Fermín lleva toda la vida buscando a su abuelo José Ferreras, asesinado el 10 de agosto de 1936 en Villoslada de Cameros junto a otros cuatro trabajadores de los pantanos de la zona. Esta última semana de junio de 2026 vio como, por fin, la tierra se abría para buscar sus restos en una de las primeras exhumaciones que se realizan en La Rioja en las últimas dos décadas. Sin embargo, los trabajos no han logrado localizar los cuerpos de estas víctimas en el primer intento. A pesar del revés y de los obstáculos puestos por un técnico municipal, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), promotora de la intervención, asegura que no va a rendirse y que continuará rastreando el terreno hasta encontrar a los cinco represaliados.
La guía fundamental para lograrlo es, además del empeño de los familiares, una cruz de hormigón levantada en el cementerio de San Cayo en homenaje a Ramón Sánchez, una de las cinco víctimas. La colocaron en su día su padre y sus hermanos y allí sigue, marcando el punto exacto donde las actas de defunción sitúan los enterramientos. “Cuando la familia de José Ferreras empezó a investigar el caso y llegó a Villoslada, descubrió que esa cruz recordaba a uno de los chicos que mataron junto a su abuelo”, explica Marco González, responsable de la ARMH, quien lamenta profundamente que el sobrino de Ramón falleciera el pasado mes de enero sin haber podido encontrar a su tío.






