EditorialLos ama�os para beneficiarle que siguieron a los elogios de S�nchez al empresario aragon�s proyectan la sombra de una sospecha inaceptable en una democracia sanaPedro S�nchez, en el Comit� Federal del PSOE.Actualizado Domingo,
junio
23:16Audio generado con IAEL RENOVADO cierre de filas del Comit� Federal del PSOE para respaldar a Pedro S�nchez ha coincidido con nuevas revelaciones de la UCO que refuerzan las sospechas sobre la influencia que habr�a ejercido la recomendaci�n de la esposa del presidente en la adjudicaci�n de tres contratos de la sociedad p�blica Red.es por 11 millones a Carlos Barrab�s, el amigo que hab�a dotado de contenido su m�ster.La informaci�n que hoy publica EL MUNDO revela una secuencia que habla por s� sola. El 22 de enero de 2021, el propio S�nchez elogi� en un acto p�blico, de manera gratuita, a Barrab�s, al que present� como �un ejemplo�. Cinco d�as despu�s, el empresario envi� un mail al alto cargo que valoraba las ofertas para invocar ese respaldo presidencial; en el mismo correo, subrayaba que ten�a �varios pliegos pendientes de resoluci�n�, en lo que no puede interpretarse sino como el ejercicio de una presi�n. Pues bien: en las semanas siguientes, los t�cnicos de Red.es se quejaron de todo tipo de manipulaciones para que las adjudicaciones acabaran precisamente en manos de Barrab�s.Si ya era extra�o y llamativo que el presidente del Gobierno diera ese apoyo a un empresario que concurre a adjudicaciones del Estado, los ama�os que le siguieron para beneficiarle proyectan la sombra de una sospecha inaceptable en una democracia sana. Hay preguntas inevitables: �por qu� S�nchez dio ese aval p�blico al amigo recomendado por su esposa? �Cu�nto tuvo que ver en las indicaciones que recibieron los funcionarios para dar un trato de favor a Barrab�s? La informaci�n sit�a ahora en S�nchez la c�spide de la cadena de influencia que capitaliz� el empresario.El Comit� Federal del PSOE ratific� el s�bado que el socialismo espa�ol ha dejado de ser un espacio de debate para convertirse en un instrumento al servicio de la supervivencia pol�tica de S�nchez. Lejos de aprovechar la reuni�n del m�ximo �rgano del partido entre congresos para ofrecer una explicaci�n convincente sobre los esc�ndalos que cercan a su Gobierno, el presidente volvi� a refugiarse en un relato que niega cualquier responsabilidad pol�tica, reduce la corrupci�n a comportamientos individuales y presenta toda discrepancia interna como una anomal�a que conviene neutralizar.En ese sentido resulta revelador el tratamiento dispensado a quienes expresan una posici�n propia dentro del PSOE. Tanto el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano Garc�a-Page, como la alcaldesa de Palencia, Miriam Andr�s, advirtieron del da�o que la corrupci�n causa a las siglas. La respuesta de S�nchez fue descalificar la disidencia enmarc�ndola en una �corriente minoritaria�. El PSOE ofrece la imagen de una organizaci�n subordinada a la voluntad de un l�der que desprecia la cr�tica como deslealtad. Una deriva que debilita a la formaci�n y empobrece la calidad democr�tica de nuestro pa�s.







