bannon en otro procedimiento judicial-, un Ferrari de 3,5 millones, un Bugatti fabricado a medida por 4,4 millones, muebles de lujo, televisores de decenas de miles de d�lares y colchones cuyo precio superaba el salario anual de muchas de sus v�ctimas.La juez Torres ha sido especialmente dura al dictar sentencia. Record� que Guo hab�a explotado precisamente a personas que deseaban una China m�s libre y democr�tica, muchas de ellas migrantes que depositaron en �l los ahorros de toda una vida. Las cartas remitidas por las v�ctimas describen cientos de familias arruinadas.Su ca�da deja ahora una lecci�n inc�moda para los seguidores de la confrontaci�n entre Washington y Pek�n, que ha convertido en ocasiones a determinados disidentes en s�mbolos antes de verificar cuidadosamente qui�nes eran realmente. Guo supo aprovechar ese clima de tensi�n y construy� un personaje capaz de seducir simult�neamente a exiliados chinos desesperados por un cambio pol�tico y a sectores del trumpismo convencidos de que cualquier enemigo del PCCh merec�a apoyo.