Luego de señalar, a principios de este mes, que no se empujaría nuevamente la inclusión del artículo que busca establecer una excepción al derecho de autor para fines de inteligencia artificial, en entrevista dada al medio Tele13 Radio el pasado jueves, el ministro Quiroz nos sorprendió afirmando que el Ejecutivo sí va a promover un tercer intento de incorporación de la norma ya dos veces ampliamente rechazada en discusiones previas del proyecto de Ley de Reconstrucción. La insistencia -según sus dichos- se justificaría en que el mundo está cambiando y habría “destrucción creativa”. Industrias que eran muy positivas hace 30 años, ya no lo serían y Chile podría jugar un rol en algunas partes de la cadena. Todo, en pos de una supuesta mayor recaudación. ¿Qué hay detrás de estas ideas? Un intento de justificación que no había estado presente en las ocasiones anteriores y que necesita ser analizado y debatido. La “destrucción creativa” es un concepto acuñado por Joseph Schumpeter (1890-1950) economista nacido en el imperio Austrohúngaro, ministro de Hacienda de Austria por un breve período, conforme al cual -muy en corto- la innovación tiene la capacidad de reemplazar ciertas industrias por otras más eficientes, impulsando el crecimiento económico. Esta idea, ha servido para explicar, por ejemplo, el paso de la fotografía analógica a la digital o del cine al streaming, para situarnos dentro del mundo cultural. Como primera cosa, resulta conveniente destacar que la teoría de Shumpeter no resulta aplicable en el análisis de procedencia-conveniencia de la inclusión de la excepción en cuestión, porque dicho autor entendió el fenómeno de imposición de un sector frente a otro, como una consecuencia de la capacidad del primero de construir mayor valor a causa del impulso innovador, de crecimiento, o de búsqueda inherente a nuestra condición humana pero jamás invitó, en aras de la innovación, al sacrificio, por vía de la regulación normativa -o sea por ley-, de una industria supuestamente “no rentable” para fomentar otra. En esa línea, debemos recordar que la normativa de propiedad intelectual e industrial ha sido un elemento fundamental, y probado, para transformar el esfuerzo en valor y movilizar la economía. Desde ahí resulta dicotómico pensar que su restricción sea la única vía actual para la generación de oportunidades. Por otra parte, la premisa por verificar de que una industria creativa pierda relevancia económica -que, vale la pena aclararlo, en el caso de la norma que el Ejecutivo busca promulgar, equivaldría a asumir como “destruidas creativamente” a todo el universo de obras protegidas por el derecho de autor, dígase literarias, cinematográficas, plásticas, fotográficas, softwares, por nombrar algunas- no significa que el Estado pueda reducir, sin más, la protección de los derechos que el ordenamiento le reconoce -vulnerando de paso principios como la igualdad ante la Ley- por un criterio economicista que, más encima, es absolutamente incierto. Por el contrario, abrir la compuerta para que las obras intelectuales puedan ser explotadas por sistemas de entrenamiento de inteligencia artificial sin los controles, sin medidas de transparencia, sin compensación y sin mecanismos necesarios para proteger a los seres humanos detrás de la creación, no puede ser una decisión fundada únicamente en razones de eficiencia económica sino que debe ponderarse en base a la justicia, la responsabilidad y el análisis de los efectos sobre a quienes quiere imponerse soportar los costos de ese progreso. La magnitud del asunto -como lo han reconocido desde el papa León XIV, varias legislaciones del mundo y hasta los propios creadores de distintos sistemas de IA- reviste componentes filosóficos, antropológicos, sociológicos y éticos que no han sido analizados y requiere de una deliberación pública y profunda en la que participen todos los afectados en condiciones de igualdad. Como aclaración final: las industrias creativas y culturales no han dejado de ser valiosas, no están destruidas y la economía del conocimiento no puede prescindir de la creación intelectual humana, cuidémosla como siempre hemos hecho y estamos llamados a hacerlo.