Todos los partidos franceses tienen marcada esta fecha en rojo en el calendario: el 7 de julio. Ese día se conocerá la sentencia del Tribunal de Apelación de París sobre el caso de los falsos asistentes en el Parlamento Europeo de la ultraderechista Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés). De ese fallo dependen las pocas opciones de Marine Le Pen, actualmente inhabilitada hasta 2030 debido al veredicto en primera instancia por esa trama de malversación de fondos públicos, de presentarse a las elecciones presidenciales del 2027. La Fiscalía pidió en febrero que la condenen de nuevo a cuatro años de prisión y mantengan los cinco de inhabilitación. Pocos creen en Francia que Le Pen saldrá indemne. Solo una sentencia absolutoria —algo poco probable teniendo en cuenta los argumentos y pruebas expuestos durante el juicio— o una inhabilitación de un máximo de dos años permitiría presentarse a la histórica líder de la derecha radical. Resultaría, sin duda, una sorpresa y un escenario inverosímil de cara a un fallo que supondrá de facto el inicio de la campaña. El candidato más probable de los lepenistas para los comicios de la primavera del año que viene será su actual número dos, el eurodiputado Jordan Bardella, de 30 años. Los sondeos, que deben cogerse con pinzas, le pronostican una intención de voto de más del 30% para la primera vuelta y opciones de ganar en la segunda. La extrema derecha francesa lleva preparando este escenario desde el 31 de marzo del año pasado, cuando la inhabilitación a efectos inmediatos de Le Pen cogió desprevenido al RN. Desde entonces, los lepenistas se preparan ante la posibilidad de que su líder se vea obligada a renunciar a su cuarta candidatura —ya se presentó en 2012, 2017 y 2022— y pase su relevo a su joven y ambicioso delfín. Imitando el modelo del tándem estadounidense, esta formación ultra lleva años presumiendo del binomio compuesto por Le Pen y Bardella. Pero a medida que se acerca el día de la sentencia y la posible operación de traspaso de poder, no han parado de crecer las discrepancias entre sus dos principales dirigentes. Estas discrepancias resultarían algo relativamente banal en otros partidos, pero son menos habituales en las filas lepenistas. Desde la fundación en 1972 del Frente Nacional —rebautizado en 2018 como Agrupación Nacional— por el padre Jean-Marie Le Pen, esta formación se caracterizó por su modelo vertical, regido con mano de hierro y con un fuerte componente familiar. Pocos números dos se atrevieron a contestar la decisión del Le Pen padre o de la hija, que lleva las riendas desde 2011. Y cuando lo hicieron en público, terminaron siendo purgados, como le sucedió a Bruno Mégret a finales de los noventa o al euroescéptico Florian Philippot en 2017. Debate sobre la reducción de la edad de jubilación Coincidiendo con el probable intercambio de roles, el joven eurodiputado ha empezado a marcar sus distancias respecto a la estrategia nacional-populista que llevó a la líder de RN a la segunda vuelta de las presidenciales de 2017 y 2022. "Desde hace tiempo hay dos líneas dentro del partido, que se distinguen tanto en política económica como internacional. Mientras que Le Pen apuesta por el intervencionismo del Estado en cosas puntuales, como evitar el cierre de una fábrica, a Bardella se lo ve más cómodo con un lenguaje a favor de las empresas y con promesas de desregulación de la economía", explica a El Confidencial el politólogo Jean-Yves Camus, codirector del Observatorio de las Radicalidades Políticas. En concreto, el número dos ha cuestionado la línea de Marine sobre un tema especialmente sensible en el país vecino: las pensiones. El RN defiende desde 2022 que la edad mínima de jubilación sea de 62 años y 60 para aquellos que hayan trabajado de manera ininterrumpida desde la mayoría de edad. Además, propone reducir a 42 (en lugar de los 43 actuales) los años necesarios de cotización para recibir una pensión completa. Su propuesta busca contentar a una parte de los franceses que se opusieron en 2023 a una reforma muy impopular, que aumentó de 62 a 64 la edad mínima para jubilarse. TE PUEDE INTERESAR Bardella, sin embargo, ha puesto en duda la conveniencia de esa medida, que molesta a la patronal. "Lo estamos examinando", respondió a mediados de mayo cuando en una entrevista para el diario alemán Frankfurter Allgemeine le preguntaron qué pensaba sobre un aumento de la edad de jubilación. Pocas semanas después, en el plató de la cadena francesa LCI puso en duda que hiciera falta la disminución de la edad legal defendida por su partido: "La edad mínima para jubilarse no quiere decir gran cosa". "Para que el sistema sea más comprensible y justo, debemos focalizarnos en los años cotizados. (…) Presentaremos un nuevo sistema y una reforma en ese