La definición del Grupo J, en la trasnoche del sábado, en unos años posiblemente termine siendo una serie de Netflix, y Argentina tendrá un papel de reparto. Mientras la Scaloneta jugaba contra Jordania en Dallas y Messi ponía el 3-1 de tiro libre, con todo decidido; en Kansas City se disputó un partido cuyos últimos minutos van a quedar en la historia de los Mundiales.En el cierre de la fase de grupos, Argelia y Austria salieron a la cancha sabiendo qué resultados les convenían para avanzar a 16avos de final, situación que volvió a dejar al descubierto una grieta del reglamento de la FIFA, todavía más agudas en un torneo con 48 selecciones: el que ganaba, pasaba; pero el empate les convenía a los dos porque dejaba a los austríacos segundos (para enfrentar a España), y metía a los argelinos como uno de los mejores terceros (para chocar con Suiza). Eso sí, en caso de que alguno perdiera, se volvía a casa y el clasificado era Irán. En otro contexto, un empate clavado, pero acá estaba el morbo de lo que pasó en el Mundial de España 1982, cuando Austria "arregló" un partido con Alemania que eliminó a los africanos. Ese episodio lamentable se recuerda como "La vergüenza de Gijón" y obligó a que, en los siguientes Mundiales, los partidos de la última fecha de cada grupo se jueguen a la misma hora.Cuarenta y cuatro años después volvieron los fantasmas, y Argelia pareció debatirse entre el rencor y la conveniencia, y el final fue absurdo, o una verdadera locura, en palabras de los propios protagonistas. Vale la pena buscarlo y verlo completo. Después de la pausa de hidratación del segundo tiempo, a partir del minuto 70, con el marcador 2-2, jugaron a recrear el meme de Los Simpsons, tocando hacia los costados en forma burda, casi amateur. En números, Argelia sumó más de 700 pases y Austria apenas pasó los 300. Los europeos ni corrían para proteger su campo, y algunos aprovechaban para elongar, como en un fulbito de amigos. "Austria no quiere saber nada", repetía el relator de la TV, haciendo un esfuerzo para no quedarse dormido. En Argentina era la una de la mañana, pero hacia oriente los implicados lo padecían más avanzada la madrugada.Argelia tocaba y tocaba, y Vladimir Petkovic, el DT de los africanos, se pasaba los dedos por los labios y les pedía a sus jugadores que sonrieran. Era todo insólito. En las tribunas, la gente silbaba, otros abucheaban y la mayoría iba encarando la salida. "El final del partido es imposible de relatar", se cansó el muchacho de la TV, justo cuando la árbitro mexicana Katia García mostraba el cartel que adicionaba cuatro minutos. Y de repente explotó todo.En el minuto 92 y medio, Riyad Mahrez picó por derecha y puso el 3-2 con una definición digna de sus tiempos en el Manchester City. Petkovic levantó los brazos, los hinchas argelinos festejaron con bronca y los austríacos se miraban sorprendidos, como si alguien les estuviera robando algo. Fue como un reflejo condicionado que llevaba casi medio siglo dormido. Y duró eso porque la cara de Mahrez pasó a la pesadumbre después de que un compañero le susurró algo al oído. ¿Le habrá recordado que con ese resultado jugaban contra España? Es algo que algún día se animarán a contar.Le visage de Mahrez rayonnait lorsqu'il a marqué le but de la victoire dans le temps additionnel. Tout change lorsque ses coéquipiers lui ont annoncé que grâce à ce but, ils allaient affronter l'Espagne.L'Autriche a ensuite égalisé deux minutes plus tard.#الجزائر_النمسا pic.twitter.com/axjvU5ATWy— Driss M@zid♥️🇲🇦❤️🇩🇴❤️ (@dmazid) June 28, 2026