Luis Pérez-Breva (Barcelona, 1975) da clases en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde fundó y dirige el MIT Innovation Teams, una iniciativa que tiene como objetivo aplicar los avances en tecnología de vanguardia que se crean en ese prestigioso instituto para resolver problemas del mundo real. Pérez-Breva presentó hace unos días un artículo en la nueva revista Apunts, de la Escuela Aula, de la que es ex alumno.Beneficio“Quien no traduzca sus avances tecnológicos en un impacto social, se quedará atrás”¿Por qué el desarrollo de la tecnología no es igual en Estados Unidos que en Europa?Aquí en Europa, en general, e incluso en Boston también, se ha copiado una especie de modelo de Silicon Valley, o lo que la gente cree que funciona en Silicon Valley, y ha acabado siendo una mala copia.Explíquese.En Silicon Valley, durante los últimos 30 años, se ha puesto de moda una forma de pensar y de hacer las cosas, y se ha exportado a todo el mundo. Se dice que el verdadero motor de la innovación es el capital riesgo. Se habla de exploración empresarial, de productos mínimos viables y de muchas cosas por el estilo. Pero no fue así como Silicon Valley se hizo famoso. Lo hizo con Apple, con Sun Microsystems... Un ecosistema que funcione sin problemas, tienen que seguir dando a sus talentos la oportunidad de salir adelante.¿Cuál es la vía entonces?En esencia, lo que hace Silicon Valley es copiar a Europa, donde hay una tradición centenaria de lo que se llama mecenazgo, por la que se da dinero a una serie de personas a las que se les ha detectado cierto talento, ya sean las matemáticas o las artes.¿Cree usted en el concepto de soberanía tecnológica?Llevo 30 años trabajando en lo que ahora se llama soberanía tecnológica. Se trata de ser dueño de todo el proceso, desde que alguien inventa algo, hasta que esa cosa tiene un impacto social, societal y monetario.¿Nos falta impulso aquí?En Barcelona la gente también tiene mucho empuje. De hecho, una de las primeras revoluciones industriales tuvo lugar aquí, cerca de Barcelona, así que hay un impulso y un deseo de hacer las cosas, están ahí. Quien no tome sus avances tecnológicos y los traduzca en un impacto social adecuado y positivo, se quedará atrás.Empresarios y técnicos hablan mucho de una burbuja de la IA ¿cuál es su diagnóstico?Las empresas que se suban al carro de la IA y la adopten más ampliamente se darán cuenta de que, en algún momento, no podrán hacer las cosas que solían hacer, porque no está diseñadas para las cosas que la gente puede hacer.¿Dejamos nuestras tareas cognitivas en manos de la IA?No me gusta prohibir cosas ni imponerlas a los estudiantes. Prefiero darles libertad dentro de ciertos parámetros. Lo que les digo es que no quiero hablar con ChatGPT. Ellos saben que eso les restará puntos automáticamente. Si tienen que usar la IA, lo primero es verificar la información y dar la fuente real.Parece que está en contra.No. Estoy a favor. Si estás tomando apuntes en clase, tu cerebro está realizando una coordinación espectacular. Y lo sincroniza todo. Si eliminas las posibilidades de recordar cosas, al final es más difícil. Les pido a los alumnos que tomen apuntes en papel, que no traigan ordenadores, porque no quiero ver a tanta gente mirándolos fijamente como locos.¿No se quejan?Se quejan. Como hay una especie de adicción a los dispositivos, les pido que, si tienen un problema, si realmente necesitan buscar algo en su dispositivo, no pasa nada, pero que se levanten, salgan de clase y vuelvan después, como si fueran al baño. Sé que yo puedo aguantar dos horas, así que estoy seguro de que ellos también.¿Cómo les convence?Les digo que la clase conmigo ese día es algo que solo va a pasar ese día. Y lo mismo en las reuniones. En la empresa que fundamos hace unos años, en las reuniones no se puede tener el teléfono. No se puede tener nada. Si hay alguien con el ordenador abierto tomando notas, puede irse a casa, ya no lo necesitamos, porque, de lo contrario, la calidad de la interacción humana disminuye.Educación natural.La gente piensa que la tecnología sustituye a los humanos, o que, en cierto modo, la tecnología les hace la vida más desagradable. Y, en realidad, cada nueva tecnología ofrece una forma de explicar un problema que hasta ahora no sabíamos cómo resolver, y que ahora podemos. Así que lo que proponemos a la gente y a los estudiantes es precisamente esto: no abandonéis el elemento humano.¿Erramos en el enfoque?En lugar de fijar el objetivo en esta eficiencia humana, estamos fijando el objetivo en la máquina. Esto no encaja en Europa, porque aquí hay un interés en crear riqueza, pero que sea tan social como monetaria. El enfoque tan llamado “salvaje” no es necesario. De eso es un poco de lo que hablo en mi artículo para Aula.¿Cómo llevarlo a la práctica?Estamos poniendo en marcha un proyecto empresarial, en Estados Unidos para plasmar mis ideas sobre cómo llevar la tecnología al mundo, que sería una empresa que crea empresas pero que, al mismo tiempo, hace que las tecnologías sean más accesibles, de modo que más personas con ideas puedan llevar a cabo sus propios proyectos sin tener que pasar por ese ritual casi de culto de las startups, el fondo semilla, la ronda A, la ronda B, la ronda C, que no es cómo triunfó Apple.¿Propone cambiar eso aquí?Hay algo que hice en Estados Unidos que, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que es copiar un modelo que funciona muy bien aquí: cómo ayudar a la gente a estar a la vanguardia. Y eso es explicar cosas como La Masía del Barça o El Bulli, como algo en lo que quizá no hayamos pensado.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1996. Ha cubierto las áreas de Política, Deportes y Comunicación. Especializado en tecnología. Autor del libro 'Bicicletas para la mente' (Península)
Pérez-Breva, profesor en el MIT: “Si el estudiante tiene que buscar algo en un dispositivo, que salga de clase”
El director del MIT Innovation Teams y CEO de s1 Industries PBC propone cómo integrar la tecnología en la enseñanza sin distorsionar la tarea docente








