Ahí está, otra vez, Orlando Gill. El arquero de San Lorenzo de un metro noventa y nueve que este mes cumplió 26 años, tiene cara de póker, se estira como una hamaca paraguaya y, al contrario de lo que su porte indica, prefiere la comodidad de atajar bajo los tres palos que aventurarse a salir a cortar centros raros por ahí.El arco es su casa.Al de San Lorenzo llegó para jugar en reserva. Después, por esas cosas del fútbol -un arquero titular que se va, un suplente que se equivoca demasiado y una oportunidad inesperada que se abre como un truco de magia-, el arco de la Primera se amansa para él. Alterna buenas actuaciones con otras más discretas -los arqueros, como los mejores vinos, necesitan un tiempo extra de maduración comparados con sus compañeros de campo- y llega, el 10 de mayo pasado, a un todo o nada en el Monumental.Su San Lorenzo, como su Paraguay ahora, va de punto. River es el favorito, como ahora Alemania.San Lorenzo lo va ganando -como ahora Paraguay- y River se lo empata. Todo termina en penales.Aquella tarde aciaga en Núñez, Orlando Gill ataja y San Lorenzo tiene -otra vez, igual que Paraguay ahora- dos matchpoint seguidos. Los compañeros de Orlando erran, los de River convierten y se salvan de quedar eliminados una vez, otra vez y al final lo ganan. Gill se va triste.Algo de eso debió pasar por la cabeza del joven arquero este lunes en Boston. ¿Otra vez la maldición?Gill ataja el primer penal de los alemanes, otro adversario erra el cuarto y Paraguay queda, igual que San Lorenzo en el Monumental, dos penales arriba. Pero el primero de sus compañeros erra el suyo y los alemanes convierten.Sigue la ventaja. Pero de nuevo el compañero de Gill erra y los alemanes igualan la serie.¿Será posible?Los grupos de WhatsApp de los hinchas de San Lorenzo arden en la noche fría de Buenos Aires. Laten por otra atajada de Gill. Una más, vamos, ahora sí. Orlando, querido, Boedo está contigo.Gill va sobre su izquierda, pero el alemán Tah le erra al arco. Lo gritan con las entrañas en Asunción y cierran los puños los cuervos en Boedo.José Canale, defensor de Lanús, convierte el suyo para Paraguay y transforma la frustración del Monumental en la leyenda de Boston.El Mundial es también la fuerza de los hinchas de los clubes que festejan los triunfos de "sus" jugadores en otras selecciones. Y si Estudiantes sufre con los errores de su Muslera en Uruguay, San Lorenzo goza con la tarde de héroe de su arquerito paraguayo.En ese subsuelo de la conciencia colectiva de los hinchas, una revancha rara, pero una forma de revancha al fin.El fútbol es, además de todo, un viaje de la oscuridad a la luz en 50 días.