sentido", prometió entonces. Esas declaraciones molestaron especialmente al entorno de Marine. "Solo renunciaremos a nuestra reforma si nos demuestran que es inviable económicamente", dijo el alcalde de Perpiñán, Louis Aliot, que fue durante años la pareja sentimental de la tres veces candidata en unas presidenciales y cuya relación con Bardella no resulta demasiado fluida. Además, la actual líder corrigió a su número dos. "Sí, por supuesto, que hay una edad legal", afirmó a mediados de junio, subrayando la relevancia que le da a su propuesta de bajar de 64 a 62 la edad mínima para retirarse de la vida laboral. Incipiente guerra de clanes Además de sus visiones divergentes sobre las pensiones, Le Pen y Bardella se han contradicho respecto a otros asuntos relevantes. Tras las elecciones municipales de marzo, ella había defendido la decisión de algunos nuevos alcaldes lepenistas de quitar la bandera europea, una polémica que el eurodiputado hubiera preferido evitar. También se había posicionado a finales de abril a favor de la creación de un impuesto especial sobre Total, una de las grandes energéticas francesas que han sacado tajada del aumento del precio del petróleo. Pero el eurodiputado dijo que "no es una prioridad". Incluso discreparon sobre la necesidad de exigir la dimisión del ministro de Justicia, Gérald Darmanin, tras el escándalo provocado por el secuestro mortal de una niña por un pederasta reincidente. TE PUEDE INTERESAR Estos rifirrafes, cada vez más recurrentes, se han visto alimentados por una incipiente guerra de clanes, que refleja diferencias estratégicas, pero también las clásicas luchas de poder. Dirigentes del entorno de Le Pen no dudan en criticar la voluntad de Bardella de marcar perfil propio y adoptar una línea más liberal en lo económico y cercana a las posiciones de la OTAN en política internacional. "Respecto a la Alianza Atlántica y la guerra de Ucrania, la posición del número dos de RN se parece a la de Giorgia Meloni, mientras que Marine se mantiene fiel a su línea tradicional", más soberanista y con tintes prorrusos, recuerda Camus. "La gente se acabará preguntando si finalmente no somos como los otros partidos", criticaba un diputado lepenista en declaraciones a Le Monde. Estos reproches se acentuaron en los últimos meses después de que Bardella multiplicara sus guiños hacia las élites económicas. Participó en abril en una mediática comida con los principales dirigentes del Medef, el equivalente francés de la CEOE que históricamente se había negado a reunirse con Le Pen. Además, contribuyó a publicitar su romance con la aristócrata italiana María Carolina de las Dos Sicilias —con vínculos familiares con los reyes de España—. Una relación confirmada públicamente por la revista del corazón Paris Match, propiedad de Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia. "Sobreestima la fidelidad de las clases populares" "Bardella quizás cometió un error al mostrarse como un dirigente que mantiene buenas relaciones con el Medef. Me parece normal que hable con la patronal, pero al presentarse como un dirigente que retomará su programa, corre el riesgo de que los votantes lo perciban como un candidato con unas propuestas más liberales que las del Gobierno actual", advierte Camus. Eso no parece una ventaja teniendo en cuenta la impopularidad del presidente, Emmanuel Macron, y del primer ministro, Sébastien Lecornu, a causa de su política de recortes. TE PUEDE INTERESAR Según este experto en la extrema derecha, "el problema del RN consiste en que aspira a ganar gracias a la suma de su electorado tradicional —mayoritariamente popular— junto con nuevos votantes con un mayor nivel de estudios, de renta o de más edad", que en los anteriores comicios se decantaron por los partidos afines a Macron o la derecha tradicional de Los Republicanos. No se trata de una estrategia sencilla. Lo que puede ganar por un lado lo puede perder por otro. "Creo que Bardella está sobreestimando la fidelidad de las clases populares hacia su formación y corre el riesgo de perder una parte del voto obrero. Esta situación puede beneficiar a Jean-Luc Mélenchon", opina el sociólogo Manuel Cervera-Marzal, profesor en la Universidad de Lieja, refiriéndose al candidato de la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos) que ha tenido un buen arranque de campaña. Con su objetivo de dejar de dar miedo, el RN corre el riesgo de convertirse en un partido como cualquier otro. Y eso también puede ser un obstáculo en una Francia marcada por una profunda desafección política.
Francia calienta motores para las elecciones, pero la primera guerra es dentro de la propia ultraderecha
Crecen las discrepancias entre Marine Le Pen y su número dos, Jordan Bardella. ¿Acercarse a las élites o mantener la línea populista?








