Hace casi siete meses que Nicolás Maduro está encerrado en una cárcel de Nueva York. Su esposa también tiene esa misma residencia obligatoria, pero no dejan que se vean. Ahí llegó el mandatario venezolano después de que el pasado enero, siendo presidente de Venezuela, los Navy Seal le secuestraran en su hogar de Caracas y lo trasladaran a Estados Unidos para afrontar cargos como jefe del narcoterrorismo.En aquel momento, para la administración del presidente estadounidense Donald Trump, Maduro era uno de los integrantes del “eje del mal”. No solo metía toneladas de drogas en EE.UU., cuestión que nunca se ha demostrado con pruebas, sino que su régimen también era culpable, con la misma carencia de evidencias, de enviar a asesinos como inmigrantes indocumentados para sembrar el terror en al tierra prometida.Nadie duda de que la reacción de Trump y su ejecutivo, en especial su secretario de Estado, Marco Rubio, habría sido muy diferente en la tragedia que vive el país sudamericano, con más de 1.700 muertos tras un doble seísmo, si Maduro aún mandara. Por eso la Casa Blanca, a ojos del mundo, se la juega con su asistencia a una nación que dejó de ser paría para convertirse en su protectorado y del que empieza a sacar mucho rédito con su explotación petrolífera.Sobre Trump recae la sospecha de haber forjado aquella operación solo por la codicia energética, y más cuando no ha habido cambió de régimen. A Maduro le sustituyó su mano derecha, Delcy Rodríguez, que ha aceptado estar bajo la tutela de Washington.Los dos terremotos que sacudieron Venezuela la pasada semana constituyen una prueba para la nueva etapa del poder estadounidense en el hemisferio occidental, mientras la administración Trump se apresura a organizar una respuesta eficaz al desastre en un territorio que hoy considera un aliado en América Latina.Solo hay que ver la reacción estadounidense ante la idea de Corina Machado, la jefa de la oposición en el exilo desacreditada por Trump por mucho que tuviera el gesto de regalarle su Nobel de la Paz. Le han avisado de dejarle sin ningún tipo de protección si cumple con su anuncio de regresar a Venezuela.Como muestra de esta nueva etapa de relaciones con Rodríguez, al Gobierno de EE.UU. le ha sentado muy mal esa iniciativa de Machado, por lo que podría de ser de disrupción en un momento en que todo debería estar enfocado en el rescate y no en la promoción política. Remarcaron que este es el momento de estrechar lazos, no de tensarlos.Así que Estados Unidos está movilizando lo que el secretario Rubio calificó como una respuesta “amplia, rápida y eficaz. Esto implica a todo el Gobierno”, según dijo el jefe de la diplomacia estadounidense.El Departamento de Estado ha enviado tres equipos especializados de búsqueda y rescate urbano y ha comprometido un fondo de asistencia de 150 millones de dólares, una cifra que, sostuvieron los expertos, es la mayor que ha visto aprobarse en las primeras 24 horas tras un incidente de este tipo.El Equipo de Respuesta para la Asistencia en Desastres (DART) que se ha desplegado en Venezuela está integrado por más de 250 personas, informó en un comunicado el Departamento de Estado.Pero se trata de una misión de alto riesgo para EE.UU. Trump desmanteló la Agencia para el Desarrollo Internacional y transfirió la asistencia en casos de desastre al Departamento de Estado, un proceso que ha supuesto el despido de miles de trabajadores dedicados a la ayuda humanitaria.“Ya estamos desplegando equipos de búsqueda y rescate del condado de Fairfax, en Virginia, y de Los Ángeles”, replicó Rubio a los periodistas escasas horas después de conocerse la noticia. “Se sumarán algunos más. En este momento, su necesidad más urgente es reforzar las labores de búsqueda y rescate”, recalcó.Esas declaraciones de Rubio trataban respaldar el mensaje del presidente en su red social en el que comprometió la ayuda de EE.UU. “Nuestro país preparado, dispuesto y en condiciones de ayudar”, proclamó.Trump quiso transmitir la idea de que, para su gobierno, los intereses en Venezuela van más allá del petróleo, pese a las reiteradas afirmaciones de que EE.UU. tiene derecho a quedarse con el recurso más valioso de Venezuela.A pesar de esas buenas intenciones, el mandatario estadounidense no ha cesado en sus discursos, como el pronunciado el pasado viernes, en subrayar que el gran interés por Venezuela es su oro negro. “Fue una guerra de un solo día; los golpeamos con tanta fuerza que fue una guerra de un día. Ahora nos hemos hecho con millones de barriles de petróleo y hemos pagado la guerra muchas veces”, afirmó sobre el asalto al hogar de Maduro y su secuestro. ¿Solidaridad?, antes el negocio. Esa parece la filosofía.